Historia
CLAUDIO DE TURÍN († c. 832)
Escribió comentarios en la forma de catenæ sobre Génesis (811), Éxodo (821) y Levítico (825); también sobre Mateo (815), Gálatas (816) y Efesios (817). A petición del abad Teodomiro, escribió una obra sobre los libros de Reyes, que es principalmente una compilación de Agustín, Isidoro, Beda y Rabán. Algunas expresiones le hicieron sospechoso de nestorianismo, llevando Teodomiro su comentario sobre 1 Corintios ante los obispos y dignatarios para que lo juzgaran. Claudio escribió una defensa, de la cual existía una copia en el monasterio de Bobbio en 1461, pero se ha perdido y sólo se conoce por extractos de Dungalo y Jonás. Provocó un rechazo por su actitud hacia la veneración de imágenes, que entre el pueblo semi-civilizado de su diócesis incrementaba la idolatría. Aceptó las ideas de Agustín sobre la predestinación, pero evitó la parte de su enseñanza en la que presenta a la Iglesia como medio de comunicación entre Dios y el hombre. Estuvo en desacuerdo con el creciente honor dado al obispo de Roma y no estimuló las peregrinaciones a esa ciudad. Negó que Pedro recibiera poder para atar y desatar y habló de un doble primado entre los apóstoles, uno dado a Pedro por la misión judía y otro dado a Pablo por la misión a los paganos. Esas y otras expresiones, junto con el hecho de que no sólo quitó las imágenes sino también las cruces de sus iglesias, provocó la sospecha en su contra, escribiéndole Teodomiro y avisándole de que se decía que había fundado una nueva secta contra regidam fidei catholicæ. No hay evidencia de que fuera el verdadero fundador de los valdenses, aunque se le puede contar entre los precursores de la Reforma.