Historia
CLÉMANGES, NICOLÁS POILLEVILLAIN (c. 1367-1437)
Nicolás Poillevillain Clémanges (Clamanges) nació en Clamanges cerca de Châlons-sur-Marne, Francia, hacia 1357 y murió en París en 1437. Como Gerson, su maestro, fue educado en el colegio de Navarra en París, donde, por sus estudios en los clásicos, obtuvo un grado de excelencia en retórica que sus contemporáneos consideraron casi ciceroniano. Sin embargo, la influencia de la literatura antigua se mostró sólo en su estilo, al ser su interés en la vida enteramente eclesiástico y teológico. A edad temprana entró en el terreno de la política eclesiástica, dedicándose con gran seriedad a la promoción del movimiento para sanar el Cisma de Occidente. En 1397 era secretario papal de Benedicto XIII. En 1405 lo acompañó en su viaje a Génova, permaneciendo allí una vez que Benedicto regresó a Aviñón en el otoño del año siguiente. Sin embargo, no hubo separación formal y cuando Benedicto en 1408 amenazó a la casa real de Francia con la excomunión, el odio suscitado recayó sobre Nicolás, el supuesto autor de la odiosa bula. Parcialmente por temor a posibles represalias y parcialmente en obediencia a un deseo largamente acariciado, abandonó su canonjía en Langres y se retiró a un claustro cisterciense, primero en Valprofonds y luego en Fontaine-du-bosc. Allí se entregó al estudio de la Biblia, que, según dijo, había abandonado. Aparte de cartas dirigidas a amigos tales como Gerson y D'Ailly, compuso un número de tratados sobre los errores y corrupciones que vio en la Iglesia de su tiempo. De fructu eremi y De fructu rerum adversarium tratan con la benéfica influencia que la soledad y la desgracia pueden ejercer en la vida interior. En De novis festivitatibus non instituendis protesta contra la dañina multiplicación de las festividades y en De studio theologico ensalza la vida del sacerdote activo sobre la del estudiante. En su Oratio ad Galliarum Principes (c. 1411) rogó por un cese de la lucha civil que estaba socavando la vida de Francia. Se entregó con determinación al movimiento que culminó en el concilio de Constanza, describiendo con poder y sentimiento el degenerado estado de la Iglesia en De ruina ecclesiæ o De corrupto ecclesiæ statu (1401). Su autoría de esta obra ha sido negada por algunos. Le desagradó la acción del concilio de Constanza al decretar la destitución de los tres papas rivales, creyendo que el reconocimiento de Benedicto habría traído armonía a la Iglesia. Le fue mejor que a su amigo Gerson al retener el favor del hombre que mandaba en Francia. Se alineó con Felipe de Borgoña contra el Delfín y cuando en 1425 parecía que su reconciliación estaba cercana, regresó a su anterior ocupación como maestro de retórica y teología en el colegio de Navarra. Tiene un elevado lugar en la historia del renacimiento francés y como precursor de la "reforma humanista." Sus ideales eclesiásticos, que el cerebro de Wycliffe convirtió en principios revolucionarios, le permitieron al erudito humanista seguir siendo un fiel hijo de la Iglesia.