Clemente IV (Guido Le Gros) fue papa entre los años 1265 y 1268. Nació en Saint-Gilles, Languedoc, y murió en Viterbo el 29 de noviembre de 1268.
Clemente IVEra de una noble familia provenzal, estudiando derecho y practicándolo con distinción en la corte de Luis IX. A la muerte de su esposa recibió la tonsura, progresando rápidamente en su carrera eclesiástica. En 1256 o 1257 era obispo de Puy, arzobispo de Narbonne en 1259 y cardenal en 1262. Tras cuatro meses de interregnum los cardenales franceses le eligieron papa el 5 de febrero de 1265. En el trastornado estado en el que se hallaba Italia sólo pudo aproximarse a Roma con gran precaución, llegando a Perugia a través de las ciudades gibelinas, disfrazado de frailemendicante. Allí tuvo su corte por algún tiempo y principalmente en Viterbo, después de abril de 1266. La principal cuestión de su pontificado fue la de Sicilia, en la que siguió la política de Inocencio IV en oposición a la casa de Hohenstaufen. El 26 de febrero de 1265 invistió a Carlos de Anjou con el reino, en devolución al favor por ciertos pagos monetarios y una promesa de abolir las instituciones de Federico II en tanto afectaban a la Iglesia. Sin embargo, pronto se indispuso con Carlos, pensando en negociar con Manfredo. Pero las noticias de la muerte de éste en la batalla de Benevento el 26 de febrero de 1266 le hicieron enemistarse aún más con Carlos, por su sed de sangre y avaricia. No obstante, fue obligado por las dificultades de su posición y la política tradicional de la curia a mantener su alianza con él. Cuando el joven Conradino se presentó en Italia, Clemente le excomulgó tras avisos que aquel despreció, permaneciendo impertérrito incluso tras la brillante victoria de Conradino en el Amo, que fue pronto oscurecida por la fatal derrota de Tagliacozzo. Que Clemente contribuyera o aprobara la ejecución de Conradino es improbable. Carlos de Anjou continuó su carrera más fuerte que nunca y Clemente se quedó con el temor de que los Hohenstaufen serían los únicos en presentar batalla a la Iglesia. Pero tras unos meses, tras la desaparición del último de ellos, murió con reputación de gobernante justo y noble.