Historia

CLEMENTE VII (1478-1534)

Clemente VII (Giulio de Médicis) fue papa entre los años 1523 y 1534. Nació en Florencia el 26 de mayo de 1478 y murió en Roma el 25 de septiembre de 1534.

Clemente VII
Clemente VII
Política hacia Francia y Alemania.
Era hijo ilegítimo de Giuliano de Médicis, que fue asesinado en la conspiración de los Pazzi. Se unió a los caballeros de San Juan y fue prior de Capua, cuando su primo ascendió al trono papal como León X. Al obtener de él una dispensa del impedimento de ilegitimidad y después una declaración de que no era ilegítimo, ya que sus padres se habían casado secretamente, pudo acceder al arzobispado de Florencia y al cardenalato, ocupando una posición de gran influencia en Roma. El 18 de noviembre de 1523 fue elegido sucesor de Adriano VI, en un cónclave en el que hubo 33 electores, unos del partido del emperador y otros del francés, pero los del primero estaban divididos. Pompeo Colonna se atrajo la enemistad del futuro papa por haberse opuesto a su candidatura y el cardenal Alejandro Farnesio ofreció en vano a los embajadores de ambas facciones 200.000 ducados. Era el nuevo papa respetado y rico, sobrio y de puras costumbres. Había gobernado bien a Roma en tiempo de León X y como arzobispo de Florencia, supo hacer feliz uso de su autoridad. Era cauto, económico, pero no avaro; sin ser autor, era admirador ferviente de las artes y la ciencia; amante de los edificios grandiosos, según dejó demostrado en su villa Madama y libre del desdichado defecto de su primo León de gustar de la compañía de indignos bufones. No cazaba, pero era aficionadísimo a la buena música instrumental y le agradaba solazarse en la mesa con la conversación de hombres de ciencia. Pero al ser elegido su posición era extremadamente difícil, por los conflictos entre el imperio y Francia, que él alimentó, a fin de extender los dominios temporales del papado y el poder de su familia. Carlos V esperaba de él que continuara la alianza de su predecesor con el imperio, pero en vez de eso asumió una posición neutral y luego entró en alianza con Francisco I. Tras la batalla de Pavía (24 de febrero de 1525) se vio obligado a agradar al emperador, haciendo alianza con él. El poder de Carlos parecía tan amenazante sobre Italia que Clemente se unió a la Liga compuesta por Francia, Venecia, Florencia y Milán el 22 de mayo de 1526. Tras un intercambio de comunicados diplomáticos en los que Carlos expuso sus pensamientos claramente y apeló a un concilio general, las hostilidades estallaron en el verano de ese año. La Liga acabó en un súbito y humillante final y el 6 de mayo de 1527 Roma fue tomada y saqueada por los lansquenetes alemanes, bajo el condestable de Borbón. El poder temporal del papado estuvo al borde de la aniquilación, pero Carlos no quiso llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias y en noviembre, bajo la promesa de neutralidad de Clemente, le devolvió la libertad y sus posesiones. Entonces procuró restaurar a su familia el domino de Florencia, que había obtenido en la paz de Barcelona el 29 de junio de 1529. El 24 de febrero de 1530 coronó a Carlos en Bolonia, besando el emperador sus pies como era costumbre, pero era solamente un gesto ceremonial, ya que su poder real sobre Italia fue mayor que el de sus predecesores.
Clemente VII y Carlos V tras su reconciliación en Bolonia
Clemente VII y Carlos V tras su reconciliación en Bolonia
Sucesos en Alemania.
Clemente al menos esperaba que su autoridad fuera reconocida en Alemania por el poder imperial. Pero ni él ni la curia entendían la situación, como se demostró en la acción del legado Campeggio en la dieta de Nuremberg (1524) que fue totalmente ineficaz, no teniendo tampoco mucho éxito la Liga de Regensburgo el mismo año, que desembocó en la organización formal del partido protestante en el imperio. Tras el tratado de Barcelona y el de Cambrai (5 de agosto de 1529), parecía que el papa y el emperador trabajarían juntos para desarraigar el protestantismo; pero cuando Campeggio apareció en la dieta de Augsburgo en 1530 para proponer la confiscación, el fuego, la espada y la Inquisición, Carlos no se inclinó a secundarlo sino tras mucha investigación, renovando su solicitud de un concilio que sería convocado antes de seis meses y celebrado antes de dieciocho. Clemente no se atrevió abiertamente a rechazar la propuesta, pero puso toda clase de obstáculos para que no se celebrara. El tiempo pasó y nada se hacía al respecto, incluso tras una entrevista personal con Carlos en Bolonia, mientras que su simpatía se inclinaba cada vez más hacia Francisco I. Incluso la sobrina de Clemente, Catalina, fue propuesta como esposa al segundo hijo de Francisco, Enrique, a mediados de 1531, consumándose la unión el 27 de octubre de 1533, sellándose así una alianza que se resolvió tras dos encuentros entre el papa y el rey en Marsella. Francisco hizo todo lo que pudo contra la idea de un concilio, creciendo cada vez más la animosidad del papa hacia el mismo por la nueva alianza. Para ser justos hay que admitir que no tenía sentido para él convocar un concilio como los protestantes querían, ya que tal convocatoria que él podía haber aprobado no habría hecho ningún bien. El concilio era realmente un medio con el que Carlos quería subyugar al papa y de paso que le sirviera para sus propios planes eclesiásticos y políticos. En marzo de 1534 dejó sin efecto la declaración de nulidad del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, formulada por Thomas Cranmer. El papa amenazó al rey con la excomunión si no reconocía la validez y legitimidad del matrimonio, pero el rey contestó separándose con Inglaterra de la obediencia a Roma. Poco antes de que ocurriera este suceso, los artículos de la Liga de Esmalcalda habían puesto de manifiesto la deserción de gran parte del sur de Alemania de las filas del catolicismo para pasarse a las de la Reforma.

Su política infructuosa e inútil.
El peor reproche que se le puede hacer a la política de Clemente es su total inutilidad y carácter puramente negativo. Durante su pontificado las nuevas doctrinas hicieron grandes avances en Alemania, Escandinavia y Suiza, además de adquirir considerable poder en Francia e Inglaterra, amenazando también a Italia y España. La política de Clemente estaba pensada para fortalecerse a sí mismo y a su familia en su poder temporal, ayudando en realidad a sus enemigos eclesiásticos. La pérdida de Inglaterra fue consecuencia de su política. Además de todo ello, la insistencia continua de Carlos sobre un concilio, la discordia de sus parientes florentinos y el fracaso general de sus planes hicieron presa en Clemente de tal modo que apresuraron su final, dejando el papado, a causa de su gobierno, notablemente más débil en su poder temporal y espiritual. Hasta en su postrer acto dejó el papa, próximo a bajar al sepulcro, una impresión de dolor amargo. El día 23 de septiembre de 1534, escribió al emperador, no para recomendarle el bienestar, la prosperidad de la Iglesia ni de Italia, sino para que sostuviera el gobierno de los Médicis en Florencia y para confiarle la protección de sus dos queridos sobrinos, el cardenal Hipólito y Alejandro, a los cuales instituía como herederos.