Historia

COCHLAEUS, JOHANNES (1479-1552)

Johannes Cochlaeus (Dobneck, Wendelstinus) nació en Wendelstein, Franconia media, el 10 de enero de 1479 y murió en Breslau el 10 de enero de 1552.

Johannes Cochlaeus
Johannes Cochlaeus
Era hijo de un campesino y comenzó sus estudios comparativamente tarde. Primero estudió en Nuremberg, donde Heinrich Grieninger, un humanista, era profesor de poética. En 1504 ingresó en la universidad de Colonia, donde el conde Hermann von Neuenar, Ulrich von Hutten y otros humanistas fueron sus asociados. También fue íntimo amigo de Carl von Miltitz, que posteriormente sería chambelán papal. Desde 1510 a 1515 enseñó en San Sebaldo en Nuremberg, editando varios manuales que fueron muy estimados. Durante los años 1515 a 1519 viajó por Italia como tutor de tres sobrinos de Wilibald Pirkheimer. La laxitud moral y la falta de celo religioso confirmaron su desagrado con los asuntos italianos y romanos. Aunque se sintió repelido por la teología escolástica estudió con gran celo la Biblia, Orígenes, Crisóstomo y Agustín, doctorándose en 1517 en teología en Ferrara. En Roma fue consagrado sacerdote y nombrado diácono de la iglesia de Nuestra Señora en Francfort sobre el Main. A su regreso a Alemania se posicionó del lado de Lutero, pero para retener las buenas relaciones con la corte episcopal de Maguncia y con Girolamo Aleandro de Worms, quien le propuso la tarea de oponerse a Lutero, cambió de bando, usando su pluma desde entonces para la causa de Roma.

Controversia con Lutero.
Su ambición era encontrarse con Lutero en una disputación pública, logrando con la ayuda de Aleandro entrar en negociaciones privadas con Lutero. Sus ataques polémicos e invectivas fueron tan exagerados que incluso los católicos desaprobaron sus acciones. Aunque sin amigos ni dinero, nunca se cansó de encontrar maneras de oponerse a Lutero. Incluso recomendó la supresión de la universidad de Wittenberg. En 1521 ofreció sus servicios al papa, pero nadie le hizo caso en Roma. No fue hasta 1522 que apareció su primer tratado contra Lutero, De gratia sacramentorum liber unus Joannis Cochlæi adversus assertionem M. Lutheri (Estrasburgo). Lutero le contestó con su Adversus armatum virum Cocleum, que fue contestado por Cochlaeus Adversus cucullatum minotaurum Wittenbergensem... De sacrorum gratia, iterum (1523).

Decepciones de su vida posterior.
En el otoño de 1523 fue a Roma al no sentirse seguro en Francfort, pero volvió a principios de 1524. Mientras tanto sus protectores y amigos se habían unido al partido opositor. Cochlaeus acompañó a Campeggio, el nuncio papal, a la convención de Regensburgo como intérprete y miembro de la comisión que discutió la reforma del clero. Su posición en Francfort se hizo insostenible, teniendo que huir a Colonia en 1525, recibiendo una canonjía en 1526 en San Víctor en Maguncia. Asistió a la dieta de Spira en 1526, aunque su esperanza de tener una disputa con Lutero no pudo verla realizada. Aunque Lutero le ignoró tras replicar a su primer tratado, Cochlaeus fue infatigable escribiendo tratados polémicos contra él y la Reforma. Tras la muerte de Jerónimo Emser en 1528, fue a Dresden como consejero y ayudante del duque de Sajonia en su contienda literaria con Lutero. Acompañó al duque a la dieta de Augsburgo, siendo uno de los teólogos católicos nombrados para refutar la Confesión de Augsburgo. Sus ataques encontraron poco favor entre los romanistas, por lo que Johann Eck se convirtió en el principal autor de la Confutatio. La esperanza de Cochlaeus de recibir apoyo financiero de Roma fue ilusoria, siéndole cada vez más difícil publicar. En 1534 o 1535 Jorge de Sajonia le procuró una canonjía en Meissen y posteriormente fue preboste de San Severo en Erfurt hasta 1539. La muerte de Jorge fue un duro golpe para él y para la causa católica. El progreso de la Reforma en Sajonia hizo imposible que retuviera sus cargos eclesiásticos, por lo que tuvo que aceptar una canonjía del capítulo de la catedral en Breslau. El rey Fernando le llamó a las dietas de Hagenau, Worms y Regensburgo, pero de nuevo fue ignorado. Siguió con celo los preparativos del concilio de Trento, sin poder participar en el mismo. Hasta el final permaneció siendo el mismo celoso campeón del catolicismo romano, aunque no halló el reconocimiento anhelado. Para colmar su trágico destino, el papa Pablo IV puso su nombre en el Índice.

Sus obras más importantes.
Su Historiæ Hussitarum libri xii (Maguncia, 1549) todavía es útil, aunque la obra que le hizo popular hasta el presente es su historia de Lutero Commentaria de actis et scripts Martini Lutheri Saxonis chronographiae ex ordine ab anno Domini 1517 usque ad annum 1546 inclusive fideliter conscripta (Maguncia, 1549). El libro se convirtió en el modelo y fuente de muchas producciones polémicas posteriores, siendo su tesis, que la Reforma no fue más que una envidia incidental entre dominicos y agustinos, creída por muchos.

El siguiente párrafo da una idea del espíritu de esta obra:

'Este miserable sujeto [Lutero], de forma deliberada, ha pervertido, omitiendo algunas cosas y añadiendo otras, el antiguo texto verdadero de la Iglesia; ha forzado diferentes interpretaciones y ha incorporado glosas irritantes... Emser publicó con ese propósito un particular panfleto en el que no sólo recogía todas las glosas erróneas, las perversiones y falsificaciones que había en la traducción de Lutero, sino que, al mismo tiempo, difundió, como medicina conveniente contra el veneno de aquél, una versión que concuerda con el texto latino aceptado y establecido por la Iglesia. Esto fue para tranquilidad de los católicos que, con la ayuda de este panfleto, pudieron ver y entender el peligro de los errores de Lutero, y rechazar las vanaglorias y jactancias de los necios luteranos. Pero antes de que la obra de Emser viese la luz del día, los impresores habían dado tanta difusión al Testamento de Lutero, que incluso los sastres y los zapateros, así como las mujeres y otros simples idiotas, aunque sólo pudiesen leer un poco de alemán, lo leyeron con enorme deseo, como si fuese la fuente de todas las verdades... [y] sin escrúpulo alguno debatían no sólo con los fieles católicos, sino también con los sacerdotes y los monjes... Esas mujeres luteranas, faltando a toda modestia femenina, han usurpado de forma arrogante el oficio de la predicación.'