Historia
CONRADO DE MARBURGO († 1233)
Conrado de Marburgo, inquisidor general de Alemania, fue asesinado en Marburgo el 30 de julio de 1233. Se desconoce el año de su nacimiento y no es seguro si era dominico o franciscano. Fue elegido por Gregorio IX con el propósito de introducir la Inquisición papal en Alemania. Aparece primero probablemente en relación con el gran auto de fe que se celebró en Estrasburgo en 1212. El 17 de junio de 1227 una bula para la extirpación de la herejía (Ripoll, Bullarium ord. præd., i, Roma, 1729, página 20) le daba plenos poderes en el asunto; poderes que fueron incrementados por la principal bula de Gregorio contra la herejía en Alemania (Hartzheim, Concilia Germaniæ, iii. 540). Cuando Federico II dio confirmación imperial a las diversas medidas papales contra los herejes (marzo de 1232), entonces "comenzó la llama a tener poder sobre los mortales" (Annales Colonienses maximi, MGH, Script., xvii, 1861, p. 843). Conrado entonces procedió, con la ayuda de ciertos colegas (por ejemplo, el dominico Droso) a utilizar su ilimitado poder, que incluso le dispensaba de observar las formas ordinarias de juicio y que llevó a incontables víctimas a la muerte. El hecho está confirmado por el informe del obispo Sigfrido III de Maguncia a Gregorio IX y ante esta evidencia no tiene fuerza la posterior apología católica (del jesuita Pfülf). En 1233, tras haber intentado en vano atraer a los príncipes alemanes a una persecución más activa de la herejía, Conrado llevó a uno de ellos, el conde von Sayn, ante el tribunal, pero el conde luchó para vindicarse ante un sínodo en Maguncia. Luego Conrado convocó un auténtico ejército de cruzados, pero en esta coyuntura su sino cambió rápidamente, siendo asesinado por ciertos caballeros de Hesse mientras viajaba a Marburgo.
La carrera de Conrado también tiene interés por su relación con la piadosa Isabel de Turingia, con la que él desempeñó el papel de guía espiritual católico a quien ella se sometía ciegamente. La idea de que el excesivo celo de Conrado en la persecución de la herejía es insostenible por el hecho de que la inquisición papal no tenía poder en Alemania es errónea; tras su muerte todavía se sucedieron casos (1234 y 1235) en los que herejes fueron quemados por inquisidores papales, llegando hasta el siglo XIV tales casos de forma recurrente. La realidad es que la misma Inquisición fue poderosamente respaldada en el siglo XIV por el emperador Carlos IV y ejecutó numerosas víctimas en Bohemia, Silesia y en partes de Alemania septentrional.