Historia

COURTENAY, WILLIAM DE (c. 1342-1396)

William de Courtenay, arzobispo de Canterbury, nació en la parroquia de St. Martin, un suburbio de Exeter, hacia 1342 y murió en Maidstone, Kent, el 31 de julio de 1396. Era el cuarto hijo de Hugh Courtenay, conde de Devon y Margaret Bohun, hija de Humphrey Bohun, conde de Hereford, y su esposa Elizabeth, hija de Eduardo I. Después de recibir su primera educación en la casa de su padre, fue enviado a Stapledon Hall, Oxford, donde se graduó en derecho, siendo descrito como Doctor Decretorum y D.C.L. (Fasciculi Zizaniorum, páginas 288, 498). En 1367 fue elegido canciller, y habiendo resistido la universidad con éxito la demanda del obispo de Lincoln para controlar su derecho de elección, fue admitido sin la confirmación episcopal. Obtuvo una bula de confirmación de Urbano V, declarando que la elección de un rector por parte de la universidad era válida sin la intervención del diocesano (Munimenta Academica, i. 229). Su elección disgustó a los frailes, porque había participado con la universidad en su lucha para imponerles la obediencia a sus reglas; y a pesar de un acuerdo al que habían llegado recientemente, citaron al canciller a Roma. Sin embargo, esa acción era una infracción de los derechos de la corona y la citación fue anulada. Courtenay tuvo prebendas en las iglesias de Exeter y Wells y el 24 de marzo de 1639 fue hecho prebendario de York. En este año también fue elegido obispo de Hereford, y su defecto por la edad quedó resuelto por una bula papal de 17 de agosto, siendo consagrado el 17 de marzo de 1370 y entronizado el 5 de septiembre siguiente. Como obispo se alió con la facción del príncipe de Gales y William de Wykeham, obispo de Winchester, quien se opuso a los ataques realizados sobre el clero por Juan de Gante, y Courtenay vigorosamente defendió los derechos de la Iglesia contra la doble opresión del papa y la corona, a la que quedaba expuesta. Ni entonces, ni en ningún otro período de su carrera, parece que su conducta justificara la afirmación de que fue 'influenciado por facción, no por principio.' (Hook, Lives, iv. 322). El bienestar de la Iglesia de Inglaterra y buen gobierno en la Iglesia y el Estado parecen haber sido los fines por los que trabajó; y aunque juzgadas por la luz de días posteriores algunas partes de su política, como su oposición al lolardismo, pueden ocasionar antipatía, ciertamente no han de ser consideradas contrarias a los principios de un leal eclesiástico o un estadista constitucional. Tomó parte prominente en reivindicar los derechos de la Iglesia en la convocación de 1373. Cuando la demanda del rey de una subvención fue presentada ante el clero, declararon que estaban completamente abrumados por las exacciones, no solo de la corona, sino del papado, que se repetían casi todos los años, y que podrían ayudar al rey mejor 'si el yugo intolerable del papa fuera quitado de sus cuellos', y sobre esta condición le promotieron un diezmo. Entonces Courtenay se levantó en ira, y en voz alta declaró que ni él ni cualquiera de los clérigos de su diócesis daría nada hasta que el rey encontrara un remedio para los males de los que la Iglesia sufría. El curso de acción parece haber sido resuelto por un acuerdo entre él y Sudbury, obispo de Londres, que pertenecía a la facción del duque de Lancaster.

Tras la promoción de Sudbury a Canterbury en 1375, Courtenay fue trasladado a la sede de Londres el 12 de septiembre, recibiendo las temporalidades el 2 de diciembre siguiente. La lucha entre la facción constitucional y la corte llegó a su cima en la reunión del 'buen parlamento' el año siguiente, siendo Courtenay nombrado miembro del comité de magnates asociados con los Comunes para ayudarles en sus deliberaciones. La dispersión del parlamento fue seguida por el fracaso de su obra. En el transcurso de ese año Courtenay sirvió en una comisión para resolver una disputa que había surgido en Oxford entre la facultad de derecho y el resto de la universidad. Hacia ese tiempo una bula de Gregorio XI contra los florentinos, con quienes el papa estaba entonces guerra, fue llevada a Inglaterra. Donde quiera que estuvieran, los florentinos eran declarados excomulgados y sus bienes debían ser confiscados. Courtenay publicó esta bula en Paul's Cross. Courtenay siempre estuvo listo para obedecer al papa cuando los intereses de la Iglesia nacional no estuvieran en juego. Como político constitucional probablemente estaba contento de promover la caída de los comerciantes italianos, de quienes el rey había conseguido el dinero que desperdició en extravagancias, y como obispo de Londres, sin duda estaba dispuesto a complacer a los ciudadanos, que estaban celosos de los comerciantes extranjeros. Los londinenses saquearon las casas de los florentinos, produciéndose una revuelta, lo que causó la intervención de los magistrados de la ciudad, que se pusieron del lado del rey, quien tomó a los extranjeros bajo su protección. El obispo fue convocado ante el canciller para responder por su conducta. Se le recordó que había actuado desafiando las leyes del reino al publicar la bula y se le ordenó revocar ciertas palabras que había usado en Paul's Cross. Con cierta dificultad obtuvo permiso para hacerlo mediante uno de sus oficiales, quien declaró desde el púlpito que la gente había malentendido las palabras. En la reunión de convocación, el 8 de febrero de 1377, Courtenay protestó enérgicamente contra la conducta del obispo al retener las citaciones que se le habían enviado al obispo de Winchester. Señaló la injusticia con la que el obispo había sido tratado por el gobierno e instó al clero a no hacer concesiones a la corona hasta que no hubiera recibido sus citaciones. Su oposición tuvo fruto. Wykeham tomó su asiento y Juan de Gante, en cuyo interés había actuado el arzobispo, salió derrotado.

Comparecencia de Wycliffe ante los preladosIlustración de Cassell's Illustrated History of England
Comparecencia de Wycliffe ante los prelados
Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
La disputa entre las dos facciones continuó por el procesamiento de Wycliffe, quien se alió con el duque en el intento de humillar a los eclesiásticos. Courtenay prácticamente atacó a Lancaster cuando citó a Wycliffe para comparecer ante el arzobispo en San Pablo el 23 de febrero. Los obispos se sentaron en la capilla de la señora, y ​​muchos nobles estaban con ellos. La iglesia estaba atestada de londinenses. Wycliffe apareció acompañado por el duque y Lord Percy, el conde mariscal. Apenas podían atravesar la multitud y el conde ordenó a sus hombres que despejaran el camino. Su orden fue obedecida con cierta aspereza, y Courtenay, indignado por su conducta, declaró que si hubiera sabido que iba a actuar así, no habría entrado en la iglesia si hubiera podido evitarlo. Al enterarse de esto, el duque declaró que ejercería su autoridad hiciera lo que hiciera el obispo. Cuando llegaron a la capilla de la señora, el mariscal con desdén pidió un asiento para Wycliffe. Courtenay se opuso a esto, diciendo que era contrario a la ley y a la razón que un oficial acusado se sentara ante sus jueces. El duque se puso rojo de ira, porque vio que el obispo llevaba la voz cantante en la disputa. Exclamó que derribaría el orgullo de todos los obispos en Inglaterra, y, refiriéndose a Courtenay, agregó: 'Tú confías en tus padres, que no pueden aprovecharte de nada, pues ellos ya tienen suficiente con defenderse a sí mismos.' Courtenay respondió con cierta dignidad que solo confiaba en Dios. Todavía más enojado, el duque murmuró que, en lugar de soportar tales cosas, arrastraría al obispo fuera de la iglesia por el cabello. Los londinenses escucharon la amenaza y clamaron airadamente que no dejarían que su obispo fuera insultado, prefiriendo perder la vida antes de que fuera deshonrado en su propia iglesia o arrastrado por la violencia. El tribunal se disolvió en confusión. Más tarde ese día los ciudadanos se levantaron contra el duque y se propusieron matarlo y quemar su residencia de Savoy; pero Courtenay intervino, recordándoles que era la Cuaresma, y ​​no era tiempo para tales hechos. A su orden el tumulto cesó, aunque no antes de que muchos insultos se hubieran vertido sobre Lancaster.

Aunque Courtenay fue nombrado miembro del consejo de gobierno formado al ascenso de Ricardo II, parece que durante un tiempo se ausentó, debido a una nueva ofensa cometida por el duque. Robert Hale, un escudero con quien Latcaster tuvo una disputa, escapó de la Torre, donde estaba confinado, y se refugió en la abadía de Westminster. Desafiando el privilegio del santuario, se hizo un intento por sacarlo de la iglesia, y cuando se resistió, tanto él como un sirviente de la abadía fueron asesinados. El arzobispo excomulgó a los ofensores, y Courtenay publicó la sentencia, con total solemnidad, en San Pablo cada domingo, miércoles y viernes. El duque, a quien se atribuía en general la indignación, persuadió al consejo para que le ordenara que desistiera. Pero Courtenay no prestó atención a la orden y Lancaster declaró que estaba listo, si recibía permiso, para ir a Londres y arrastrar al obispo ante el consejo, a pesar de la 'desfachatez' de la ciudad. Mientras tanto, el arzobispo y Courtenay recibieron bulas de Gregorio XI, instándolos a tomar medidas contra Wycliffe, y en consecuencia, lo citaron para que compareciera ante ellos en San Pablo el 18 de diciembre, aunque una fecha posterior fue luego propuesta, siendo Lambeth el lugar de la audiencia. Sin embargo, Wycliffe tenía entonces considerable influencia en la corte (Fasciculi Zizaniorum, p. 258), y una vigorosa facción entre los londinenses, encabezada por John de Northampton, le favorecía. La princesa de Gales envió un mensaje prohibiendo a los prelados acercarse a él y la acusación no tuvo éxito. En el curso de ese año (1378) se le ofreció a Courtenay el cardenalato. Un gran cuerpo de cardenales le retiró su obediencia a Urbano VI en una reunión en Anagni el 9 de agosto. El papa rápidamente nombró otros veintiséis, deseando fortalecer su facción al ganar al más poderoso de los clérigos ingleses. Si la historia de la oferta es verdadera, y no hay razón para dudar de ella, Courtenay se decantó demasiado por el interés nacional deslumbrado por ella. Por la represión de la insurrección de los campesinos, en 1381, obtuvo un receso de dos días para John Ball († 1381), que fue condenado a muerte el 13 de julio, pues estaba preocupado por el estado del alma del rebelde.

Mapa de difusión del lolardismo en Inglaterra
Mapa de difusión del lolardismo en Inglaterra
El 30 de julio, Courtenay fue elegido para la sede de Canterbury, vacante por el asesinato de Simon Sudbury. La confirmación real fue dada el 5 de agosto, el traslado se hizo por una bula papal fechada el 9 de septiembre y las temporalidades fueron otorgadas el 23 de octubre. El priorato y convento de Christ Church presentó la cruz arzobispal el 12 de enero siguiente; el día 14, Courtenay, aunque todavía no había recibido el palio, casó a Ana de Bohemia con el rey y el 22 de diciembre, coronó a la nueva reina. Recibió el palio el 6 de mayo. El gran sello le fue entregado el 10 de agosto y en consecuencia inauguró el parlamento el 9 de noviembre, pronunciando el sermón en inglés. En este parlamento quedaron anulados los estatutos otorgados a los villanos. Courtenay renunció a la cancillería el día 18, y se ha sugerido que su retiro, que se completó con la entrega del sello el día 30, pudo haber estado relacionado con el deseo de ver una cierta mejora efectuada en la condición de los villanos. A principios de 1382 Courtenay recibió una queja formal del parlamento contra Wycliffe, que no se limitaba a sus opiniones heréticas, sino a la perturbación de la paz del reino, ocasionada por sus predicadores, exigiendo que el arzobispo y sus sufragáneos tomaran medidas decisivas contra él y prometiéndoles el apoyo de la corona. En consecuencia, al cierre del parlamento, Courtenay nombró un comité de obispos, doctores, frailes y otros para pronunciarse sobre las opiniones de los reformadores. Este concilio, como se le llamó, celebró su primera sesión de asuntos el 21 de mayo, en el monasterio de los Frailes Negros, en Londres, en presencia del arzobispo. Sus procedimientos se vieron perturbados por la sacudida de un terremoto; y por esta circunstancia, a la cual cada parte dio un sentido diferente, se le llamó el 'sínodo del terremoto'. Las opiniones de Wycliffe fueron condenadas y en el siguiente Pentecostés, se realizó una solemne 'procesión' o letanía en Londres, en la que Courtenay designó al doctor John Kynyngham para que predicara en contra de ellas. El arzobispo atacó aún más a la facción lolarda en Oxford. Mientras procedía contra un miembro prominente llamado John Aston en Black Friars, el 20 de junio, fue interrumpido por los londinenses, que irrumpieron en la sala donde él y su consejo estaban sentados. En Oxford su comisario, el doctor Peter Stokys, estaba tan aterrorizado que creyó su vida en peligro. Courtenay le amonestó y obligó al doctor Rygge, el canciller, que favorecía a los lolardos, a pedir perdón de rodillas. Al regresar Rygge a Oxford volvió a actuar con los wycliffitas. El arzobispo apeló al consejo y después de una breve lucha, toda la facción se sometió. El 18 de noviembre celebró una convocatoria del clero en St. Frideswide, recibiendo la retractación de los principales hombres de la facción. Se afirma que Wycliffe compareció ante él, lo cual es muy dudoso. Es cierto que, si lo hizo, no hizo, como pretendían sus enemigos, ninguna retractación, y que se le permitió partir sin ser molestado. En ese año Courtenay obtuvo un estatuto mandando a los magistrados y otros oficiales del rey, bajo la certificación de un obispo, arrestar y encarcelar a todos los predicadores de la herejía. Este estatuto no recibió el asentimiento de los Comunes, y por su petición fue derogado en el siguiente parlamento, como una violación de su derecho de legislación. Courtenay, sin embargo, esgrimió cartas reales que facultaban a los obispos para encarcelar a los acusados ​​de herejía en sus propias cárceles y para mantenerlos allí hasta que el consejo determinara qué hacer con ellos. En 1388, el rey, a pedido del parlamento, emitió cartas pidiendo a los arzobispos y obispos que confiscaran los libros heréticos y encarcelaran a los maestros de la herejía. En consecuencia, el año siguiente Courtenay atacó a los lolardos de Leicestershire, en virtud de las cartas de 1382. Puso a la ciudad de Leicester bajo entredicho hasta que se descubriera a los ofensores y al haber recibido sus retractaciones el 17 de noviembre, les impuso penas ligeras. En 1392, mientras el rey estaba sentado en consejo en Stamford, el arzobispo celebró un concilio de obispos y clero en la casa de los carmelitas en esa ciudad, recibiendo la abjuración de un hereje. Sin embargo, el fracaso del intento de legislación en 1382 no había dejado a los clérigos otros medios que imponer una sumisión que pertenecía a su antigua jurisdicción espiritual.

En 1382 Courtenay comenzó una visitación a su provincia y después de haber visitado Rochester, Chichester, Bath and Wells y Worcester, procedió a hacer una visita a Exeter. Aquí se encontró con resistencia, porque después de haber ordenado, según la costumbre, que se suspendiera la jurisdicción ordinaria de los obispos, retrasó su visita tanto tiempo que transcurrió el período durante el cual tal suspensión podía mantenerse legalmente, tanto en esta como en otras diócesis. Por lo tanto, el obispo, Thomas Brentingham, advirtió al clero y al pueblo de su diócesis que no prestaran atención a la visita del arzobispo, y finalmente apeló a Roma sobre el asunto. Sin embargo, Courtenay procedió con su visitación y excomulgó a todos los que le desobedecieron, el propio obispo entre ellos. Los hombres del obispo capturaron a uno de sus oficiales cerca de Topshamas mientras llevaba una citación dirigida a su amo, ordenándole que compareciera ante el metropolitano, obligándosela a comer, con sello y todo. El rey se puso tan furioso, que el obispo se alegró de hacer las paces con el arzobispo y de abandonar su pleito en Roma. El obispo de Salisbury trató de asegurarse alegando que el derecho de visitación había caducado con la muerte del papa Urbano VI, que había otorgado poderes para que el arzobispo pudiera ejercerla y al obtener una exención para él y su diócesis de Bonifacio IX. Sin embargo, Courtenay fue mejor canonista que su sufragáneo. Sabía que, aunque había obtenido esas bulas como medida de precaución, su derecho no dependía del permiso papal, y declaró que haría una visitación a la diócesis a pesar de la exención. En consecuencia, trató tan bruscamente al obispo que pronto lo llevó a la sumisión. En 1389 notificó su intención de visitar a los benedictinos de Oxford, que residían en Gloucester College. Este anuncio generó gran excitación, tanto en la universidad como en la orden en toda Inglaterra. Un elaborado plan fue ideado por el abad de Westminster para derrotar su pretensión y el abad de St. Albans envió a un monje con una carta urgente, rogándole que no la realizara. El arzobispo le pidió amablemente al mensajero que cenara y después intentó demostrarle que la casa era realmente un colegio. Fue a Oxford y conoció a los monjes en la iglesia de St. Frideswide. Aunque se negaron a admitir su pretensión, lo trataron con respeto. Courtenay, aunque de mal carácter y celoso de cualquier intento de menospreciar su autoridad, era al mismo tiempo generoso y bondadoso, y cuando los monjes apelaron a su bondad, abandonó su plan.

En la parte tomada por Courtenay sobre las limitaciones impuestas al ejercicio de la autoridad papal en Inglaterra durante el reinado de Ricardo II, no hay ninguna prueba de la afirmación de que sus 'principios y carácter habían cambiado' de lo que fueron en sus primeros años. Cuando se confirmó y amplió el estatuto de provisorios en 1390, se unió con el arzobispo de York para presentar 'una protesta formal en contra, ya que tendía a restringir el poder apostólico y la subversión de la libertad eclesiástica.' Tres años más tarde, cuando la conducta del papa invocó el estatuto de præmunire, el control más firme de Roma hasta la época de Enrique VIII, Courtenay participó en la adopción de la medida y elaboró ​​una protesta, no en contra de la alegación contenida en el preámbulo, sino en el mantenimiento del ejercicio legal y canónico de la autoridad papal, mediante palabras que están incorporadas en el propio estatuto. En ambos casos, su conducta fue consistente con el interés más celoso de los derechos nacionales y cualquier aparente inconsistencia se debe a su sentido de lo que le exigía su cargo. Y aunque en 1389 tomó algunas medidas para cobrar subsidios en obediencia a las órdenes del papa, su acción de ninguna manera demuestra su aprobación del impuesto, pues era simplemente lo que estaba obligado a hacer, a menos que deseara enredarse en una disputa personal con el papa. El rey ordenó que el subsidio no se recaudara y el arzobispo obedeció la orden, que posiblemente pudo haber instigado y que probablemente aprobó. Consideraba con tristeza la extravagancia del rey y el mal gobierno, y si bien resistió con éxito el intento de los Comunes en 1385 de apoderarse de las temporalidades para la clerecía, se adhirió fielmente a la facción opuesta al lujo de la corte, y así defendió la causa con la cual los Comunes se identificaron. En ese año fue instigado por los lores de su facción a reprobar al rey por su malvada conducta, diciéndole sin miedo que, a menos que gobernara de manera diferente, pronto traería la ruina al reino. Ricardo se enfureció y habría golpeado al arzobispo si no hubiera sido retenido por su tío, Thomas de Woodstock. Le trató sin miramientos y declaró que le quitaría las temporalidades de su sede. Courtenay se vio obligado a refugiarse en Devonshire. De acuerdo con una versión, el rey lo persiguió en el Támesis, y se vio obligado a huir disfrazado de monje. Fue uno de los once comisionados nombrados por el parlamento para finales del año siguiente para regular la casa y la administración general del reino. Ricardo tomó medidas activas para derrocar la autoridad de estos comisionados, y la guerra se hizo inminente. El arzobispo actuó como mediador entre las dos partes. Persuadió al rey a no resistir a los lores y el 17 de noviembre de 1387 los llevó a la presencia de Ricardo en Westminster Hall, y le convenció para que les diera audiencia. Antes de morir, Courtenay dio orden de que debería ser enterrado en Maidstone, y se dice que una losa se puso en su memoria en la iglesia de Maidstone. Probablemente se pretendía que permaneciera allí, pero su cuerpo fue llevado a Canterbury, siendo enterrado en presencia del rey y de un gran número de obispos, condes y barones, a los pies del Príncipe Negro, cerca del santuario de Thomas Becket. Courtenay fundó el colegio de St. Mary and All Saints en la iglesia parroquial de la mansión arzobispal de Maidstone, dejando el resto de su propiedad para la construcción del colegio y uniéndolo con el hospital fundado por el arzobispo Bonifacio de Saboya. Reparó la iglesia en Meopham, Kent, y fundó cinco becas en Canterbury College, Oxford.