Historia

CRISÓLOGO, PEDRO (c. 380-c. 449)

Pedro Crisólogo nació en Imola hacia el año 380 y murió en Rávena el 449 o 450. Fue contemporáneo de León Magno, permeneciendo a la cabeza de la iglesia en Rávena mientras esa ciudad era la capital del Imperio Occidental. Su fama se debe a su oratoria, aunque sus sermones muestran un continuo esfuerzo por lo sensacional e inusual. Están mejor escritos que la mayoría de los sermones de aquel tiempo, dando testimonio de una experiencia religiosa y moral sinceras, trasportando en ocasiones con su pathos y la energía de la dicción condensada. Pero finalmente la sentenciosidad molesta, la compresión, el evitar lo simple y la presencia de mucho que es oscuro o grotesco, inducen al tedio al lector. Sin embargo, a través de los mismos, se muestra su gran talento, siendo útil al historiador un material que de otra manera sería repulsivo. En sus sermones, recopilados por Félix, arzobispo de Rávena (muerto el 25 de noviembre del año 724), no aparece su apodo de Crisólogo, que por primera vez aparece en Agnellus (cap. 47), habiéndosele dado con el propósito de que la Iglesia occidental tuviera su Crisóstomo. Lo que Agnellus sabe de su vida lo toma parcialmente de la tradición local; pero la inexactitud tras cuatrocientos años se demuestra en la masa de errores cronológicos y la confusión entre los Pedros que fueron obispos de Rávena. Lo que los biógrafos modernos conocen de Crisólogo, se debe a que toman el breviario romano como fuente confiable.

El año de su nacimiento y el de su muerte también son inciertos. Le fue puesto el nombre de Pedro por sus padres, en anticipación de su futura grandeza (comp. MPL, lii. 497), pero que fue educado en un monasterio no se puede deducir del sermón 107. Agnellus dice que Sixto III (432-44) le hizo obispo en contra de los deseos de Rávena. Es dudoso si todos los sermones en la edición de Félix son genuinos. El título s. Joannis episcopi que algunos llevan es extraño, pudiéndose deber al error del copista al confundir a Crisólogo con Crisóstomo, ayudando a la confusión el hecho de que el primero usaba los sermones del segundo. El sermón 149 es sin duda una traducción de la alocución de Severiano de Gábala pronunciada en el año 401 (comp. MPL, lii. 599a). No se puede determinar cuánta asimilación de materia ajena hay en sus sermones, pero lo principal es genuino. Como dogmático, Crisólogo trata con el tema de la teodicea (sermón 101); a pesar de su carta a Eutiques, se inclina fuertemente hacia el monofisismo, ataca al pelagianismo, depende de Agustín (sermones 11 y 30), simpatiza con el paulinismo (sermones 108-116) 'y en la fiesta de los Santos predicó más sobre la resistencia fiel que sobre las obras' (sermón 128). En sus polémicas nunca nombra a sus adversarios, pero combatió a los arrianos, pelagianos, nestorianos, novacianos y maniqueos. El sermón 6 fue muy apreciado por los antiguos; el 35 lo usó Fulgencio, los sermones 50, 142 y 143 tienen hueco en el breviario romano, mientras que los sermones 67 al 72 son valiosos para la historia de la catequesis. En el sermón 34 (MPL, lii. 299a), Crisólogo combatió la inmortalidad condicional de los estoicos a partir del texto de en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.[…]1 Corintios 15:52; en el sermón 61 trató el mismo tema y en la conclusión del sermón 62 afirmó que la resurrección tiene el carácter de eternidad, porque se realiza por medio del Cristo eterno, lo cual es más retórico que lógico.

El siguiente pasaje procede de su obra Sermón 67, 2:

'¿Qué es más admirable: que Dios se haya dado al mundo o que os dé a vosotros el cielo? ¿Que él participe de la naturaleza humana o que os haga participar de la divinidad? ¿Que él acepte la muerte o que os levante a vosotros de la muerte? ¿Que al nacer asuma vuestra condición de siervos o que os haga hijos suyos, dándoos así la libertad? ¿Que acepte vuestra pobreza o que os haga herederos suyos y coherederos de su Hijo único? Ciertamente, lo más admirable es que la tierra se transforme en cielo, que el hombre quede deificado, que la condición de servidumbre obtenga los derechos de señorío. Aunque esto pueda llenarnos de asombro, puesto que no se trata de palabras sino de un mandato, acudamos, hijitos, allá donde nos llama la caridad, nos impulsa el amor y nos invita el afecto. Que el clamor llegue a Dios; que todo cuanto hay en nosotros responda al amor, no al temor, porque el juez se ha transformado en padre; ha querido ser amado, no temido.'