Historia
CUADRATO
Cuadrato fue el apologista cristiano conocido más antiguo. La única referencia que tenemos de él está en Eusebio, en su Chronicon, y en Hist. eccl., IV, iii, I, ii. Según este testimonio, Cuadrato afirmaba ser discípulo de los apóstoles y que para preparar a sus hermanos en la fe en la defensa contra las falsas acusaciones hechas por los paganos, escribió una inteligente defensa del cristianismo que dirigió al emperador Adriano (117-138). El pasaje en el Chronicon afirma lo siguiente: 'Cuadrato, un discípulo de los apóstoles, y Arístides, un presbítero de Atenas, compusieron y enviaron a Adriano libros a favor de la religión cristiana.' Lo mismo se señala en la Hist. eccl., con casi las mismas palabras. Eusebio declara que 'muchos de los hermanos tienen todavía copia de esta obra', de la que sólo ha sobrevivido un corto fragmento (citado en su Hist. eccl., IV, iii). El texto en cuestión dice así:
Ha surgido la cuestión de si Cuadrato el apologista es la misma persona que Cuadrato el profeta, mencionado por Eusebio en Hist. eccl., III, xxxvii. La cronología favorece la identificación. La mención del profeta por Eusebio viene tras su informe de la alocución de Ignacio de Antioquía, cuyo martirio tuvo lugar bajo Trajano o tal vez bajo Adriano. Y Harnack, que anteriormente era contrario a la identificación, en su Litteratur (i. 96) otorga la posibilidad de la identificación. Eusebio también menciona que Cuadrato fue elegido obispo de Atenas (Hist. eccl., IV, xxiii), como sucesor del mártir Publio. En dos pasajes de sus obras (De vir. ill., xix, y Epist., lxx), Jerónimo habla del obispo de Atenas como idéntico al apologista. Pero la cronología está en contra de la identificación. El apologista, según el pasaje de Eusebio, vivió en el tiempo de Adriano y el obispo ateniense parece, según el mismo autor, haber sido contemporáneo del obispo Dionisio de Corinto y el emperador Marco Aurelio. Harnack (Litteratur, i. 95-96) afirmó: 'La declaración de Jerónimo sobre este punto es indigna de crédito', concordando Bardenhewer y otros con él.
'Las obras de nuestro Salvador estuvieron siempre presentes, porque eran verdaderas; los que él curó, los que resucitó de los muertos, no fueron vistos sólo cuando fueron sanados o resucitados, sino que estuvieron siempre presentes, no sólo mientras el Salvador estuvo viviendo entre nosotros, sino también durante mucho tiempo después de su partida. Algunos de ellos, de hecho, han sobrevivido hasta nuestra propia época.'