Historia

CUSA, NICOLÁS DE (1401-1464)

Nicolás de Cusa, teólogo católico, nació en Cues en el Mosella en 1401 y murió en Todi el 11 de agosto de 1464.

Nicolás de Cusa
Nicolás de Cusa
Vida.
Era hijo de un sastre y asistió a la escuela de los Hermanos de la Vida Común en Deventer. Después estudió derecho en Padua y griego, hebreo, filosofía, matemáticas y astronomía. Tras ser ordenado, fue enviado en 1432 como representante del arzobispo electo, Ulrico de Tréveris, al concilio de Basilea. Como el papa no había confirmado la elección de Ulrico y Nicolás tenía que presentar la postura de su superior, se unió con naturalidad al partido antipapal; sin embargo, cuando hubo una interrupción del concilio en 1437, se puso del lado de la minoría que sostenía las tesis papales. Sus nuevos asociados le confiaron enseguida importantes misiones diplomáticas, incluyendo una a Constantinopla, en la que acompañó al emperador griego para tomar parte en las negociaciones para la unión en Florencia. Tras un corto descanso en su tierra natal, donde terminó su importante obra De docta ignorantia, entró al servicio del papa como legado, dedicando su energía especialmente a oponerse a la posición del concilio. Su obra fue reconocida en 1499, al ser propuesto para el cardenalato. En 1450 fue nombrado arzobispo de Brixen, siendo enviado a Alemania con extraordinaria autoridad como visitador de la Iglesia alemana. Viajó por toda Alemania celebrando sínodos por doquier, reconstruyendo y reformando con gran energía. En su propia diócesis, sin embargo, no tuvo tanto éxito. El archiduque Sigmundo del Tirol estaba indispuesto hacia él desde el principio y todavía lo estuvo más, cuando reclamó derechos feudales de su arzobispado sobre el Tirol. Cuando intentó reformar los monasterios, Sigmundo protegió a los monjes y monjas desobedientes. En la Pascua de 1460 el duque le encarceló. Tras su liberación fue a Roma, no volviendo más a Alemania. Durante el resto de su vida estuvo constantemente ocupado en asuntos literarios y políticos. Su propiedad y biblioteca las dejó para el hospital fundado por él en Cues, donde varias reliquias suyas, incluyendo manuscritos, se conservan.

Filosofía.
Nicolás de Cusa tiene dos facetas: la de erudito y la de eclesiástico. Fuertemente influenciado por el movimiento humanista, se opuso a la teología escolástica, no al dogma cristiano, que con su rico contenido le sirvió tanto de base como de resultado en sus originales especulaciones, apoyándose en ideas neoplatónicas y derivando algo de Agustín y de Dionisio el Areopagita. Dios es una unidad sin fin, el superlativo absoluto, el más grande y el último a la vez; el mundo, por otro lado, es la esfera de lo comparativo, lo mayor y lo menor. El mundo es el ens bajo la forma de contradicciones, Dios es la identidad de todas las contradicciones, en potencia y en acto, al mismo tiempo. Como actividad, voluntad y conocimiento absoluto es el Dios trino. Es absolutamente trascendente; conocemos de él sólo que él es desconocido (de ahí los títulos de algunas de sus obras, De docta ignorantia, Idioia, etc.), lo cual quiere decir que la filosofía termina en misticismo. En el camino de la fe por el conocimiento hacia la visión, somos hechos 'hijos de Dios'. Lo que es nuevo en su filosofía es principalmente el humor en el que está escrita, el optimismo que se regocija en el mundo, sediento de alegría en el conocimiento, que se torna tanto hacia las obras de los antiguos como hacia la naturaleza. Aunque no es llevado hasta sus conclusiones lógicas, su sistema contiene ricas semillas de desarrollo futuro. Giordano Bruno le llamó 'divino', denominándolo su predecesor. Eruditos modernos han señalado su afinidad con Leibniz, Kant, Fichte y Hegel, asignándole un lugar como representante de la filosofía renacentista en el momento en el que comienza el desarrollo moderno. También fue un astrónomo y matemático de importancia. En Basilea propuso la corrección del calendario juliano. Su concepción del universo no era la ptolemaica: los planetas, incluida la tierra, se mueven cada uno en su propia esfera sin un centro local común. De su obra De docta ignorantia es el siguiente pasaje:

'Ya que es evidente que entre lo infinito y lo finito no hay relación, es también evidente que, donde se encuentre siempre un excedente, no se podrá alcanzar nunca un máximo absoluto, porque lo excedente y la excedencia son finitos, mientras que lo máximo, como tal, es necesariamente infinito...
Las oposiciones convienen a las cosas que admiten un excedente y un excedido, y lo hacen de diversas formas. En cambio, jamás corresponden al máximo absoluto, que está por encima de toda oposición. Y dado que el máximo absoluto está absolutamente en acto en todas las cosas tal que pueden ser y es tal sin ninguna oposición, sino que el mínimo coincide con el máximo, está también por encima de toda afirmación y negación.
Todo lo que se concibe como existente no es más de lo que no existe. Y todo lo que se concibe como no existente, no es menos de todo lo que no es. Por todo lo que es, lo es de tal manera que nunca es nada y es máximamente lo que también es mínimamente. Decir: Dios, que es él mismo lo máximo absoluto, es luz, es lo mismo que decir: Dios es máximamente luz y mínimamente luz. De otro modo, en efecto; el máximo absoluto no estaría en acto en todas sus posibilidades; es decir, no sería infinito y no sería el límite de todas las cosas y por ninguna de ellas limitado.'
Nicolás de Cusa
Nicolás de Cusa
Eclesiología.
En lo que respecta a la constitución de la Iglesia, en la obra dedicada al concilio de Basilea, De concordantia catholica, defiende todavía un moderado conciliarismo. Hizo poco uso de descubrimientos históricos peligrosos, como la falsedad de la Donación de Constantino, estando lejos del radicalismo de Marsilio de Padua. Al considerar el papado como una institución necesaria y divina, siendo un creyente entusiasta de la unidad e infalibilidad de la Iglesia, en su batalla contra el papa tenía, como otros pensadores de la época, sus manos atadas. De manera que afirma que el papa no puede disolver ni prorrogar el concilio, pero que el concilio debe ser dirigido hacia él 'sin pasión y con la mayor mansedumbre.' La unidad de su carácter yace en el dominio práctico. Desde el principio hasta el fin fue un reformador, según se entendía entonces la palabra. Su ideal moral, la imitación de Cristo, fue el lema de su tiempo. Que fue un buen católico medieval, se aprecia en el hecho de que no concibe la reforma de la Iglesia sin la restauración plena del poder de la jerarquía. Pero también intentó la reforma de la corte papal, por una estricta supervisión de la moral. Lo que hizo en Alemania para avivar el sentimiento religioso mediante la educación moral del pueblo, elevando el nivel de conocimiento y fidelidad al deber entre el clero, ya se ha mencionado. En la reforma de los monasterios tuvo muchos seguidores. Característico del tiempo y resultado final de esos esfuerzos de reforma fue que las peregrinaciones a Wilsnack recibieron pronto sanción papal. Aunque el resultado de su vida y obra no fue duradero y no hay base para presentarlo como un auténtico católico 'reformista', en comparación con la 'revolución' del siglo siguiente, nadie niega los esfuerzos sin desmayo que empleó en lo que él creía que era lo recto.