Isaac Da Costa nació en Ámsterdam el 14 de enero de 1798 y murió en esa ciudad el 28 de abril de 1860.
Isaac da CostaSus padres eran ricos judíos de ascendencia portuguesa que se habían apartado de la fe, aunque no de la práctica, de la creencia heredada, habiéndose opuesto a las ideas revolucionarias francesas sociales y políticas. A temprana edad Da Costa quedó seducido por la literatura griega, un amor que había de durar toda su vida, siendo influenciado más tarde por el escritor y poeta Willem Bilderdijk, a quien el anciano Da Costa encomendó la educación de su hijo, lo que moldeó todo su carácter. En 1816 Da Costa ingresó en la universidad de Leiden, recibiendo su doctorado en derecho en 1818 y en filología en 1821. Bilderdijk había aceptado un profesorado en Leiden, produciéndose allí la conversión de Da Costa a la fe cristiana, aunque anteriormente había profesado el deísmo de Voltaire. En octubre de 1822 fue bautizado, dedicándose a partir de entonces al servicio de su nueva fe con celo característico, sin importarle la opinión pública y con un don de expresión literaria que estaba destinado a ejercer una influencia decisiva en la historia religiosa posterior de Holanda. El espíritu dominante de la época era el de neutralidad inofensiva entre la religión y la cultura secular, pero inclinándose la balanza en favor de interpretar la religión en el espíritu de la cultura secular. En 1823 Da Costa publicó en Leiden su Bezwaren legen den geest der eeuw, en el que combatía la complaciente creencia de sus contemporáneos de que el siglo XIX estaba destinado a superar todo lo que se había hecho antes. Al ser un periodo de declive en la fe, la moral, la tolerancia y el humanitarismo, escogió denominarlo la edad de la esclavitud, incredulidad, superstición y oscuridad; De Sadduceën, publicado al año siguiente, fue principalmente una exposición del mismo tema, comparando la teología de su propio tiempo y el arminianismo del siglo XVII con el saduceísmo de los días de Cristo. Da Costa se convirtió en un apologista de la antigua y sencilla fe y ortodoxia, no sólo en sus obras en prosa sino también en sus poemas, que se caracterizan por el cálido espíritu de los antiguos cantores de la Biblia. La valiente postura que tomó le valió virulentos ataques de la prensa, siendo considerado con sospecha por la policía. Con la revolución de 1830, suceso que él había predicho casi con visión profética, los adherentes comenzaron a congregarse en torno suyo. Desde ese tiempo hasta el final de su vida, su huella permaneció indeleble en la defensa de la nueva ortodoxia y aunque las fuerzas que él puso en movimiento pronto pasaron a otras manos, puede ser llamado el profeta del nuevo movimiento, desarrollando otros sus principios.
Aparte de su actividad como autor, Da Costa impartió clases sobre la Biblia, enseñando frecuentemente por todo el país, siendo identificado con cada movimiento favorable al avivamiento cristiano. Sus obras poéticas fueron publicadas por J. P. Hasebroek en Haarlem en 1861; sus escritos teológicos fueron publicados dos años después por H. J. Koenen, siendo los principales: Voorlezingen over de eenheid en overeenstemming der Evangeliën (2 volúmenes, Leiden, 1840); Paulus (2 partes, 1846); Israël en de Volken (1849) y Beschouwingen van dei Handelingen der Apostelen (3 partes, 1856-58).