Dámaso fue papa entre los años 366 y 384. Nació hacia el año 305, probablemente en Roma, y murió el 11 de diciembre del año 384 en Roma. Era hijo de un sacerdote de la iglesia de San Lorenzo. Tras la muerte de Liberio fue elegido obispo por una parte de la Iglesia, mientras que otra escogía al diáconoUrsino. Dámaso consiguió su reconocimiento después de un conflicto marcado por el derramamiento de sangre, que duró dos años por la actitud incierta de Valentiniano I. Incluso tras la terminación de los disturbios el partido de Ursino mantuvo su posición, hasta el punto de provocar un cisma. Durante los disturbios, los clérigos fueron citados ante los jueces seculares, usándose la tortura. A causa de las quejas, Valentiniano emitió un rescripto, del cual conocemos la sustancia por Ambrosio (Epist., xxi. 2), que se resume en la siguiente frase: 'Los sacerdotes deben juzgar a los sacerdotes'. Rade cree que el emperador estaba declarando una división fundamental entre la jurisdicción secular y la eclesiástica, pero es demasiado inferir de tales palabras. Se trata de un mero reconocimiento del poder disciplinario de los obispos y concilios, como ya había sido previamente reconocido en la práctica y limitado a los asuntos de fe, moral y disputas sobre oficios eclesiásticos. La apelación del concilio romano del 378 o 389 a Graciano fue un intento de asegurar no la extensión, sino el reconocimiento del poder disciplinario de la sede romana, que estaba prácticamente anulado al no secundar los oficiales imperiales las sentencias de los tribunales eclesiásticos. El concilio pidió ser instruido acerca de esto y Graciano estuvo de acuerdo en hacerlo. No parece haber en esto nada de lo que Rade y Langen indican sobre la sumisión de los obispos occidentales al tribunal papal, pudiendo apenas citarse los decretos imperiales mencionados como triunfos de la política de Dámaso. De hecho, no parece haber sabido cómo usar esos edictos, ni el famoso de Teodosio de 27 de febrero de 380 o el tercer canon del concilio de Constantinopla (381), como medios de elevar la posición eclesiástica de Roma, que de hecho quedó dañada por su conducta en la controversia de Antioquía, no habiendo progreso de nuevo hasta el pontificado de Siricio.
En los conflictos doctrinales, Dámaso permaneció firme en la tradicional línea romana. Se opuso a los arrianos y tomó fuertes medidas contra los luciferianos. Durante su pontificado se alcanzó un entendimiento entre las facciones nicenas antigua y nueva en el este, aunque él, más que ayudar impidió el acercamiento, al tomar parte por la facción ortodoxa estricta en el cisma de Antioquía. Basilio de Cesarea intentó en vano que reconociera a Melecio. Un sínodo romano del 382 renunció a la comunión con Flaviano. Las medidas tomadas por Dámaso contra el arrianismo en Italia no tuvieron éxito. Parece que ya en el año 369 había condenado a Auxencio de Milán en un concilio de obispos italianos, pero la sentencia no fue ejecutada por las autoridades civiles, permaneciendo Auxencio como obispo hasta su muerte. Sólo la elección de Ambrosio logró que la ortodoxia se hiciera con el poder. Tuvo más éxito en sus repetidos pronunciamientos contra el apolinarismo, que fue condenado en los concilios romanos de (probablemente) 377 y 381. Dámaso no era hombre falto de saber e hizo una gran obra al poner en marcha una revisión de la Biblia latina, encargándole la tarera a Jerónimo. Escribió un tratado (perdido) sobre la virginidad y varias inscripciones métricas para las catacumbas, a las que prodigó un cuidado inteligente.