Historia

DANIEL († 745)

Daniel o, según Beda, Danihel, obispo de los sajones occidentales en Winchester, murió en Malmesbury en 745. Teodoro había recomendado la subdivisión de la enorme diócesis sobre la que Hedda había ejercido jurisdicción episcopal, siendo decretada por el sínodo anual de 704, pero Hedda parece haber estado indispuesto a asumir el cambio, que no se llevó a cabo hasta la consagración de Daniel. Berkshire, Wiltshire, Somersetshire y Dorsetshire fueron entonces constituidas como nuevas diócesis, con Sherborne como su sede y Aldhelm como su obispo, dejando Hampshire, Surrey y Sussex a Daniel. Unos años más tarde (Matthew de Westminster da la fecha de 711), la jurisdicción de Daniel se redujo aún más por el establecimiento de Sussex como diócesis separada, teniendo su sede en Selsea y Eadbert como primer obispo. Como compensación por esta pérdida de territorio, Daniel añadió la Isla de Wight a su diócesis, que había permanecido independiente a cualquier obispado desde su evangelización por Wilfrid, en su conquista por Cædwalla en 686. Daniel, que, al igual que Aldhelm había sido discípulo de Maelduff en Malmesbury, tomó rango entre los obispos más entendidos, enérgicos e influyentes del gran período del desarrollo y actividad misionera de la Iglesia sajona, en la que se echó su suerte, 'Vir in multis strenuissimus.'

Es principalmente conocido como contemporáneo y ayudante literario de Beda, a quien, como Beda registra agradecidamente, ayudó en la compilación de su historia por los materiales sobre Wessex y Sussex y la Isla de Wight y como 'alentador, consejero y corresponsal' del gran Bonifacio, que había sido miembro del monasterio de Nursling, cerca de Winchester, en su misión de llevar el cristianismo a las tribus paganas de Alemania. Cuando Bonifacio, que llevaba todavía su nombre de pila de Winfrido, después de su primera misión fructífera entre los frisones en 716, iba a partir definitivamente de Inglaterra, Daniel le proveyó de 'cartas de recomendación' para todos los reyes, duques, obispos, abades, presbíteros y otros 'hijos espirituales', con los que pudiera encontrarse, encargándoles, según el modelo patriarcal, que le mostraran hospitalidad (Bonifacii Epist. ed. Jaffé, No. 11; ed. Würdtwein nº 1). Hay otras dos cartas de Daniel dirigidas a Bonifacio que 'nos dan una idea de su mente y carácter, mostrando cómo podía aconsejarle y consolarle.' Una de ellas, fechada por Haddon y Stubbs, entre 719 y 722, es un documento de peculiar interés, partes del cual pueden todavía leerse con provecho por los misioneros a los paganos. En la misma, Daniel aconseja a Bonifacio en cuanto a la realización de su misión y le sugiere argumentos contra el politeísmo mediante el método socrático de preguntas, donde su absurdo se hace evidente y se pone de manifiesto el contraste entre cristianismo y paganismo, empleándose con calma y moderación, no exasperando o insultando a los que trata de ganarse. Los argumentos finales de la carta de Daniel se basan en la difusión mundial del evangelio y en el dudoso razonamiento de la mayor felicidad temporal de los cristianos, que disfrutan de tierras fructíferas de vino y aceite, mientras que los países con heladas perpetuas se dejan a los paganos. En el momento de la redacción de esta carta, Daniel estaba débil de salud, por lo que pide las oraciones de Bonifacio para que pueda mejorar de su aflicción corporal. La segunda carta de Daniel fue escrita en un período mucho más tarde (732-745), en respuesta a una de Bonifacio pidiendo su consejo de cómo hacer frente a los malos sacerdotes, solicitando que Daniel le enviara una copia de los seis grandes profetas que habían pertenecido a su maestro, Winbert, antiguo abad de Nursling, escritos en letra grande y clara, adecuados a su defectuosa vista. Por esta carta se sabe que Daniel se había quedado ciego, calamidad en la que Bonifacio le ofrece consuelo adecuado. En su respuesta, escrita por un amanuense, Daniel anima a Bonifacio a soportar sus pruebas, y, aunque ejerza la saludable disciplina en la medida de lo posible sobre su clero, no intente separarse por completo de la relación con lo malo, lo que sería imposible en este mundo, donde la cizaña se mezcla siempre con el trigo. Si tal conducta implica un cierto grado de aparente falta de sinceridad, le recuerda varios ejemplos en los que la simulación temporal y la 'economía' parecen estar, por una buena causa, sancionadas en la Sagrada Escritura. Le agradece por su simpatía y pide sus oraciones, terminando con palabras que manifiestan el profundo amor que existía entre ellos: 'Adiós, adiós, cien veces querido, aunque te escribo por mano de otro.'

Daniel visitó Roma y diez años después de esta visita ayudó en la consagración del arzobispo Tatwine, en 731. Después de la pérdida de su vista, renunció a su sede (744) y se retiró a su antiguo hogar en Malmesbury, donde murió, 'post multiplices caelestis militiae agones' (Flor. Wig.), siendo enterrado en el año 745. Florence de Worcester señala erróneamente que Daniel hizo de Winchester su lugar de retiro. William de Malmesbury habla de una fuente en Malmesbury llamada como el obispo Daniel, por su costumbre en su juventud de pasar noches enteras en sus aguas, con el fin de mortificar la carne. Existe una breve carta escrita, antes de 737, por Daniel a Forthere, obispo de Sherborne, recomendando a un diácono, Merewalch, a quien había ordenado fuera del período canónico.