Historia

DAVID DE AUGSBURGO (c. 1215-1272)

David de Augsburgo nació en esa ciudad hacia 1215 y murió en ella el 9 de noviembre de 1272. Se sabe muy poco de su vida. Fue maestro de novicios en el convento franciscano de Regensburgo, fundado en 1226, y probablemente también en el de Augsburgo tras 1243. Solo o en compañía de su famoso alumno y amigo Bertoldo de Regensburgo, se dedicó a predicar y escribir sus tratados para los novicios. Es difícil señalar cuáles fueron esos tratados, ya que la Epistola fratris David y la introducción en la edición de Augsburgo de 1596, faltan en otros manuscritos y todos los tratados para los novicios se hallan también entre las obras de Buenaventura. De hecho, el primero de esos tratados, De exterioris hominis reformatione, está entre los escritos de Buenaventura con el título De institutione novitiorum y también, en una forma más original, entre las obras de Bernardo de Clairvaux, con el título Opusculum in hæc verba; ad quid venisti?. Por lo tanto es debatible cuánto en esos tratados pertenece realmente a David. El segundo y tercer tratado, De interioris hominis reformatione y De septem processibus religiosi pertenecen indudablemente a David, aunque están también publicados entre las obras de Buenaventura con el título De profectu religiosorum. También a él le pertenece el cuarto libro, hallado en un manuscrito existente en las obras de Buenaventura como De institutione novitiorum. A esos tratados para novicios pertenecen también los dos tratados alemanes Die sieben Vorregeln der Tugend y Spiegel der Tugend, mientras que los otros tratados alemanes atribuidos a David por Pfeiffer son indudablemente espurios. Los dos tratados alemanes son perlas de la prosa alemana; los tratados latinos son ampulosos. Por esos escritos, Preger denominó a David místico. No hay duda que fue místico en tendencia, pero en lo general esa tendencia se aprecia sólo en dos amplias secciones de De interioris hominis reformatione (ix-xv) y de De septem processibus religiosi (xxxv-xli). David es demasiado sobrio para ser un místico; lo que le importa, por encima de todo, son los mandatos prácticos del ejemplo de Cristo, como la mansedumbre, humildad y amor. Durante un tiempo, David fue parte de la Inquisición, reflejándose el fruto de su experiencia en el tratado De inquisitione hæreticorum, en el que se muestra como un hijo de su tiempo. Los herejes son zorros y lobos, que no pueden ser refutados ni combatidos con armas espirituales, sino que han de ser aniquilados, estando permitidas la tortura, la mentira y la traición para darles caza. En la última década de su vida compuso una Exposición de las Reglas de la orden de los franciscanos, en las que intenta mediar entre el cuerpo clerical y la comunidad, aunque se inclina por el punto de vista de la comunidad. Hay que lamentar la pérdida de sus sermones, los cuales vio Johannes Trithemius. Su característica fue un sobrio sentido común, que era enemigo de lo exagerado y falso. Su importancia yace en su actividad como predicador y en su callada obra educativa hacia la siguiente generación de monjes, de los que Bertoldo de Regensburgo fue el más prominente.