Historia

DÍAZ, JUAN (c. 1510-1546)

Juan Díaz, teólogo protestante español, nació en Cuenca hacia 1510 y murió en Neuburg el 27 de marzo de 1546.

Grabado de 1630 que recoge el asesinato de Juan Díaz
Grabado de 1630 que recoge el asesinato de Juan Díaz
Estudió teología en París, donde entró en contacto con las doctrinas de la Reforma. Pasó a Ginebra para conocer a Calvino, como se sabe por cartas de éste, llegando a Alemania donde, en Estrasburgo, hizo profesión en el protestantismo. Bucero lo tomó a su lado en la conferencia de Ratisbona. De ella hizo una relación el amigo oculto de los luteranos en Francia, el cardenal Du-Bellay, a quien pidió recursos, y la misma envió a otros representantes. Su presencia en Ratisbona fue fatal para Juan. Su hermano Alfonso, juruisconsulto de la curia romana, a quien un español le contó el cambio que se había operado en su hermano Juan, se indignó por la ofensa que, a su juicio, había cometido su hermano al apartarse del catolicismo, jurando traerlo de nuevo al redil o acabar con él.

Con esa determinación partió para Alemania en compañía de un criado, buen soldado, y aunque en Ratisbona el amigo de Juan, Senarcleus, no quiso revelar su paradero a aquel español que no dijo ser su hermano, por fin, astutamente, fingiendo querer ser instruido en el protestantismo de su antiguo amigo, que lo había sido en Alcalá, logró que el mismo Bucero lo introdujeses con una carta de presentación. Juan estaba a la sazón en Neuburg, trabajando en editar una obra del mismo Bucero. Alfonso empleó en vano todos los recursos de su saber e influencia para con las autoridades civiles y eclesiásticas, para mover a su hermano a que fuese con él a Roma, donde le obtendría fácil y honrosa reconciliación con la religión de sus padres. Juan, que al principio se ablandó, se empeñó en comunicar la cuestión con Bucero y Ochino. Alfonso no había podido realizar la primera parte de la disyuntiva que jurara y con una sangre fría inconcebible se dispuso a cumplir la segunda y acabar con su hermano. La despedida de ambos fue con lágrimas. Los amigos de Juan presintieron el peligro que corría y acompañaron a Estrasburgo a Alfonso y a su criado. Estos simularon querer continuar rápidamente su viaje a Italia y cuando estuvieron ciertos de que sus importunos compañeros se habían vuelto a su tierra, volvieron a Neuburg, preparándose la retirada para después del atentado. Al llegar donde moraba Juan, el criado de Alfonso entró hasta su cámara y le ofreció una carta de su hermano; mientras la leía, de un hachazo le destrozó el cráneo. Asegurado de su muerte, el criado se unió de nuevo a su amo Alfonso, quien a su vez quiso certificarse bien antes de emprender la fuga de que su propósito se había cumplido. Huyó a continuación, pero los de la ciudad, que enseguida se enteraron del crimen, mandaron emisarios para prenderlo, lo cual ocurrió en Innsbruck. El emperador Carlos V procuró y logró que Alfonso fuera eximido de dar cuentas al brazo secular, por su condición clerical, pasando su caso a la jurisdicción eclesiástica, que le concedió la libertad.

Juan Díaz escribió Christianae religionis Summa (Neuburg, 1546), especie de catecismo, y Anotaciones teológicas.