Historia
DÍAZ, JUAN (c. 1510-1546)

Con esa determinación partió para Alemania en compañía de un criado, buen soldado, y aunque en Ratisbona el amigo de Juan, Senarcleus, no quiso revelar su paradero a aquel español que no dijo ser su hermano, por fin, astutamente, fingiendo querer ser instruido en el protestantismo de su antiguo amigo, que lo había sido en Alcalá, logró que el mismo Bucero lo introdujeses con una carta de presentación. Juan estaba a la sazón en Neuburg, trabajando en editar una obra del mismo Bucero. Alfonso empleó en vano todos los recursos de su saber e influencia para con las autoridades civiles y eclesiásticas, para mover a su hermano a que fuese con él a Roma, donde le obtendría fácil y honrosa reconciliación con la religión de sus padres. Juan, que al principio se ablandó, se empeñó en comunicar la cuestión con Bucero y Ochino. Alfonso no había podido realizar la primera parte de la disyuntiva que jurara y con una sangre fría inconcebible se dispuso a cumplir la segunda y acabar con su hermano. La despedida de ambos fue con lágrimas. Los amigos de Juan presintieron el peligro que corría y acompañaron a Estrasburgo a Alfonso y a su criado. Estos simularon querer continuar rápidamente su viaje a Italia y cuando estuvieron ciertos de que sus importunos compañeros se habían vuelto a su tierra, volvieron a Neuburg, preparándose la retirada para después del atentado. Al llegar donde moraba Juan, el criado de Alfonso entró hasta su cámara y le ofreció una carta de su hermano; mientras la leía, de un hachazo le destrozó el cráneo. Asegurado de su muerte, el criado se unió de nuevo a su amo Alfonso, quien a su vez quiso certificarse bien antes de emprender la fuga de que su propósito se había cumplido. Huyó a continuación, pero los de la ciudad, que enseguida se enteraron del crimen, mandaron emisarios para prenderlo, lo cual ocurrió en Innsbruck. El emperador Carlos V procuró y logró que Alfonso fuera eximido de dar cuentas al brazo secular, por su condición clerical, pasando su caso a la jurisdicción eclesiástica, que le concedió la libertad.
Juan Díaz escribió Christianae religionis Summa (Neuburg, 1546), especie de catecismo, y Anotaciones teológicas.