Historia
DIPPEL, JOHANN KONRAD (1673-1734)

Con energía característica se entregó al servicio de su nueva fe y, tomando la destrucción de la ortodoxia como su misión, entró en una agria polémica que rápidamente le hizo famoso. En 1698 pareció su Papismus Protestantium vapulans, al que siguieron en el curso de los siguientes dos años no menos de 14 escritos controversiales en los que, con diversa habilidad, expuso el mismo tema de moral versus dogma, cristianismo versus eclesiasticismo y ortopraxia versus ortodoxia. Abrazando las ideas de Arnold sobre la historia de la Iglesia, Dippel las llevó a un extremo y sus tratados fueron naturalmente más populares que los pesados tomos de Arnold. Por sus ideas fue perseguido por el clero e incluso por las turbas, quedando su vida amenazada. En 1702 el consistorio le prohibió publicar cualquier escrito de naturaleza teológica. Tras 1704 vivió en Berlín, dedicado a investigaciones sobre alquimia y engañado a la vez por la convicción de que había resuelto el problema de la transmutación. El descubrimiento del azul de Prusia fue resultado accidental de sus estudios. Fue expulsado de Berlín por las maquinaciones de J. F. Meyer, un inveterado enemigo de los pietistas, y huyó a Kösritz, que la princesa del linaje de Reuss había convertido en refugio para los adherentes del nuevo movimiento. De ahí se fue a Holanda, viviendo durante algún tiempo cerca de Ámsterdam y después de 1711 practicó la medicina en Leiden, usando terapéuticamente el aceite conocido por su nombre. Sus intereses teológicos, sin embargo, no quedaron abandonados. Escribió Fatum fatuum (Ámsterdam, 1710) en defensa de la libertad de la voluntad contra las enseñanzas de los cartesianos y en 1714 publicó en Ámsterdam Alea belli Muselmannici. El mismo año se trasladó a Altona, donde vivió hasta 1717 en quietud. Por una imprudente incursión en la política suscitó el odio de altos oficiales de la corte y en 1719 fue condenado a cadena perpetua. El rigor de la sentencia no fue llevado a cabo, aunque durante siete años vivió en semi-confinamiento en la isla de Bronholm dedicado a la práctica de la medicina. Liberado en 1726 fue a Suecia, introduciéndose en la política y siendo utilizado por los nobles como instrumento efectivo contra la jerarquía. Finalmente llegó a ser médico del rey Federico I. En esa posición no olvidó promulgar sus ideas religiosas, que, representadas en forma final en su Vera demonstratio evangelica (Francfort, 1729) y haciendo rápido progreso en el país, provocaron al clero y produjeron su destierro. De regreso a Alemania fijó su residencia en Liebenberg, cerca de Goslar, y continuó sus estudios sobre alquimia. Aunque se abstuvo totalmente de la controversia teológica, el clero le obligó a huir, hallando refugio con el conde de Wittgenstein-Berleburg. Sus últimos años se vieron perturbados por una violenta controversia con Zinzendorf sobre la naturaleza de la expiación.