Historia
DÖLLINGER, JOHANN JOSEF IGNAZ VON (1799-1890)
- Juventud y educación
- Primeras tareas como profesor
- Actividades como apologista católico
- Comienzo de la ruptura con Roma
- Posición bajo el poder temporal
- Se amplía la brecha con Roma
- El Vaticano I y su excomunión
- Relaciones con los antiguos católicos
- Retiro gradual
- Idea final de la Reforma

Ingresó en la universidad de Würzburgo en 1816, entregándose al estudio de la historia, filología y ciencias naturales, especialmente botánica, mineralogía y entomología, rama esta última que siguió de manera exhaustiva durante treinta años. En 1817 escogió el sacerdocio como profesión, influenciado por Eckhart, Werener, Schlegel, Stolberg y Winkelman. En 1818 continuó sus estudios en la facultad teológica de Würzburgo. Por deferencia a su padre estudió derecho en esa universidad en 1819, pero retomó sus estudios teológicos en Bamberg en el otoño de 1820, continuándolos hasta la Pascua de 1822. El 22 de marzo de ese año fue ordenado sacerdote. Su ideal de vida en ese momento no era la enseñanza, sino ejercer su sacerdocio en un lugar rural, con suficientes ingresos para la formación de una biblioteca y con la oportunidad de estudiar. En consecuencia fue capellán en Marktscheinfeld, en Mittelfranken.
Primeras tareas como profesor.
En noviembre de 1823 fue nombrado profesor de historia de la Iglesia y derecho canónico en el liceo de Aschaffenburg. Aquí dio comienzo a su obra Die Eucharistie in den drei ersten Jahrhunderten (Maguncia, 1826), considerada modélica y a causa de la cual recibió un doctorado en teología por la facultad de Landshut. En el otoño de 1826 fue designado para un profesorado de historia de la Iglesia y derecho canónico, en la nuevamente abierta universidad de Munich. Allí entró en amistad con Franz von Baader y en 1827 con Görres. Tanto Baader como Görres creían que era necesaria una publicación que promoviera los intereses católicos, por lo que Döllinger comenzó una actividad periodística. Un poco más tarde, se dedicó de nuevo a su historia de la Iglesia, apareciendo porciones de la misma desde 1833 a 1838. En 1836 visitó Inglaterra, país por el que sintió gran simpatía a lo largo de su vida. Año tras año tuvo una colonia de jóvenes estudiantes ingleses bajo su techo. En 1837 fue nombrado bibliotecario principal de la universidad y en 1838 miembro de la Academia de Ciencias, donde su alocución inaugural la tituló Muhammed's Religion. Hacia ese tiempo comenzó a reunir material para una historia de las herejías de la Edad Media, haciendo viajes a Holanda, Bélgica y Francia.
Actividades como apologista católico.
Cuando en 1838 el rey Luis I ordenó a todos los soldados arrodillarse ante la hostia, los protestantes intentaron quedar exentos por causas de conciencia, pero el rey permaneció firme, alegando que doblar la rodilla era un acto meramente militar. Döllinger publicó varios artículos sobre la cuestión, al principio anónimamente, que provocaron duras respuestas de los protestantes y no fueron totalmente aceptables para los católicos. Su obra sobre la Reforma (Die Reformation ihre innere Entwicklung und ihre Wirkungen, 3 volúmenes, Regensburgo, 1846-48) recibió poca atención en los tormentosos años de 1847 y 1848. En 1853 publicó en Regensburgo Hippolytus und Kallistus. Döllinger era considerado en aquellos años un ultramontano, aunque él mismo se expresó en contra de tal caracterización, teniendo de hecho razón, si se entiende por tal término el sistema jesuita. Ese sistema nunca lo entendió.
Comienzo de la ruptura con Roma.
En 1843 Harless aireó sus ideas sobre la controversia acerca de la inmaculada concepción de María y Döllinger respondió que la Iglesia permitía una diferencia de opinión, en una cuestión sobre la que no había nada revelado. Sus oyentes le obsequiaron con una alocución sobre su nacimiento y en su agradecida respuesta habló de la importancia de un catolicismo alemán, o Iglesia nacional, señalando que su misión sería la conservación del saber teológico. En su pensamiento, la misión principal de él y sus amigos era no sólo mantener la libertad de fe y conciencia sino también la independencia de la Iglesia y el Estado, con una base similar para todas las organizaciones religiosas. La oposición en su contra, que comenzó en 1849, por sus tendencias nacionales eclesiásticas nunca menguó. El arzobispo de Munich, conde Reisach, un jesuita erudito, le denunció, siendo contemplado en Roma con la mayor desconfianza.
Posición bajo el poder temporal.
Mientras tanto, Döllinger había proyectado una historia de la Iglesia exhaustiva, recopilando material para una historia de los papas. En 1857 apareció en Regensburgo Heidenthum und Judenthum, Vorhalle zur Geschichte des Christenthums y en 1860 Christenthum und Kirche in der Zeit der Grundlegung. Además se ocupó de una historia de las herejías de la Edad Media y tras muchos viajes a Italia la elaboró a partir de amplias fuentes. En 1857 hizo finalmente su planeado viaje a Roma. Los intentos de los italianos para reunificar Italia le parecían un despropósito. Incluso Napoleón III estaba en declive. Sin un Estado eclesiástico, el control de la Iglesia parecía imposible, insistiendo los jesuitas en la necesidad de tal Estado como parte de la fe católica. En Pascua de 1861 ciertas damas de la nobleza le pidieron que dijera algo sobre la situación. Su respuesta fueron sus alocuciones Odeon, en las que evaluaba la caída del Estado papal. El nuncio abandonó la sala en mitad del discurso y el mundo católico quedó conmocionado. A Napoleón se le entregó la esencia de las alocuciones vía telegráfica. Döllinger las publicó con una introducción explicativa en Kirche und Kirchen, Papstthum und Kirchenstaat (Munich, 1861), siendo apaciguado el mismo Pío IX por el favorable tratamiento que recibía en la obra. Mientras tanto, estalló un severo conflicto entre los jesuitas y los teólogos alemanes. Ningún teólogo o filósofo no escolástico fue aceptado como de confianza, ni facultad teológica como católica si no era jesuita.
Se amplía la brecha con Roma.
Muchos teólogos alemanes consideraron que era necesaria una conferencia de eruditos, siendo Döllinger inducido a impulsar la convocatoria. Por supuesto, costó indecible trabajo realizarla, pero el 28 de septiembre de 1863 Döllinger inauguraba la conferencia, con su celebrada alocución Die Vergangenheit und Gegenwart der katholischen Theologie. Fue la señal del estallido de una tormenta por parte de los jesuitas contra Döllinger, haciéndose evidente que la reconciliación entre ellos y la teología alemana parecía imposible. La brecha se amplió rápidamente entablándose un combate dialéctico, en el que participó el órgano de los jesuitas en Roma. En el Syllabus de 1864 las alocuciones de Döllinger fueron prohibidas. No menos objetable fue su Papstfabeln des Mittelalters (Munich, 1863), en el que criticaba la Donación de Constantino y declaraba hereje al papa Honorio, lo que fue considerado un ataque directo a la infalibilidad papal. En agosto de 1866, el amigo de Döllinger, el obispo Weis de Spira, escribió a Roma afirmando que últimamente había surgido en Munich una escuela de teólogos que intentaba rebajar la autoridad y gobierno de la sede apostólica, oponiéndose especialmente a la doctrina de la infalibilidad papal. El arzobispo Manning de Londres escribió el 25 de febrero de 1866 a Roma, que Döllinger estaba escribiendo contra las prerrogativas de la sede romana. El arzobispo Scherr de Munich consideró que la mejor solución sería que Döllinger muriera del ataque de neumonía, que por entonces estaba sufriendo.

Nada definido ante la proximidad del concilio Vaticano se supo hasta que Civiltà Cattolica, en febrero de 1869, levantó la cortina a través de la correspondencia del cardenal Antonelli. Entonces Döllinger tomó de nuevo su pluma y publicó en Allgemeine Zeitung de Augsburgo una serie de artículos recopilados en agosto en un libro, Der Papst und das Konzil, bajo el pseudónimo de Janus. Se oponía al papa y al concilio, mostrando la obra tal conocimiento de la historia papal que inmediatamente se sospechó que el autor no podía ser otro que el mismo Döllinger. Al mismo tiempo publicó las denominadas Hohenlohen Tesis, siguiendo poco después su anónimo Erwägungen für die Bischöfe des Konzils über die Frage der Unfehlbarkeit, traducido simultáneamente al francés y enviado a los obispos. El cardenal Schwarzenberg exhortó a Döllinger para que al menos asistiera al concilio en calidad de individuo privado, pero él prefirió quedarse en Munich, donde publicó regularmente en el Allgemeine Zeitung Briefe vom Konzil, basado en material que se le proporcionaba desde Roma, siendo cada uno de los artículos una bomba en el Vaticano. Einige Worte über die Unfelhbarkeitsaddresse y Die neue Geschäftsordnung im Konzil fueron artículos por los que fue denominado hereje. El obispo Ketteler de Maguncia y otros obispos de la minoría, le escribieron una carta abierta rogándole que guardara silencio. Él se amoldó y el 18 de julio de 1870 la infalibilidad del papa y su episcopado universal fueron declarados artículo de fe. Döllinger rehusó abandonar lo que había enseñado y el 18 de abril de 1871 el arzobispo Scherr, quien había sido oponente de la infalibilidad en el concilio, hizo que su excomunión se proclamara desde la cancillería. Döllinger reconoció el hecho de la excomunión, pero la denunció como injusta y por lo tanto vacía. Se consideró a sí mismo y a sus asociados como católico romano, oponiéndose a la organización de una Iglesia separada, pero pronto unió su suerte a la de los antiguos católicos.
Relaciones con los antiguos católicos.
Para Döllinger estaba claro que la Iglesia de Roma ya no podía ser la Iglesia católica concebida por Cristo y descrita por San Pablo. El más alto propósito del desarrollo cristiano había de ser unir la dividida comunidad cristiana. Estos pensamientos, que habían sido por largo tiempo cavilados por Döllinger, los expresó públicamente, elaborando con algunos de sus amigos antiguos católicos siete discursos sobre Wiedervereinigung der christlichen Kirche (Munich, 1888). Asistió al segundo congreso de antiguos católicos en Colonia en el otoño de 1872, donde se organizaron conferencias por la unidad en 1874 y 1875, en Bonn, bajo la dirección de Döllinger. Mientras tanto, estaba a la espera de la actitud que tomarían las autoridades eclesiásticas, pero pronto descubrió que 'la indolencia y las consideraciones políticas no permitían a las autoridades eclesiásticas hacer nada.' Sin embargo, se consoló a sí mismo con el pensamiento de que, al menos, había renovado la idea de una unión entre todas las comuniones cristianas. Tomó parte en todas las cuestiones difíciles y pesadas de las sesiones del comité reunido en Munich de los antiguos católicos.
Retiro gradual.
Su posición a la cabeza de la universidad, donde en la celebración de su cuatrocientos aniversario (1872) había sido una brillante figura, junto con sus deberes en la Academia de Ciencias, le demandaban gran energía, de modo que gradualmente su edad comenzó a hacerse sentir. En 1873 fue designado presidente de la Academia. Pronunció sus clases académicas, hablando hasta dos meses antes de su muerte, que ocurrió a la edad de noventa años, con su acostumbrado vigor físico e intelectual sobre la caída del poder temporal. Finalmente, comenzó a retirarse de todas sus actividades. Con la ayuda del profesor Reusch publicó una edición de la autobiografía de Bellarmino (Bonn, 1887) que había tenido largo tiempo a mano y su Jesuítica, bajo el título Geschichte der Moralstreitigkeiten in der römisch-katholischen Kirche seit dem sechszehnten Jahrhundert mit Beiträgen zur Geschichte und Charakteristik des Jesuitenordens (2 volúmenes, Nördlingen, 1889); poco después de su muerte apareció Beiträge zur Sektengeschichte des Mittelalters (2 volúmenes Munich, 1890), su Akademische Vorträge publicado en 3 volúmenes, Nördlingen, 1888-91 y su Kleinere Schriften, Stuttgart, 1890.
Idea final de la Reforma.
Al final Döllinger entendió mejor cómo apreciar a Lutero 'ese titán del mundo espiritual'. Cuando en 1851 escribió su resumen de Lutero sólo había leído unas pocas de sus obras. Más tarde las estudió todas, modificando grandemente sus anteriores apreciaciones. Los sucesos de 1870 le permitieron captar una idea más profunda. En una alocución académica (1882) sobre la Reforma hizo esta confesión: 'Debo admitir que durante una gran parte de mi vida, lo que ocurrió en Alemania desde 1517 a 1552 me fue un enigma impenetrable y más aún motivo de tristeza y dolor. Sólo captaba el hecho de la separación, las dos mitades de la nación, divididas por un duro corte de espada, permaneciendo hostiles entre sí. Desde que he examinado más profundamente la historia de Roma y de Alemania en la Edad Media y desde que las experiencias de estos últimos años han iluminado los temas de mi investigación, ahora creo que entiendo lo que era tan enigmático y reverencio los caminos de la Providencia, en cuya poderosa mano la nación alemana fue un instrumento, un vaso en la casa de Dios y no uno de deshonra.'