Historia
DOMINGO DE GUZMÁN (1170-1221)

Después que Diego había vuelto a su diócesis murió en 1207, asumiendo Domingo la continuidad de la obra con celo y energía. Introdujo la regla agustina y las observancias estrictas en el convento de Prouille. En 1208, Pedro de Castelnau fue asesinado e Inocencio III proclamó una cruzada contra los albigenses. Domingo parece que no tomó parte, sino que continuó su tarea en el antiguo espíritu, apoyado por el alto clero. Rechazó varios obispados que le fueron ofrecidos, para permanecer entregado a su misión, sintiéndose llamado a dedicar su vida entera a mostrar que la Iglesia tenía un corazón para los descarriados que se habían alejado del rebaño. En 1215 el obispo Fulco de Toulouse designó que una sexta parte de los diezmos diocesanos fuera dedicada a apoyar la obra, llevando a Domingo a Roma para el concilio de Letrán, a fin de conseguir la confirmación del papa para la fundación de la nueva orden. El concilio acababa de dictaminar contra la multiplicación de órdenes e Inocencio, mientras ponía el convento de Prouille bajo su protección, aconsejó a Domingo que escogiera alguna regla ya establecida para sus asociados. Tras su regreso, decidió que la regla agustina sería la elegida con las instituciones de los premonstratenses. La nueva fraternidad sería una sociedad no de monjes, sino de canónigos regulares, con el propósito especial de defender la fe y combatir la herejía mediante la predicación (de ahí el nombre oficial, ordo prædicatorum, 'orden de predicadores'. Domingo reconoció la necesidad de prepararse para ese fin y envió a seis compañeros, que no tenían instrucción técnica, a la escuela teológica en Toulouse.
Su nueva orden.
Estuvo en Roma desde septiembre de 1216 a Pascua de 1217, obteniendo de Honorio III la confirmación de su nueva orden. Según la bula, no era originalmente una orden mendicante, sino adherida a la antigua concepción del voto de pobreza que prohibía la posesión individual, pero no la colectiva. Al principio no se distinguió de los antiguos canónigos regulares por asumir un carácter universal; se necesitaron varios años, antes de que los breves del papa instruyeran a los arzobispos, obispos y otros prelados para que permitieran a los hermanos predicar en sus diócesis, asumiendo la cura de almas y escuchando confesiones. En la fiesta de la Asunción de 1271, Domingo envió a sus asociados en todas direcciones. Puso sus ojos especialmente en los tres centros de la vida intelectual: París, Roma y Bolonia. Matthew Paris fue con siete hermanos a París, donde ocupó el monasterio de San Jacques en 1218 (de ahí el nombre popular francés para la orden, jacobinos). Domingo fue a Roma, con algunos de sus jóvenes discípulos y envió dos hermanos a Bolonia en 1218. Dos más se quedaron en Prouille y dos en Toulouse; cuatro fueron a España, donde tuvieron poco éxito. No fue hasta que el fundador mismo visitó España (1218) que dos casas, una para hombres en Sevilla y otra para mujeres en Madrid, pudieron ser fundadas. En una visita a París en 1219 encontró a treinta hermanos, incrementándose el número cinco años más tarde a ciento veinte. Hacia finales de ese año fue de nuevo a Roma, donde el papa le encomendó la difícil tarea de congregar en un convento a todas las monjas dispersas que estaban viviendo sin claustro en Roma. Apoyado por el cardenal Hugo de Ostia, posterior Gregorio IX, logró su empeño, fundando el convento de San Sixto para ellas, mientras que él y sus compañeros ocupaban el monasterio de Santa Sabina, cerca del palacio papal. Esta proximidad hizo que Domingo supiera de la vida descuidada que llevaban los criados papales, que pasaban su tiempo bebiendo y jugando; los tomó y les dio conferencias espirituales regulares. De este hecho surgió la leyenda de que el papa le nombró magister sacri palatii, un oficio cuya existencia es demostrable por vez primera bajo Gregorio IX, aunque posteriormente le sería conferido regularmente a los dominicos; adquirió gran importancia en el tiempo de León X, al ostentar además el cargo de censor oficial de libros.
El primer capítulo general de la orden tuvo lugar en Bolonia en 1220, cuando se convirtió en orden mendicante, al renunciar a todas las propiedades e ingresos. Aunque su fundador murió imprecando solemnemente a los que introdujeran posesiones temporales en su orden, el voto de pobreza nunca fue llevado hasta el extremo, escapando de las disensiones que sacudieron a los franciscanos por esta cuestión. No se puso objeción contra la posesión de iglesias y conventos, aunque las constituciones más antiguas (1228) prescribían que debían ser pequeñas y sencillas. Una concepción más laxa de la pobreza no tardó en abrirse paso; aunque las constituciones posteriores excluían todavía formalmente possessiones et reditus, la prohibición no se observó, abrogándola Martín V en 1425 para ciertas casas y Sixto IV en 1475 y 1477 para toda la orden.
Su constitución.
Tras un viaje por el norte de Italia, Domingo regresó a Bolonia, donde ganó para la orden al maestre Conrado, primer provincial de Alemania. Su último viaje a Roma fue en el invierno de 1220-21, decidiendo que las asambleas futuras deberían ser anuales, alternadamente en París y Bolonia, una provisión que cayó en desuso. En este capítulo, si no antes, se completó la constitución. Distinguía claramente la orden de las antiguas. Es una organización piramidal, donde hay un maestre general, de más poder que los abades generales de las organizaciones anteriores. En conformidad con el carácter universal de su misión, se omitió el voto de stabilitas loci y el de obediencia es hecho inmediatamente al general, quien es escogido de por vida por el capítulo general y selecciona sus propios socii o consejeros. Cada provincia está gobernada por un prior provincial, escogido por cuatro años por el capítulo provincial, que también nombra cuatro ayudantes, como representantes del cuerpo total. Cada casa escoge su propia cabeza, llamada prior. Las decisiones del capítulo general tienen fuerza de ley, cuando han pasado por dos capítulos sucesivos. Tras el capítulo de 1221, Domingo realizó un viaje más por el norte de Italia, llegando hasta Venecia y regresando a Bolonia, donde murió. En ese momento la orden contaba con sesenta casas, divididas en ocho provincias: Toulouse, Provenza, Francia, Roma, Lombardía, España, Inglaterra y Alemania. Domingo fue enterrado en la iglesia de San Nicolás en Bolonia, en presencia del cardenal Hugo de Ostia, poco después papa Gregorio IX, quien le canonizó en 1234. Su tumba fue luego embellecida por Niccolò Pisano y Miguel Ángel.
Es difícil llegar a una caracterización satisfactoria de Domingo. No dejó obras escritas y sus biografías, que están llenas de milagros, no intentan reflejar las características distintivas de su personalidad. Indudablemente fue un carácter noble. En su vida claramente destacan la piedad sincera, e igualmente la sincera creencia en la verdad de las enseñanzas y afirmaciones de la Iglesia, la tierna simpatía hacia todos, tanto herejes como ortodoxos, severidad en auto-disciplina y asombrosa energía.