Historia

DUGDALE, RICHARD

Richard Dugdale, el endemoniado de Surey, nació alrededor de 1660 y era hijo de Thomas Dugdale de Surey, cerca de Whalley, Lancashire, jardinero, y sirviente de Thomas Lister de Westby en Yorkshire.

Richard Dugdale
Richard Dugdale
En 1689 (o según otro relato hacia 1694), cuando tenía unos dieciocho años de edad, fue a las fiestas de Whalley, emborrachándose, peleándose y compitiendo con uno de los juerguistas en el baile, ejercicio en el que consideraba que destacaba. Al regresar a casa de su amo profesó haber visto apariciones, y al día siguiente, estando enfermo y acostado, declaró que había quedado alarmado por la apertura de la puerta y la entrada de neblina, seguido por varias apariciones sobrenaturales. Al sufrir ataques violentos, Dugdale dejó el lugar y se fue a su casa, siendo llamado un médico, ya que los ataques continuaban y aumentaban. El padre de Dugdale llamó a Thomas Jolly, ministro expulsado de Altham, que con ocho o nueve ministros no conformistas se reunieron casi todos los días en la casa y se esforzaron por exorcizar al demonio, que Dugdale afirmaba lo poseía, mediante la oración, el examen y el ayuno, pero sin resultado durante al menos un año. Mientras tanto, la fama de Dugdale se difundía en el exterior, siendo visitado por varios miles de personas, haciendo algunas de ellas declaraciones de su extraña condición ante Lord Willoughby y otros magistrados. Se afirmaba que predijo sucesos futuros, hablaba idiomas de los cuales era ignorante y a veces con dos voces al mismo tiempo era rudamente blasfemo o predicaba sermones, estando poseído de una fuerza extraordinaria; en ocasiones era 'tan ligero como una bolsa de plumas y otras tan pesado ​​como el plomo', vomitando una gran escobilla de pelo y haciendo otras cosas portentosas. Baxter y Mather quedaron tan impresionados que quisieron citar su caso en sus obras sobre brujería; pero se dice que el juez Holt descubrió que todo el asunto era un embuste. Dugdale parece haber sido histérico y con la ayuda de sus relaciones se aprovechó de la credulidad de sus visitantes. Se escribieron varios tratados, denunciando algunos que todo era un truco y apoyando otros la teoría de su posesión demoníaca. Después del lapso de más de un año los ataques lo abandonaron y hasta 1697, cuando se supo de él por última vez, solo había tenido uno sin importancia.