Historia

DURERO, ALBERTO (1471-1528)

Alberto Durero, pintor, dibujante y grabador alemán, nació en Nuremberg el 21 de mayo de 1471 y murió en esa ciudad el 6 de abril de 1528.

Alberto Durero, autorretrato
Alberto Durero, autorretrato
Pertenecía a una familia húngara, llamada Ajlos, nombre derivado de la palabra Ajlo, que significa puerta. Al establecerse Alberto Ajlos (o Alberto Durero el viejo, padre del artista) en Nuremberg, germanizó su nombre, llamándose Thürer o Dürer y adoptando la profesión de platero, en lugar de la cría de caballos a la que se había dedicado su familia en las altas praderas de Hungría. Después de haber residido algún tiempo en los Países Bajos, llegó el futuro padre de Alberto a Nuremberg en 1455, entrando al servicio del maestro platero Jerónimo Holper, con cuya hija Bárbara se casó en 1467, obteniendo al mismo tiempo la maestría del gremio y la patente de ciudadano de la próspera y libre ciudad del sacro Imperio. Era Nuremberg en aquel entonces emporio del comercio y de las artes y centro de las corrientes que desde las ciudades hanseáticas se dirigían a la poderosa Venecia, señora del comercio de oriente. Fruto de la unión de Alberto Dürer con Bárbara Holper nacieron 18 hijos, siendo el tercero el que debía ser el gran artista, cuyas obras encarnan los ideales y creencias del pueblo alemán, y cuyo género debía influir perennemente en la creación artística de sus compatriotas. Después de haber aprendido las primeras letras, comenzó Alberto Durero su carrera artística, trabajando en el obrador de su padre, habiendo patentes sus rápidos progresos en un hermoso autorretrato trazado a la mina de plata, que se conserva en la colección Albertina de Viena; según se desprende del autógrafo de Durero, escrito en la misma hoja, contaba trece años cuando supo fijar su enérgico semblante cruzado por los melancólicos pliegues de la boca. El 30 de noviembre de 1486 ingresó en el obrador del famoso pintor Michael Wolgemut, en el que además de la pintura de retablos, se ocupaban numerosos discípulos y ayudantes en la ilustración de libros, multiplicados por la ya pujante imprenta, y en la talla de esculturas de adorno, marcos, cofres y muebles de cierto valor suntuario.

Después de tres años de labor oscura, pudo abandonar Durero el obrador de su maestro, emprendiendo un viaje de estudios, que duró cuatro años (1490-1494), y acerca del cual se conocen pocos pormenores. Se sabe que estudió en Alsacia las obras de Martin Schongauer y que, en caso de ser cierto que hubieses permanecido algún tiempo en Basilea (según se quiere deducir de un autógrafo descubierto al dorso de un bloque de madera grabada), también resultaría demostrado que en este primer viaje había visitado Italia. A su regreso a Nuremberg, se casó, el 7 de junio de 1494, con Inés Frei, hija de un notable ciudadano de la ciudad. Durero nada menciona en su crónica de familia que confirme la afirmaciones de Pirkheimer, íntimo amigo del gran artista, y si bien es posible que no fuese Inés la compañera ideal de un profundo pensador como Durero, quizá la admiración del amigo convirtió en defectos las modestas dotes caseras de la esposa, señalándolas como el estorbo principal para la producción de las elevadas obras que deseaba Pirkheimer fuesen la única preocupación de Durero. La atención creciente que le dedicó el gran pintor al grabado, se explica por la rapidez de este procedimiento para la obtención de una idea gráfica y por los rápidos progresos de la imprenta, en una época en que Alemania atravesaba una crisis intelectual decisiva. No es, pues, necesario imitar a Pirkheimer, atribuyendo a la codicia de la esposa de Durero la prodigiosa labor del gran artista, su preferencia por el grabado y la profunda melancolía que atesoran la inmensa mayoría de sus obras y muy especialmente las producidas a fuerza de un intenso trabajo intelectual. En cambio, es completamente inexacta la aserción de los biógrafos que ponderan la hermosura de Inés Frei, bastando la contemplación de los dibujos que se conservan en la Biblioteca Imperial de Viena y en el gabinete de grabados de Berlín, para convencerse de cuán gratuita resulta dicha suposición.

Retrato de la madre del artista, por Alberto Durero
Retrato de la madre del artista, por Alberto Durero
Modelo de hijos, vivió Durero largo tiempo (aun después de haberse casado) en compañía de su padre y al morir éste (1502), no sólo recogió a su madre († 1514), sino que cuidó de la educación artística de su joven hermano Hans. En 1494 trabajó Durero en Wittenberg, por cuenta del gran elector de Sajonia, Federico el Sabio, decorando el palacio, obra en la que también estaba ocupado el veneciano Jacobo de Barbari, cuya refinada técnica introdujo la noción de las proporciones del cuerpo, ajustadas a cánones estéticos, en la ejecución enérgica y espontánea del gran artista alemán. Al mismo tiempo, el italiano le demostró la indispensable necesidad de estudiar el desnudo. Después de haber ejercido el cargo de pintor de cámara del emperador Maximiliano de Austria, desde 1500 a 1504, emprendió un viaje a Venecia en 1506, trabajando por cuenta de los ricos mercaderes alemanes establecidos en la ciudad del Adriático, en la decoración del Fondao dei Tedeschi. La composición principal representaba la fiesta del Rosario; este cuadro, en el que compendió Durero la magnificencia de la pintura veneciana con la resonada disposición sugerida por el pensamiento germánico, se conserva en lastimoso estado en el convento premonstratense de Strahow, en Praga. La obra que mereció la alabanza del anciano Bellini, las visitas del dux y del patriarca, el cuadro que provocó los tentadores ofrecimientos de la Signoria, para que Durero se estableciese en Venecia y que fue adquirido por el emperador Rodolfo II, y llevado a hombros como una reliquia, hasta Praga, fue torpemente repintada por un oscuro iconoclasta, siendo necesario recurrir a la contemplación de la copia antigua que posee la Galería Imperial de Viena, para comprender lo que pudo ser la Virgen del Rosario. Otras obras importantes pintó Durero durante su permanencia en Venecia (Jesús entre los doctores, la Virgen llamada del Canario, un hermoso retrato de hombre joven, el de una joven rubia y quizá el autorretrato de Munich. Desde Venecia se mantuvo Durero en constante comunicación epistolar con Pirkheimer y de la lectura de sus cartas se desprende que, si bien gozaba en Venecia de toda clase de consideraciones ("Aquí", decía en una de su cartas, "soy un señor, mientras que ahí" (en Nuremberg) no soy más que un parásito), pudo más el amor a su país natal, regresando a Nuremberg, después de haber visitado Bolonia, cuando se encaminaba a Mantua para honrar con su visita los últimos días de Mantegna; la muerte de este gran artista detuvo el curso del viaje de Durero, en la primavera de 1507. De los años que siguieron a su nueva instalación en Nuremberg, datan las mejores obras pictóricas de Durero: Adán y Eva (Museo del Prado, Madrid), la Virgen del iris (Colección Cook, Richmond y Museo de Praga), Martirio de los diez mil mártires de Nicomedia (obra pintada por encargo del gran elector de Sajonia, ejecutada con la más escrupulosa minucia; la Asunción de la Virgen, retablo ejecutado por encargo del donador Jacob Heller, de Francfort, obra destruida por el fuego en 1674, de la cual sólo se conserva una copia y los estudios preparatorios, y finalmente (1511) la Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos, pintada para un asilo de Nuremberg. Al mismo tiempo grabó (en madera) Durero las dos series de la Pasión Grande, la Vida de la Virgen (1511), la segunda edición del Apocalipsis y los grabados la Misa de San Gregorio, San Cristóbal, San Jerónimo, La Sagrada familia (dos variantes) y la serie de 37 asuntos de La Pasión (colección llamada por su pequeña dimensión La Pasión pequeña). En 1512, grabó en cobre 15 composiciones del propio asunto. En 1513 y 1514 se publicaron las geniales obras llamadas El Caballero y la Muerte, El Ángel de la Melancolía y San Jerónimo en su retiro, que a su altísimo valor gráfico unen la mayor profundidad de concepción, suponiéndose que representan las virtudes morales, intelectuales y teológicas.

Philipp Melanchthon, grabado de Alberto Durero, 1526
Philipp Melanchthon, grabado de Alberto Durero, 1526
En estos dibujos es manifiesta la influencia de los grandes maestros italianos; la destruida estatua de Francesco Sforza, el rostro del caballero semejante al de Bartolomé Colleoni y muchas otras particularidades, demuestran cuán útil fue para Durero su permanencia en Venecia. Mientras ejecutaba esos trabajos (algunos de los cuales había comenzado largo tiempo antes) estudiaba las proporciones del cuerpo humano y resolvía algunos problemas de fortificación y matemáticas, a semejanza de lo que había hecho en Italia el gran Leonardo. El último cuadro pintado con seguridad hacia 1612 fue La Virgen y el Niño, que se conserva en la Galería Imperial de Viena, siendo más difícil aceptar como obras de Durero, según el aspecto que hoy ostentan, los retratos de Carlomagno y de Segismundo. Algo más tarde pintó las cabezas de los apóstoles Santiago y Felipe, dos cabezas de niño, La Virgen del clavel y el retrato de Wolgemut. Entre 1516 y 1520 grabó varias composiciones, siendo las principales San Antonio, con la vista de Nuremberg, varias Vírgenes, los apóstoles Tomás y Pablo y una colección de proyectos de festejos y carros triunfales por encargo del emperador Maximiliano. La muerte del monarca y la declaración de una epidemia en Nuremberg decidieron el viaje de Durero a los Países Bajos, tanto para procurar obtener la protección del nuevo emperador (Carlos V) y de la poderosa regente Margarita, como para huir de la enfermedad reinante. Le acompañó su mujer, dirigiéndose por el curso del Rin a Colonia y luego a Amberes; asistió a la coronación de Carlos V en Aquisgrán y visitó, además, Bois-le-Duc, Bruselas, Brujas y Gante. Por el diario redactado por Durero, que permite seguir sus pasos durante el viaje, se aprecia el interés con que siguió el artista y pensador el movimiento de la Reforma. En el otoño de 1517 se quedó en Bamberg y en el verano de 1518 fue a Augsburgo, donde se encontró con Lutero. Durero se convertiría en un seguidor de la doctrina protestante.

El 12 de julio de 1521 regresó Durero a Nuremberg, dedicándose casi exclusivamente a estudiar y componer escenas religiosas, de las que sólo ejecutó una Virgen y el Niño, y los apóstoles Juan, Pedro, Pablo y Marcos. Durante los últimos años de su vida grabó los retratos de Wilibald Pirkheimer, Erasmo, Melanchthon, Federico el Sabio y el cardenal elector de Maguncia, publicando varias obras de perspectiva o proporciones y fortificación. Minadas sus fuerzas por un trabajo incesante y por unas fiebres malignas contraídas en los canales de los Países Bajos, murió de manera tan imprevista que no pudieron cerrarle los ojos sus amigos más queridos.

La consideración que disfrutó en vida Durero es sólo comparable a la que disfrutaron Leonardo o Rafael, ensalzado no sólo por sus compatriotas sino también por todos los artistas de la Europa culta.