Historia

EBRARD, JOHANN HEINRICH AUGUST (1818-1888)

Johann Heinrich August Ebrard nació en Erlangen, Alemania, el 18 de enero de 1818 y murió allí el 23 de julio de 1888.

Johann Heinrich August Ebrard
Johann Heinrich August Ebrard
Vida estudiantil y primeras clases.
Su padre procedía de una familia de refugiados franceses y fue predicador de la Iglesia reformada francesa en Erlangen. A edad temprana Augusto demostró extraordinaria capacidad y vivacidad de mente. Asistió al gymnasium de su ciudad natal y comenzó el estudio de teología en la universidad en 1835 bajo Olshaussen, Höfling, Krafft, Hofmann y Harless. Su gran vivacidad mental le indujo a estudiar casi todas las ramas de la ciencia y el arte humano, aunque sin dejar los placeres y atractivos de la vida estudiantil. Desde 1838 a 1839 estudió en Berlín, donde se sintió especialmente atraído por el filósofo Steffens. También escuchó a Hengstenberg, Neander, Twesten, Marheineke, Strauss, Hengstenberg, Trendelenburg y otros. Tras su examen en 1839 aceptó una posición como tutor privado y posteriormente se estableció en la facultad filosófica en Erlangen, enseñando en 1842 sobre la relación de la filosofía con la teología. En el mismo año pasó a la facultad teológica y enseñó sobre Antiguo y Nuevo Testamento y sobre la Reforma en Suiza. Al mismo tiempo escribió una completa obra sobre la crítica de la historia de los evangelios (Francfort, 1842) que le hizo famoso y le situó en primera fila de los oponentes de D. F. Strauss.

Profesor en Zurich y Erlangen.
En 1844 aceptó una invitación de la universidad de Zurich, donde defendió el cristianismo positivo y bíblico contra el radicalismo de Strauss y fundó un periódico semanal con ese propósito, Die Zukunft der Kirche, que, sin embargo, fue interrumpido en 1847. Sus clases fueron fructíferas, pero sus relaciones con sus colegas radicales y las autoridades educativas se hicieron tan tensas que regresó a Erlangen en 1847, para una cátedra independiente de teología reformada que se había creado. En su tierra natal desarrolló sus polifacéticas facultades hasta la madurez.

Consejero del consistorio.
Se entregó a sus clases, atrayendo grandes cantidades de estudiantes y tratando principalmente de dogmática, pero también de Antiguo y Nuevo Testamento y teología práctica. Fundó Reformierte Kirchenzeitung y tomó parte activa en todos los movimientos de la vida eclesiástica y política, en misiones domésticas y obras caritativas. De esta obra estimulante fue súbitamente sacado por un nombramiento como consejero del consistorio y principal predicador en Spira (1853).

El nuevo catecismo e himnario.
Ebrard consideró ahora su meta restaurar la Iglesia del Palatinado el antiguo sistema presbiteriano de gobierno, que había sido derribado en 1848 "por una subversión democrática y por una oligarquía eclesiástica" y dar a esta Iglesia un catecismo e himnario acorde con su fe. La cuestión del catecismo se suscitó en el sínodo general de 1853 y Ebrard logró reemplazar el antiguo catecismo de 1818 por una compilación del Catecismo de Heidelberg y el Catecismo Menor de Lutero, estableciendo la Augustana variata de 1540 como la confesión de la Iglesia en el Palatinado. La constitución de la Iglesia también se discutió en el sínodo. La constitución aristocrática de 1818 fue restaurada, pero se concedió a los liberales que el número de los miembros seculares de los sínodos diocesanos debería ser casi igual al número de pastores. La introducción de un nuevo himnario, sin embargo, fue mucho más difícil de efectuar. La oposición en la Iglesia procedió principalmente de los antiguos racionalistas. El pueblo, que estaba saturado de las ideas liberales de 1848, relacionó la introducción del nuevo himnario ortodoxo con la jerarquización, pero el sínodo general de 1857 se puso de parte del consistorio y decidió que el libro debería ser aceptado. Sin embargo, los presbiterios no fueron obligados a aceptarlo hasta que otro sínodo, celebrado en 1861, fijara un tiempo definido en el que la introducción fuera obligatoria. La mayoría de las congregaciones aceptaron el himnario y la paz se habría establecido si el consistorio no hubiera cometido el serio error de ordenar la introducción del libro en las escuelas.

Victoria de los oponentes de Ebrard.
En ese hecho la oposición liberal encontró la oportunidad para incitar al pueblo contra la supuesta violencia hecha a la conciencia. Se celebraron reuniones y se enviaron peticiones al gobierno, al ministro y al rey, pero éste no consideró la retirada, resolviendo que las resoluciones de los sínodos generales y consistorios eran vinculantes. La victoria final de la oposición se logró por las disposiciones legales de Umbscheiden, un jurista democrático, en su tratado Kirchengesetz und Kirchengewalt in der bayerischen Pfalz (Munich, 1860). Él demostró que el modo de elección incluido en el sínodo general de 1857 fue ilegal, que el gobierno del Estado no tiene poder para sancionar una constitución cambiada y que por tanto el orden democrático en 1848 estaba todavía en vigor. Por tanto el ministro dio marcha atrás y el rey publicó un rescripto en 1861 ordenando al consistorio reestablecer en el siguiente sínodo general el orden democrático de elección, con una representación por igual de los elementos eclesiásticos seculares y los presbiterios y permitir la introducción del nuevo himnario sólo donde la mayoría de la congregación diera consentimiento.

Su regreso a Erlangen.
Ebrard permaneció firme en sus convicciones y por ello tuvo que dimitir de su puesto en 1861. Tenía 43 años y había pasado la mayor parte de su vida en una causa perdida. Regresó a Erlangen y retomó sus clases en 1862 en el salón del presbiterio de la congregación reformada francesa y en 1863 en la universidad, manifestando su actividad el espíritu de sus años anteriores y reteniendo su vivacidad, sociabilidad y su facultad polifacética hasta el fin de su vida. En teología se dedicó a los estudios históricos y algo más tarde recopiló material para una extensa obra sobre Apologetik (2 partes, Güteraloh, 1874-75). En 1875 acometió una labor pastoral y desde 1876 a 1886 fue también presidente del sínodo reformado, continuando mientras tanto sus clases y obra literaria.

Estimación de su obra.
La labor científica de Ebrard se dedicó primero a la defensa de los hechos fundamentales de la historia y luego a las verdades eternas del cristianismo. El dominio de casi todas las ciencias revelado en su Apologetik es asombroso. Sus concepciones estaban centradas en la Iglesia reformada, pero no era tan estrecho de mente como para negar la importancia del cristianismo evangélico en general. Su teología y vida devocional puede caracterizarse como un feliz intermedio entre ortodoxia y pietismo. Su estudio de la historia le salvó de un radicalismo superficial y le hizo subrayar las peculiaridades de la Iglesia reformada, especialmente en su organización y adoración. A pesar de su destacada laboriosidad y fertilidad de su pensamiento y escritos, Ebrard hizo poca impresión en el estudio de la teología. Mientras que su polifacética actividad no tuvo efecto creativo en ninguna esfera individual, la benéfica influencia que procedió de su personalidad es inmensurable.

Sus obras, aparte de las mencionadas, incluyen Das Dogma vom heiligen Abendmahl und seiner Geschichte (2 volúmenes, Francfort, 1845-46); Christliche Dogmatik (2 volúmenes, Königsberg, 1851); Vorlesungen aber praktische Theologie (1854); Das Buch Hiob als poetisches Kunstwerk übersetzt und erklärt (Landau, 1858); Handbuch der christlichen Kirchen und Dogmengeschichte (4 volúmenes, Erlangen, 1865-66); Die iroschottische Missionskirche des sechaten, siebenten, und achten Jahrhunderts (Gütersloh, 1873) y Bonifatius (1882). Inició y terminó el comentario de Olshausen escribiendo sobre la epístola a los Hebreos, Apocalipsis y la epístola de Juan, publicando muchos sermones y, bajo varios seudónimos, una larga serie de producciones variadas.