Historia
ECHTER, JULIUS (1545-1617)

Fotografía de Wenceslao Calvo
Las circunstancias bajo las que comenzó su obra fueron las siguientes: No fue hasta después de 1540, tras la muerte del obispo Conrado II, que prosperó la Reforma en la diócesis de Würzburgo. Entonces casi todos los ciudadanos y nobles se separaron de la Iglesia católica y dieron la bienvenida a predicadores luteranos. Las instituciones católicas decayeron y el clero secular se quedó sin medios y protección, por lo que muchos de sus miembros adoptaron la nueva doctrina. El obispo Federico de Wirsberg (1558-73) no poseía la necesaria energía para contener la corriente del nuevo movimiento, aunque procuró una unión política muy estrecha con Baviera y en 1567, en contra de la oposición del capítulo de la catedral, fundó un colegio jesuita. El 1 de diciembre de 1573 Echter fue elegido obispo. Había sido educado en el espíritu católico desde 1560 a 1569 en Maguncia, Lovaina, Douai, París, Angers, Pavía y Roma. Como licenciado en derecho y con un caudal de conocimiento a veces alabado en tiempos posteriores llegó en 1569 a Würzburgo, donde fue recibido como miembro activo del capítulo de la catedral. En 1570 era deán de la catedral y con 28 años fue elegido obispo, para gran satisfacción de Roma. A pesar de declaraciones contrarias, se ha demostrado que nunca tuvo inclinaciones protestantes. Representó los intereses de los Estados católicos del reino en la dieta de Regensburgo en 1576 y en la de Augsburgo en 1582. Continuando la política de su sucesor se mantuvo en estrecha relación con Baviera. Se pensó que estaba secretamente inclinado hacia el protestantismo, a causa de su cooperación en la destitución de Balthazar de Dernbach, abad de Fulda, en 1576 en Hammelburg, pero esta acción se debió a una ambición juvenil para incorporar la abadía de Fulda y ser el sucesor de Balthazar. Su actuación causó indignación general entre los católicos y el abad fue reinstalado en 1602.
Su timidez.
Fue sólo con gran vacilación que Julius acometió la obra de frenar la Reforma en su diócesis. Aunque desde Roma se le había presionado en 1575 y 1577, no convocó un sínodo diocesano porque temía el odio de los príncipes protestantes. Más aún, temía proceder contra herejes eclesiásticos porque regiones completas quedarían privadas de eclesiásticos para los que no habría sustitutos. De las nobles familias no se atrevió a demandar el juramento de adherencia a la confesión católica de fe, porque sospechaba que ninguna de ellas había permanecido fiel. En 1582 solicitó un breve papal que impusiera una visitación y examen de todos los eclesiásticos y un segundo breve similar dirigido al capítulo. La curia le otorgó ambos. Su implicación en el asunto de Fulda también impedía sus intentos contra la Reforma, pero, por otro lado, exigía que diera una clara prueba de su fidelidad al catolicismo. Pero la debilidad de los príncipes protestantes se hizo tan evidente en las dietas de 1576 y 1582 y en otras ocasiones que Julius perdió su temor.
Sus logros en la Contrarreforma.
No obstante, incluso en los primeros años de su administración hizo algunos importantes cambios. En 1575 todas las concubinas, incluso las de los canónigos, fueron obligadas a dejar la ciudad de Würzburgo; en 1577 catorce predicadores fueron expulsados del capítulo; en 1581 Julius rechazó la interferencia de la nobleza en asuntos religiosos. En 1578 el seminario de sacerdotes fue nuevamente organizado y en 1582 se estableció de nuevo la universidad de Würzburgo como una institución de la Contrarreforma, bajo la influencia dominante de los jesuitas. Un nuevo orden eclesiástico (1584 en latín, 1589 en una forma remodelada en alemán) recordaba al clero sus deberes en el espíritu del concilio de Trento e imponía una organización eclesiástica más estricta. Todos los predicadores luteranos (unos 170) fueron privados de sus oficios; los oficiales protestantes fueron destituidos. Una visitación de toda la diócesis (1585 a 1587) fue dirigida contra todos los miembros protestantes de la población. En 1587 todos los que no se hicieran católicos se vieron obligados a emigrar; en el curso de tres años hubo unos 100.000 convertidos. Sólo unos pocos cientos permanecieron fieles a sus convicciones y prefirieron emigrar, a pesar del hecho de que tenían que dejar un tercio de sus posesiones al obispo. Julius preservó una actitud de calma en medio del resentimiento protestante. Se publicaron panfletos contra él y los electores de Sajonia, Palatinado y Brandeburgo, el landgrave de Hesse, los margraves de Brandeburgo y Baden y el príncipe de Anhalt protestaron, dirigiéndose algunos al emperador con quejas sobre la violación de la paz religiosa; pero Julius ya no sobrestimó la importancia de esas amonestaciones protestantes, sintiéndose seguro bajo la protección del duque Guillermo de Baviera y del papa y confiado en el favor del emperador. La reforma de las instituciones eclesiásticas fue acompañada con la supresión del protestantismo. El nuevo orden eclesiástico contenía, además de regulaciones para la conducta del clero, instrucciones sobre el servicio de la iglesia, reclamaba la posesión de las iglesias y ordenaba la observancia de los decretos de los concilios. Se hicieron ediciones revisadas de libros para el servicio eclesiástico, de breviarios, salterios y misales. El comercio de libros quedó tan controlado que sólo circularon los libros libres de sospecha. Los monasterios también sintieron la influencia del obispo; las posesiones de los que habían quedado arruinados completamente se usaron para otros propósitos (universidad, hospital), los otros fueron restaurados y sometidos a rigurosas visitaciones; del mismo modo el capítulo fue reformado. Unos pocos de la nobleza se opusieron al nuevo estado de cosas, quedando restos de la Reforma todavía a comienzos del siglo XIX; en conjunto Würzburgo ha sido totalmente católica y la generación que siguió a la de Julius fue devota de la Iglesia católica y de los jesuitas.