Historia
ECK, JOHANN (1486-1543)
- Educación. Profesor en Ingolstadt
- Disputaciones con Lutero y Carlstadt
- Ataque contra Lutero y Melanchthon
- Emisario papal e inquisidor
- Zwinglio y sus seguidores
- Iniciativas de paz
A la edad de doce años se matriculó en la universidad de Heidelberg, que dejó al año siguiente por la de Tubinga. Tras recibir su graduación en 1501, comenzó a estudiar teología bajo Johann Jakob Lempp, estudiando con Konrad Summenhart elementos de hebreo y economía política. Dejó Tubinga en 1501 a causa de la peste y tras un año en Colonia se afincó en Freiburg-un-Breisgau, al principio como estudiante de teología y derecho y después como profesor. En 1508 fue ordenado sacerdote, obteniendo dos años más tarde su doctorado en teología. En Friburgo en 1506 publicó su primera obra, Ludicra logices exercitamenta y también demostró ser un brillante y sutil orador, aunque obsesionado por un espíritu controversial indomable e inmoderados poderes de invectiva. En desacuerdo con sus colegas, aceptó gratamente una invitación a una cátedra teológica en Ingolstadt en noviembre de 1510, recibiendo al mismo tiempo los honores y beneficios de canónigo en Eichstädt. En 1512 era pro-canciller de la universidad y desde ese tiempo hasta su muerte estuvo en completo control de los destinos de Ingolstadt, donde imprimió su carácter ultra-católico, que le hizo un baluarte de la antigua fe en Alemania. Su amplio conocimiento halló expresión en numerosos escritos. En el campo teológico produjo su Chrysopassus (Augsburgo, 1514), donde desarrolló una teoría semipelagiana de la predestinación, obteniendo algo de fama como comentador de Summulæ de Pedro de España y sobre De cælo y De anima, de Aristóteles. Como político económico defendió el interés, a pesar de la oposición del obispo de Eichstädt.
Disputaciones con Lutero y Carlstadt.
A principios de la primavera de 1517, Eck había entablado amistosas relaciones con Lutero, quien le consideraba en armonía con sus propias ideas, aunque esta ilusión fue de corta duración. En su Obelisci, Eck atacó las tesis de Lutero, que le había enviado Scheurl, acusándole de promover la herejía de los Hermanos Bohemios y de fomentar la anarquía dentro de la Iglesia. Lutero le replicó con su Asterisci adversust obeliscos Eccii, mientras que Carlstadt defendió las ideas de Lutero de las indulgencias y comenzó una violenta disputación pública con Eck. Un mutuo deseo de disputar públicamente, llevó a un pacto entre Eck y Lutero por el que el primero se encontraría con Carlstadt en un debate en Erfurt o Leipzig, a condición de que Lutero se abstuviera de participar en la discusión. En diciembre de 1518, Eck publicó las doce tesis que había preparado contra Carlstadt, pero como iban dirigidas a Lutero más que a su ostensible oponente, Lutero dirigió una carta abierta a Carlstadt, en la que se declaraba dispuesto al debate con Eck.
La disputación entre Eck y Carlstadt comenzó en Leipzig el 27 de junio de 1519. En las primeras cuatro sesiones, Eck mantuvo la tesis de que el libre albedrío es el agente activo en la creación de las buenas obras, pero fue obligado por su rival a modificar su posición, hasta conceder que la gracia de Dios y el libre albedrío trabajan en armonía hacia el fin común. Carlstadt entonces procedió a demostrar que las buenas obras se han de atribuir a la operación de Dios solo, sometiéndose Eck hasta admitir que el libre albedrío es pasivo en el comienzo de la conversión, aunque mantuvo que en el curso del tiempo toma posesión de sus derechos, de modo que aunque las buenas obras se originan en su totalidad en Dios, su cumplimiento no es enteramente obra de Dios. A pesar de que Eck tuvo que abandonar su posición original, tuvo éxito, por su buena memoria y habilidad dialéctica, en confundir a Carlstadt y arrebatarle la victoria nominal. Tuvo menos éxito contra Lutero, quien, como Eck confesó, era superior a él en memoria, discernimiento y saber. Tras una disputa que duró veintitrés días (4 al 27 de julio), Eck fue saludado como vencedor por los teólogos de la universidad de Leipzg, quienes le abrumaron con honores y regalos. La impresión producida por Eck sobre su audiencia durante ese importante momento puede captarse mejor por el relato del humanista Pedro de Mosella, quien le describe como alto, corpulento y bien plantado. Su voz era potente, teniendo una admirable cualidad para actor e incluso para vocero público, mientras que en conjunto discutía como lo haría un carnicero o un soldado profesional, más que como un teólogo. En lo que respecta a sus dones intelectuales tenía una maravillosa memoria, que si hubiera estado completada con otros talentos en igual proporción, le habrían hecho un prodigio, pero le faltaba la rapidez de aprehensión y profundidad de percepción, por lo que sus masas de argumentos y citas eran indiscriminadas y llenas de inconcebible petulancia, aunque era lo suficientemente inteligente para disimularla.
He aquí la descripción del testigo ocular de la disputa, Pedro de Mosella, sobre Eck y Lutero:

por Gustav Konig
'Era un gigantón cuadrado, dotado de una voz llena que le salía del pecho, adecuada para un actor trágico o un pregonero de la ciudad, más bien áspera que clara; la boca, los ojos, y todo su aspecto causaba más bien la impresión de un carnicero o soldado que de un teólogo. Más bien parecía un hombre que se esforzaba por vencer a su opositor que uno que estuviera tratando de conquistar una victoria en pro de la verdad. En sus argumentos había tanta sofística como buen razonamiento; continuamente tergiversaba las palabras de su opositor o se esforzaba por darles un significado que no habían tenido la intención de producir. Martín es de estatura mediana; su cuerpo es delgado, enflaquecido por los estudios y las preocupaciones; casi se le pueden contar los huesos; está en la flor de la vida; su voz tiene un timbre claro y bien marcado... por mucho que lo cercara su opositor, se mantenía calmoso y de buen humor, aunque a veces durante el debate empleó palabras amargas... llevaba en su mano un ramo de flores y cuando la discusión se enardecía miraba el ramo y aspiraba su aroma.'
Ataque contra Lutero y Melanchthon.
Poco después de su regreso a Ingolstadt, Eck intentó persuadir al elector Federico de Sajonia para que las obras de Lutero fueran quemadas en público, publicando durante el año 1519 no menos de ocho escritos contra el nuevo movimiento. Fracasó en obtener una decisión condenatoria de las universidades designadas para pronunciarse sobre el resultado de la disputa de Leipzig. Erfurt devolvió los procedimientos de la reunión al duque sin dar su aprobación, mientras que París, tras repetidas exhortaciones, dio una decisión ambigua a 'la doctrina de Lutero, hasta donde ha sido investigada'. Los únicos seguidores de Eck eran el anciano cazador de herejes Hoogstraten y Emser de Leipzig, junto con las autoridades aliadas de las universidades de Colonia y Lovaina. Lutero contestó a los asaltos de Eck con mayor vehemencia y hacia ese tiempo Melanchthon escribió a Ecolampadio que en Leipzig había distinguido por primera vez entre la verdadera teología cristiana y el escolasticismo de los doctores aristotélicos. En su Excusatio (¿Wittenberg? ¿1519?), Eck estaba irritado al máximo, porque a principios de ese año había inducido a Erasmo a prevenir al joven estudiante teológico contra la precipitación en el conflicto religioso, replicando que Melanchthon no sabía nada de teología. En su réplica a la Excusatio, Melanchthon demostró que estaba completamente versado en teología y Eck se condujo todavía peor en octubre de ese mismo año, cuando quiso ayudar a Emser por un virulento ataque contra Lutero. Dos mordaces sátiras, una de Ecolampadio y otra de Pirkheimer, le escocieron hasta el punto de que no se quedaría satisfecho con nada que no fuera la quema pública de toda la literatura en el mercado en Ingolstadt, acto del que fue refrenado por su colega Reuchlin.
Emisario papal e inquisidor.
Eck fue más valorado como campeón de la verdadera fe en Roma que en Alemania. En enero de 1520 visitó Italia a invitación de León X, a quien presentó su última obra De primatu Petri adversus Ludderum (Ingolstadt, 1520) por la que fue recompensado con la designación del cargo de protonotario papal, aunque sus esfuerzos para exhortar a la curia a actuar decisivamente contra Lutero no dieron fruto durante algún tiempo. El 16 de junio apareció la bula Exurge Domine, en la que cuarenta y una proposiciones de Lutero fueron condenadas como heréticas o erróneas. Habiéndosele encomendado la publicación de la bula en Alemania, Eck regresó, sólo para darse cuenta de cuán rápidamente Lutero ganaba favor ante la gente. En Meissen, Brandeburgo y Meseburgo logró dar publicidad oficial a la bula, pero en Leipzig fue objeto del ridículo de los estudiantes y obligado a escapar de noche a Friburgo, donde se le impidió publicar la bula. En Erfurt los estudiantes rompieron el documento, mientras que en otros lugares el decreto papal fue sometido a mayores insultos. En Viena su publicación halló grandes obstáculos, teniendo Eck buenos motivos para dar gracias por regresar sano y salvo a Ingolstadt, donde solo la autoridad del mandato papal hizo posible la publicación de la bula. Esta última humillación se debió, en parte, al hecho de que se había permitido pronunciar la censura papal sobre prominentes seguidores del nuevo movimiento, además de Lutero, haciendo de esta manera de su cargo un medio de venganza personal. La carta de Eck a Carlos V, escrita en febrero de 1521, parece que tuvo poco efecto sobre el procedimiento en la dieta de Worms.
El poder y la riqueza entraban en las aspiraciones de Eck. Se apropió de las entradas de su parroquia de Günzburg, a la vez que delegaba sus deberes en un vicario. Visitó Roma dos veces como representante diplomático de la corte bávara, para obtener sanción para el establecimiento de un tribunal de la Inquisición contra las enseñanzas de Lutero en Ingolstadt. El primero de esos viajes, a finales del otoño de 1521, fue infructuoso por la muerte de León X, pero en su segundo viaje en 1523 tuvo más éxito. Con gran profundidad y valor mostró a la curia la verdadera condición de los asuntos en Alemania, describiendo la incapacidad general de los representantes de la Iglesia en esa nación. De los muchos juicios por herejía en los que Eck fue el primer motor durante este periodo, basta mencionar el caso de Leonhard Käser, cuya historia fue publicada por Lutero.

Además de sus deberes inquisitoriales, cada año publicó uno o más escritos contra la iconoclastia y en defensa de las doctrinas de la misa, purgatorio y confesión auricular. Su Enchiridion locorum communium adversus Lutherum et alios hostes ecclesiæ (Landshut, 1525) alcanzó cuarenta y seis ediciones antes de 1576. Como su título indica, iba dirigido principalmente contra los Loci de Melanchthon, aunque en alguna manera también se extendía contra las enseñanzas de Zwinglio. Eck se ofreció a rebatir las 'herejías' de Zwinglio en una disputa pública el 13 de agosto de 1524, apareciendo en Baden, que estaba en manos de los más acérrimos partidarios de la Iglesia católica, continuando el debate desde el 21 de mayo hasta el 18 de junio. Zwinglio no estuvo presente, pero apoyó a sus amigos que estaban allí. El asunto terminó decididamente en favor de Eck, quien indujo a las autoridades a perseguir activamente a Zwinglio y sus seguidores. Sin embargo, el efecto de su victoria en Baden se vio disipado en la disputación de Berna (enero de 1528), donde las proposiciones avanzadas por los reformadores se debatieron en ausencia de Eck, siendo ganados definitivamente Berna, Basilea y otros lugares para la Reforma. En la dieta de Augsburgo, Eck tuvo el papel predominante entre los teólogos del lado católico.
Iniciativas de paz.
Mientras estaba en Ingolstadt, Eck elaboró para uso del emperador una lista de cuatrocientas cuatro proposiciones heréticas de los escritos de los reformadores, colaborando con más de veinte teólogos católicos para escribir la confutatio pontificia, en la que quedó incorporada la refutación católica de los protestantes. Sus esfuerzos para la paz muestran que su disposición para dar un paso hacia los reformadores era sincera, aunque fracasaron por culpa de la animosidad que había despertado en los teólogos protestantes. Renovó sus esfuerzos en Worms en enero de 1541, logrando impresionar a Melanchthon en su disponibilidad a aceptar los principales puntos del protestantismo. Tras la reunión en Regensburgo, en la primavera y verano del mismo año, por otro lado, se esforzó por impedir cualquier compromiso entre los dos. La última fase importante de su actividad fue su conflicto con Bucero, a quien atacó a causa de la actitud que asumió éste en su edición de las transacciones de la conferencia de Ratisbona. Se debe mencionar especialmente, entre los escritos de Eck, su traducción alemana de la Biblia (siendo el Nuevo Testamento una traducción de H. Emser) que fue publicada primero en Ingolstadt en 1537.