Historia
EDDY, MARY MORSE BAKER (1821-1910)
- Familia e infancia
- Juventud
- Primer matrimonio
- Nuevo matrimonio y contacto con el doctor Quimby
- Divorcio y contactos con espiritistas
- Science and Health
- Magnetismo anímico malicioso
- Tercer matrimonio y viudez
- Fundación de la organización
- Encumbramiento
- Fundación de la Iglesia Madre
- Retirada en Concord
- Cambio de criterio
- Investigación periodística
- Declive y muerte

Trazaba su ascendencia a los colonos ingleses de Massachusetts en el siglo XVII, encontrando su inspiración y primeros seguidores entre los integrantes del mismo tronco que ella. Era la más joven de seis hijos nacidos a Mark Baker y su esposa Abigail Barnard Ambrose, hija de Nathaniel Ambrose de Pembroke, perteneciente a una familia de granjeros. Según la tradición, Mark Baker fue un granjero astuto y trabajador, algo enérgico, pero honesto y piadoso. La granja que cultivó, y en la que Mary nació, estaba en la localidad de Bow; pero dejó el intento de hacer productivos sus acres en el lugar cuando Mary tenía quince años y se mudó a Sanbornton Bridge (actual Tilton). Se la describe como una niña delicada y bastante frágil en apariencia, sujeta a ataques histéricos (Georgine Milmine en McClure's Magazine, enero de 1907). No se sabe cuáles fueron las razones que causaron esa histeria, pero era evidente que la niña sufría de alguna dolencia nerviosa y que la aprovechaba al máximo, cuando su voluntad era contrariada. En sus mejores momentos era brillante y atractiva y al ser el miembro más joven de la familia fue tratada con indulgencia. Inevitablemente se convirtió en objeto de interés para sí misma y la gente del pueblo. Se daba pequeños aires de alguien a quien se le debía consideración y disfrutaba bastante de la distinción que su delicada salud le dio. Las personas mayores la describieron recordándola de tez clara, con ondulado cabello castaño. Sus expresivos ojos, sombreados por largas pestañas, reflejaban su estado de ánimo y fueron a lo largo de su vida su mayor encanto.
Juventud.
La educación de Mary fue irregular. En años posteriores dijo que su padre la mantuvo mucho tiempo fuera de la escuela, creyendo que su cerebro era demasiado grande para su cuerpo. Pero leía mucho, e incluso, según su propia declaración, estudió hebreo, griego y latín bajo la tutela de su hermano Albert (Retrospection and Introspection, p. 10, edición de 1898). No hay nada en sus escritos que sugiera que progresó mucho en el estudio de idiomas, antiguos o modernos; y a pesar de su declaración de que se familiarizó con Grammar de Murray a la edad de diez años, mostraba poco respeto por la sintaxis al final de sus días. Sus primeras cartas revelan una característica que persistió durante toda la vida, una disposición a ver las cosas a través del prisma de sus emociones y de adornar los hechos monótonos de la vida cotidiana. En un hogar temeroso de Dios como el de Mark Baker, la formación religiosa era parte del régimen diario, igual que comer y beber. La experiencia de Mary no difería en absoluto de la de la muchacha promedio de Nueva Inglaterra de la época. Fue recibida como miembro en la iglesia congregacional de Tilton a la edad de diecisiete años, después de expresarse algunas dudas sobre su solidez en puntos doctrinales. En Nueva Inglaterra en este tiempo había corrientes de pensamiento que deben haber incidido en su mente, directa o indirectamente. El movimiento trascendentalista estaba en pleno apogeo, a medida que crecía hasta convertirse en mujer. En el radio de unas pocas millas de su hogar había colonias de shakers, cuyas extrañas ideas y prácticas daban mucho que hablar. Los creyentes en el espiritismo eran numerosos en estas zonas fronterizas de Nueva Inglaterra. El hipnotismo también era muy discutido. El médico de la familia Baker incursionó en el hipnotismo e incluso probó el efecto de la sugestión mental sobre Mary Baker para el alivio de su histeria (McClure's Magazine, enero de 1907). Una muchacha sensible bien podría haber imaginado que escuchaba misteriosas voces (Retrospection and Introspection, págs. 7-9), sintiéndose rodeada de fuerzas ocultas que no podía definir o comprender.
Primer matrimonio.
En diciembre de 1843 Mary Baker se casó con George Washington Glover, un amigo de su hermano mayor, quien se había mudado a Charleston, Carolina del Sur, y allí se convirtió en contratista y constructor. Después de unos breves meses de vida conyugal, fue víctima de la 'fiebre biliosa' y murió en Wilmington, Carolina del Norte (Wilmington Chronicle, 3 de julio de 1844), dejando la carga familiar a la caridad de la logia local masónica. Con su ayuda, Mary regresó a su antigua casa, donde dio a luz, en septiembre de 1844, a su único hijo George. Siguieron años infelices. La mala salud, los escasos medios y un sentido de humillante dependencia de sus parientes, no la dejó en una posición envidiable. Durante un tiempo enseñó en la escuela, con indiferente éxito. No tenía de hecho preparación para mantenerse y cada vez más dio paso a la inercia de la desesperación, viviendo a veces con su hermana casada Abigail y a veces en la casa de su padre. Pronto se convirtió en una inválida crónica, sufriendo, según señala su biógrafo oficial, estados de 'debilidad espinal que le causaban convulsiones espasmódicas, seguidas de postración que aumentaban hasta un colapso nervioso completo' (Sibyl Wilbur, The Life of Mary Baker Eddy, edición de 1929, p. 54). En esos momentos su padre la tomaba en sus brazos y la mecía para dormirla, como a un niño cansado. La práctica Abigail hizo una gran cuna, que el criado o algún chico del pueblo mantendría en gentil movimiento. En 1849 Mary perdió a su madre y un año después el lugar vacante fue ocupado por una madrastra. Entonces su hijo de cuatro años fue enviado a vivir con su antigua nodriza que se había casado y se mudó a North Groton, New Hampshire, quedando la joven viuda a sus propios recursos.

La liberación de este infeliz período de viudez llegó en 1853, cuando se casó con un pariente de la segunda señora Baker, el doctor Daniel Patterson, un dentista itinerante y homeópata. Primero se instalaron en Franklin, pero pronto se mudaron a North Groton y finalmente a Rumney, pequeñas aldeas de New Hampshire, donde durante nueve años casi desaparecen de la vista. Que vivió en circunstancias precarias es evidente. Patterson estaba ausente con frecuencia, dejando a su esposa en una solitaria y triste existencia. En estos largos años a menudo estaba enferma y cuando en 1862 Patterson insensatamente visitó el campo de batalla de Bull Run, cayó en manos de los confederados, siendo enviado a la prisión de Libby, regresando ella a la casa de su hermana en Sanbornton Bridge, como indefensa inválida. Dos o tres meses en un sanatorio no hicieron mucho por ella, por lo que decidió llevar a cabo un antiguo propósito y consultar al doctor Phineas Parkhurst Quimby de Portland, Maine, quien había adquirido una fama más que local por sus curaciones. En octubre de 1862 se presentó en su oficina, en un estado bastante lamentable. Tres semanas después, en una carta publicada en Portland Courier, 7 de noviembre de 1862, declaró que en virtud del gran principio descubierto por el doctor Quimby, quien 'habla como nunca hombre habló y sana como nunca hombre sanó desde Cristo', estaba en vías de la salud total. Regresó a casa de su hermana como ardiente discípula de Quimby (cartas a Quimby, impresas en The Quimby Manuscripts, edición de 1921, págs. 146-59, de Horatio W. Dresser). Varias veces al año siguiente, le escribió y recibió tratamiento para varios pequeños males. La muerte de Quimby en 1866 le causó una profunda angustia y evocó un cariñoso homenaje en verso, que fue impreso en un periódico de Lynn.
Divorcio y contactos con espiritistas.
Mientras tanto, su esposo había reaparecido, uniéndose a él en Lynn, Massachusetts, donde abrió un centro odontológico; pero se separaron en el verano de 1866, y siete años después la señora Patterson se divorció por abandono, con permiso para retomar su antiguo nombre, Mary M. Glover. Tenía ahora (1866) cuarenta y cinco años de edad. Estaba en circunstancias críticas; había perdido a su padre, estaba lejos de su hermana, no había visto a su hijo durante muchos años, no estaba bien de salud, no tenía medios seguros para ganarse la vida y no tenía amigos a quienes pedir ayuda. Refiriéndose a estos años posteriormente, escribió: 'Entonces me retiré de la sociedad unos tres años, para reflexionar sobre mi misión, buscar en las Escrituras y encontrar la Ciencia de la Mente' (Retrospection and Introspection, p. 29). Vislumbres aquí y allá detrás de la cortina que dejó caer en estos años, revelan que residió en al menos cinco ciudades diferentes en el este de Massachusetts y encontró domicilio en siete familias por turno (declaraciones juradas e impresas en McClure's Magazine, abril de 1907). De vez en cuando buscó un medio de vida mediante la enseñanza y practicando lo que ella llamaba un nuevo sistema de curación. Sus alumnos y pacientes parecen haber estado principalmente entre los espiritistas. Cuatro de los siete hogares en los que vivió practicaban el espiritismo y uno de sus primeros anuncios apareció en una publicación espiritista (Banner of Light, 4 de julio de 1868). Ella seguía siendo leal a Quimby y profesó no tener mayor propósito que el de difundir sus enseñanzas, haciendo uso de copias de uno de sus manuscritos que llamó The Science of Man (para el origen de estas copias ver declaración de George Quimby en H. W. Dresser, The Quimby Manuscripts, págs. 437-38). Solía impresionar a la gente al insinuar que estaba escribiendo un libro y ya en 1866 se esforzó por encontrar un editor para un manuscrito que pudo haber sido un primer borrador de Science and Health (McClure's Magazine, abril de 1907).

Science and Health.
Poco a poco, la señora Glover perdió su sentido de dependencia sobre Quimby y sus enseñanzas. Los apuntes que ella puso en manos de los estudiantes ya no llevaban el nombre de él, sino que contenían materia de su propia composición (McClure's Magazine, mayo de 1907). Lentamente, con infinito esfuerzo, en su estudio del tercer piso, trataba de dar expresión coherente al sistema 'metafísico' que ella creía marcaría una época en el pensamiento religioso. Si no hubiera sido por su indomable voluntad, la tarea hubiera estado más allá de sus capacidades, porque esencialmente era una mujer ignorante, no solo de los mismos términos metafísicos que empleaba, sino de algunos de los hechos elementales de anatomía y fisiología humana y de los requisitos gramaticales de uso correcto en la composición. Sin embargo, pocos manuscritos han tenido una influencia más notable sobre la historia religiosa estadounidense que el que finalmente se imprimió en 1875 bajo el título Science and Health. Solo se imprimieron mil copias, pagadas por adelantado por dos de los estudiantes de la autora. La Mente Eterna, escribió en su primer capítulo, es la fuente de todo ser. No hay materia. El dualismo de mente y materia es un error. Lo que informan los cinco sentidos son solo creencias de la mente mortal. 'La enfermedad es causada solo por la mente' (p. 334). La ciencia es la sabiduría de la Mente Eterna revelada a través de Jesucristo, quien enseñó el poder de la Mente (es decir, la Verdad, Dios, el Espíritu) para vencer las ilusiones del pecado, la enfermedad y la muerte. De ahí la conveniencia de llamar a la ciencia metafísica 'Ciencia Cristiana'. La misión del sanador metafísico es poner fin al ilusorio conflicto de mente y cuerpo, al disipar la creencia en la enfermedad y así poner al paciente en armonía con la Verdad. 'La base de toda enfermedad es el error o la creencia; destruye la creencia y los enfermos se recuperarán' (p. 418). 'Puedes prevenir o curar la escrófula, la enfermedad hereditaria, etc., en la proporción que se expulsa de la mente la creencia en la transmisión de enfermedades y destruyes sus imágenes mentales' (p. 398). Más aún, 'sanar al enfermo a través de la mente en lugar de la materia, nos permite sanar tanto al ausente como al presente' (p. 348). En ediciones posteriores, a esta doctrina le da una aplicación más acabada. 'Debemos entender que la causa y cura de todas las enfermedades descansa en la mente y dirigirnos a la tarea de prevenir la toma de imágenes de las enfermedades en el pensamiento y borrar las formas de enfermedad en la mente' (edición de 1883, p. 139). 'Si el nervio auditivo se destruye y se paraliza el nervio óptico, eso no ocasiona la sordera y ceguera, pues la mente mortal debe decir: soy sordo y ciego, y al creerlo, así se hace' (p. 159). 'Recordemos que no es el cuerpo, sino la mente mortal, que dice que la comida es indigesta, que los jugos gástricos, tejidos nerviosos y membranas mucosas están enfermos' (p. 202). 'La mente construye el cuerpo, con sus propios materiales en lugar de la materia; por lo tanto no hay huesos rotos o dislocaciones que puedan ocurrir' (p. 220).

Magnetismo anímico malicioso.
Es indicativo de su convincente personalidad que la señora Glover siempre pudo encontrar hombres y mujeres dispuestos a convertirse en servidores en su pequeña corte, aunque ninguna reina podría haber sido más arbitraria o difícil de servir. Pronto encontró un sustituto de Kennedy en Daniel H. Spofford, quien se convirtió en su ardiente admirador y devoto discípulo y en su primer gerente de ventas. El día de año nuevo de 1877, la señora Glover sorprendió a Spofford y sus otros seguidores al casarse con un nuevo enrolado, Asa Gilbert Eddy. Tenía entonces 56 años. Eddy era un alma simple de origen humilde, capaz de una especie de devoción anímica, pero de inteligencia limitada. Incluso su novia escribió sobre sus 'latentes' nobles cualidades de mente y corazón (McClure's Magazine, julio de 1907). Al cabo de un año Spofford cayó en desgracia, pues la asociación le notificó que había sido expulsado por 'inmoralidad'. Lo que la señora Eddy quería decir por inmoralidad se explica mejor por un pasaje en la segunda edición (1878) de Science and Health. Esta rara edición del 'Arca de Noé', de la cual solo se imprimieron apresuradamente doscientas copias, consistía de dos capítulos de la primera edición y tres nuevos, de los cuales el del hipnotismo es lo más significativo. La autora enunciaba públicamente por primera vez la creencia en esa práctica mental, que ofrece un extraño contraste con sus principios fundamentales. Había llegado a creer firmemente en el magnetismo anímico malicioso ('M.A.M.'), una influencia mental que personas malvadas podían ejercer, para producir enfermedades o desgracias en los demás. La doctrina tenía aplicación particular a Spofford y Kennedy, quienes, ella creía, poseían el poder de hacerle mal y causarle un daño irreparable. Kennedy se convirtió en su sobrecargada imaginación en un 'asesino mental', capaz de los crímenes más oscuros. Su estilo de prosa nunca se elevó a mayores alturas que en el capítulo sobre 'Demonology', en la tercera edición (1881) de Science and Health, cuando denunció 'a este Nerón de hoy'. Para contrarrestar esta funesta influencia ideó un método de tratamiento que se convirtió en una rutina regular para su hogar en años posteriores. Individualmente o en grupos los internos fijarían sus mentes en la protección del mal, que ella vagamente captaba o específicamente mencionaba (esos 'relojes' los describe en minucioso detalle Adam H. Dickey en sus Memoirs of Mary Baker Eddy, 1927, págs. 45,
107, 123-24.)

Los años de la vida matrimonial de la señora Eddy con su tercer esposo difícilmente pueden ser descritos como felices, ni su actitud mental como generosa y caritativa. Entre 1877 y 1879 estuvo involucrada en varios litigios tanto como demandante como acusada. Tres veces en 1878 pleiteó para recuperar fondos que, según ella, le habían sido injustamente retenidos. Dos de ellos fueron fallados en su contra. Fue demandada por un antiguo alumno y obligada a pagar el salario por servicios de secretaría y de otro tipo prestados por este estudiante. Apoyó al menos la extraña demanda presentada por otro estudiante contra Spofford, por lesiones sufridas en la práctica del magnetismo malicioso de Spofford. Este pleito nunca llegó a juicio (McClure's Magazine, mayo, julio 1907). Cuando la salud de Asa Eddy comenzó a fallar, su esposa estaba segura de que él también era víctima del magnetismo anímico malicioso. Su condición se volvió tan grave después de su traslado a Boston, que, sin confiar en su propia terapia, llamó a un médico, quien informó al paciente que sufría de una enfermedad del corazón. El 3 de junio de 1882, Asa Eddy murió de esta enfermedad, según una autopsia realizada por este mismo médico, a petición de la señora Eddy. Pero en una entrevista publicada en el Boston Post, 5 de junio de 1882, declaró que su esposo había muerto de 'envenenamiento hipnótico', administrado mentalmente por uno de sus antiguos alumnos, 'un mal practicante', a quien había oído decir que 'nos seguiría a la tumba'. Si ella hubiera tratado a su marido a tiempo, afirmó, podría haberle salvado la vida; pero 'después de una cierta cantidad administrada del veneno hipnótico no se pudo evitar.' Probablemente este mal practicante fuera Edward J. Arens, a quien Asa Eddy había denunciado en un prefacio a la tercera edición de Science and Health como 'cierto hombre' que estaba publicando partes del libro en un folleto propio. En 1883, la señora Eddy inició acciones contra Arens por infringir sus derechos de autor y ganó el caso.
Fundación de la organización.
Aunque la señora Eddy al principio no deseaba una organización que apoyara la nueva fe (Science and Health, 1875, p. 166-67), cedió a las exigencias prácticas. El grupo informal de estudiantes, que se llamaban a sí mismos cientistas cristianos en 1875, formó The Christian Scientists' Association en 1876; y con su apoyo activo procuraron y obtuvieron un estatuto como 'The Church of Christ, Scientist', 23 de agosto de 1879. Durante muchos años la membresía fue pequeña, tanto que las reuniones de Lynn se llevaban a cabo en casas privadas, quedando debilitada en octubre de 1881 por la retirada de ocho prominentes dirigentes, que declararon que ya no podían seguir a la señora Eddy, debido a sus 'frecuentes erupciones de mal genio, amor al dinero y la aparición de hipocresía' (McClure's Magazine, agosto de 1907). Otros dos se retiraron porque 'no podían ya sostener el asunto del hipnotismo', que parecía ser el asunto principal del que la señora Eddy hablaba el domingo. Aunque el indignado remanente fiel repudió esos cargos, la señora Eddy se vio a sí misma como una profetisa sin honor en Lynn, decidiendo fijar su residencia en Boston. Ya había conseguido (1881) otro estatuto para otra organización, Massachusetts Metaphysical College, que iba a ser la escuela de entrenamiento para practicantes. Cuando se instaló con su esposo en 569 Columbus Avenue, en la primavera de 1882, el colegio se mudó con ellos. En los nueve años de su existencia, no tuvo otro instructor regular sino la señora Eddy, y durante un corto tiempo, su hijo adoptivo.
El 14 de abril de 1883, apareció el primer número de Journal of Christian Science, una pequeña publicación de ocho páginas, con Mary B. Glover Eddy como editora. No solo le dio el deseo de escribir libremente, sino que llevó su influencia más allá de los límites de Nueva Inglaterra. Revela muchas facetas de su interesante personalidad, ya que no solo se imprimieron sus editoriales, sermones y lecciones bíblicas, sino sus versos, sus respuestas a preguntas, sus agradecimientos de regalos personales y sus cáusticas respuestas a las críticas. Pero encontró la carga más pesada de lo que esperaba, y después de un año echó la responsabilidad sobre una sucesión de infelices editores, sin permitir que el control pasara de ella a las manos de ellos. Continuó contribuyendo a sus columnas y muchas de esas contribuciones se imprimieron luego con cambios sustanciales en sus Miscellaneous Writings (1896). No siempre fueron producciones originales. Tomó libremente de fuentes impresas sin reconocimiento, todo lo que necesitaba para dar meollo y señalar su pensamiento (The Christian Science Watchman, vol. V, 1929. Véase también el apéndice B en E. F. Dakin, Mrs. Eddy, edición de 1930). La 'Sección de Curación' de Journal, con sus informes de supuestas curaciones, sin duda le hizo ganar muchos adeptos. Surgieron institutos y academias que se convirtieron en alimentadores de Metaphysical College; y cada graduado con un diploma se convirtió a su vez en practicante y misionero. En enero de 1886 se formó la Asociación Nacional de la Ciencia Cristiana y en febrero se celebró una convención general en Nueva York.

Encumbramiento.
Cartas ya impresas en Journal y editoriales sin firmar, sugerían que la señora Eddy fue 'enviada por Dios al mundo tanto como cualquier personaje de la Sagrada Escritura' y que tal vez le fue dejado a ella que complementara el Nuevo Testamento y explicara los milagros de Jesús. 'Estamos presenciando' dijo un entusiasta seguidor, 'la transferencia del evangelio de la confianza masculina a la femenina' (sermón reimpreso en Journal, abril de 1889). Cuando la señora Eddy apareció en persona para dirigirse a los delegados en la tercera convención anual de la asociación nacional en Chicago el 13 de junio, toda la audiencia se levantó para aclamarla; después que hubo terminado, decenas de creyentes que habían sido curados de la enfermedad o esperaban serlo, se abalanzaron hacia adelante para que poder tocar el dobladillo de su vestido (carta al Boston Traveler, impresa en McClure's Magazine, febrero de 1908). Bien podía pensarse que su apoteosis había llegado.
Pero no faltaban señales de disidencia en la organización de Boston. Julius A. Dresser, quien también se había sentado a los pies de Quimby, ahora señalaba con particular encono la deuda de la señora Eddy con el doctor (The True History of Mental Science, 1887). Entonces un practicante de la Ciencia Cristiana que había atendido a su propia hija en el parto fue procesado por la muerte de la madre y el niño; y la señora Eddy, completamente alarmada, trató de justificarse al publicarse 'Committee on Publication' en una carta pública (Boston Herald, 29 de abril de 1888), argumentando que aunque la mujer había asistido al curso de obstetricia en Metaphysical College durante un período, no estaba preparada para ser partero (sic). Pero la Asociación de Ciencia Cristiana salió en defensa de la infeliz mujer y fue absuelta. Estos y otros incidentes sacudieron la fe de algunos de los cientistas de Boston y treinta y seis disidentes se retiraron de la organización.

Fundación de la Iglesia Madre.
Por una transacción financiera muy criticada en 1888, la señora Eddy había asegurado la propiedad en Falmouth Street, Boston, que había sido adquirida como sitio para la iglesia mediante donaciones individuales (McClure's Magazine, marzo de 1908). En septiembre de 1892, entregó esta propiedad a cuatro fiduciarios, constituyéndolos en organismo perpetuo conocido como Junta Directiva de la Ciencia Cristiana, con poder para designar vacantes (Deed of Trust, Church Manual, 1895). Al cabo de cinco años esta junta iba a construir un edificio de la iglesia que costaba no menos de 50.000 dólares, para mantener las actividades regulares de la Ciencia Cristiana. Si la junta no cumplía con los términos de la escritura, el título volvería a Mary Baker G. Eddy, sus herederos y cesionarios. El 23 de septiembre de 1892, doce leales seguidores, a quienes ella había escogido fundaron The First Church of Christ, Scientist, adoptando las normas y reglamentos que, según ella, fueron 'impulsados por un poder no propio'. Estos doce, con adiciones posteriores, fueron conocidos como 'primeros miembros'. La membresía en la iglesias filiales no confería la membresía ipso facto en la Iglesia Madre, ni tampoco la membresía previa en la iglesia de Boston. Solo había una Iglesia Madre. Era oficialmente 'la' Iglesia Madre. Las iglesias filiales podían tomar el título de First Church of Christ, Scientist, o Second Church of Christ, Scientist, pero no podrían usar el artículo 'The' (Art. 12 de los Estatutos, Church Manual, 1895). Se trataba, pues, de una organización nacional hecha a mano, derivando sus poderes, su conjunto de doctrina y su propiedad de una sola fuente.
La señora Eddy enmascaró su autoridad autocrática bajo el suave título de 'Pastora Emérita'; pero no podía dejar de consolidar su autoridad mediante cambios en Church Manual, ni podía desistir de revisar Science and Health. La historia posterior de la Iglesia Madre en su vida está escrita en la constante adición a los estatutos que ella dictaba. Otras dos instituciones atestiguan su sagacidad comercial: la junta de conferencias y el comité de publicación. A los miembros de la primera se les encomendó el deber de defender la Ciencia Cristiana contra los críticos y de dar testimonio de los hechos relacionados con la vida de la Pastora Emérita. El comité de publicación, compuesto por un hombre responsable ante la junta directiva y a través de ella a la señora Eddy, debía corregir falsos artículos periodísticos y, si fuera necesario, ejercer presión sobre los editores para que no cedieran fácilmente a sugerencias. Tal 'comité' sería nombrado en todos los Estados de la Unión (Dakin, Mrs. Eddy, 1929, págs. 259-72, 392-95, contiene un excelente relato de estas instituciones).

Cualesquiera que hayan sido los motivos de la señora Eddy para retirarse a Concord, resultó ser uno de los movimientos más sagaces en su carrera. En esos largos años de ausencia de la Iglesia Madre, visitó Boston solo cuatro veces en diecinueve años, rehuyendo los contactos diarios con sus seguidores, que a menudo les traían un cierto grado de desilusión. En su retiro adquirió una reputación de santidad que le añadía inconmensurable influencia. Pero para los que vieron su diario, ella no era una santa, sino una frágil anciana obsesionada con delirios de persecución, siempre hablando del magnetismo anímico malicioso y acosada por extrañas supersticiones. Realmente era una personalidad curiosamente compleja, capaz de momentos de exaltación religiosa, pero capaz también de una conducta desagradable y despiadada, cuando se contrariaba su voluntad de poder. Aunque podía ser gentil y amable, no puede ser descrita como desinteresada o generosa. A menudo reprendía a Frye con una común regañina (E. F. Dakin, Mrs. Eddy, ed. de 1930, Apéndice A). No mostró afecto real por su hijo, aunque mantuvo una correspondencia irregular con él, haciendo vacunar a sus nietos a su costa y prestándole considerables sumas de dinero. Su analfabetismo la preocupaba. 'Estoy aún demasiado orgullosa de tenerte en mi sociedad', escribió en 1898 (N. Y. World, 11 de marzo de 1907). Aplastó a posibles rivales sin piedad y en el caso de la señora Josephine Woodbury tuvo que enfrentar un juicio por difamación por un incendiario mensaje a la Iglesia sobre 'la mujer babilónica'. Pero solo un testigo testificaría que este estallido iba dirigido específicamente contra la señora Woodbury, quien perdió su caso (ver Dakin, Mrs. Eddy, cap. XXII).
Cambio de criterio.
Sus paroxismos nocturnos, como Foster Eddy llamaba a sus extrañas convulsiones, aumentaron en frecuencia. En esos momentos, Frye o Foster Eddy le administraban una tableta de morfina o llamaban a un médico que le pusiera una inyección (diario de Frye, 3 y 4 de mayo de 1903). Pero de estos ataques, se levantaba con increíble energía, estando su mente más alerta. Sus íntimos comentaban que algunos de los coups más importantes seguían a estas convulsiones. Producto de esta trágica experiencia le vino otra 'revelación'. En la edición de Science and Health publicada en 1905 apareció por primera vez la significativa declaración (p. 464), de que, cuando el dolor es demasiado violento para el tratamiento mental, un cientista puede llamar a un cirujano para que le administre una inyección. Cuando el dolor ha cesado, debe 'manejar su propio caso mentalmente'. En 1896, después de que Foster Eddy hubiera sido despedido, Frye se convirtió en su principal apoyo, no solo atendiendo a sus necesidades personales, sino actuando como secretario confidencial, mayordomo y agente financiero. A medida que se debilitaba al avanzar los años y una enfermedad grave, se convirtió casi en una figura mítica, de modo que incluso sus directores rara vez la veían. Corrieron rumores de que estaba en poder de Frye y de hombres designados que estaban desviando sus ingresos para su propio uso. Incluso se dijo que había muerto y que otra mujer iba detrás de las cortinas de su carruaje.
Investigación periodística.
Fueron estos rumores los que movieron a World de Nueva York y otros periódicos a determinar el verdadero estado de cosas en Pleasant View. Con increíble coraje, la señora Eddy cedió a sus importunidades, concediendo una entrevista y confrontó a nueve reporteros el 30 de octubre de 1906, en patética compostura. No satisfecho con este logro, World puso en marcha las investigaciones que desembocaron en el pleito presentado por los 'próximos amigos' —su hijo y la hija de éste y un sobrino- para asegurar el nombramiento de un receptor de sus propiedades, alegando que era mentalmente incapaz de manejar sus asuntos y que estaba bajo el control de hombres designados, que nombraban a los principales funcionarios de la iglesia. Entonces el general Frank S. Streeter, abogado de la señora Eddy, le aconsejó que ejecutara una escritura de confianza, poniendo todos sus activos en las manos de tres fideicomisarios. De inmediato el senador William E. Chandler, abogado de los demandantes, desafió la competencia de la señora Eddy para crear tal fideicomiso. Tres expertos nombrados por la corte la examinaron para determinar su cordura, pero la fiscalía se detuvo y los acusados se pusieron de acuerdo fuera de los tribunales, mediante generosas disposiciones financieras para los herederos, incluido Foster Eddy.

Estas sensacionales noticias aparecieron en la prensa justo en el momento en que McClure's Magazine estaba publicando la biografía de Georgine Milmine. Muy perturbada, la señora Eddy determinó que la iglesia debería tener un periódico confiable propio, dando finalmente su aprobación a una biografía oficial. Como resultado fundó The Christian Science Monitor y se publicó Life of Mary Baker, por la señora Sibyl Wilbur O'Brien. Tomó otra decisión: dejó el lugar donde había sido humillada y donde 'M. A. M.' fue tan activo en el trabajo. El domingo 28 de enero de 1908 precedida por un vehículo para su seguridad y acompañada por un médico, tomó el tren para Chestnut Hill, donde se le había preparado una espaciosa mansión. Desde su carruaje fue llevada, mera sombra de lo que fue, en los brazos de un incondicional cochero a un piso superior en su último domicilio.
Sus días estaban contados y ella lo sabía (carta a Archibald McLelland, 18 de agosto de 1908). Durante algunos años había sufrido intensamente de una fatal enfermedad, probablemente cálculos biliares, y había buscado alivio de varios médicos de Concord en diversos momentos (declaración impresa de A. A. Beauchamp y J. V. Dittemore, 9 de octubre de 1928, diario de Frye, 3 de mayo de 1903). A medida que la enfermedad progresaba, solo inyecciones de morfina aliviaban su agonía. En Chestnut Hill varios cientistas cristianos fueron instruidos sobre cómo inyectar (E. F. Dakin, Mrs. Eddy, edición de 1930, p. 514 nota), y con frecuencia recibía los servicios de un médico habitual (diario de Frye, 3 de agosto de 1909). Hubo momentos en que el dolor se volvió insoportable y la mansión de Chestnut Hill en poco menos que un 'manicomio' (Dickey, Memoirs, passim; diario de Frye; testimonio de los internos). En sus momentos racionales, la señora Eddy se veía acosada por el temor al creciente prestigio de la señora Augusta Stetson en Nueva York. No menos preocupados estaban los directores de la Iglesia Madre, para saber quién sucedería a la Pastora Emérita, cuyo consentimiento aún era necesario para cada estatuto. Finalmente, la señora Stetson siguió el camino de todos los rivales. Por una palabra de la señora Eddy fue expulsada de la Iglesia Madre. Pero la cuestión de la sucesión se mantenía sin respuesta, cuando un año después el cadáver de la Pastora Emérita fue llevado a su último lugar de descanso en el monte Auburn. Tres logros notables la sobrevivieron: una organización religiosa con casi cien mil miembros, un libro del que alrededor de cuatrocientas mil copias se habían vendido y una propiedad tasada en más de dos millones y medio de dólares.
Sus otras obras, aparte de las ya citadas, son: Pepople'es Idea of God (1886), Christian Healing (1886), Unity of God (1887), No and Yes (1891), Christ and Christmas (1891), Pulpit and Press (1895), Christian Science versus Pantheism (1898) y Message to the Mother Church (1900-02).