Henry Edgeworth de Firmont, célebre abate en los anales de la Revolución Francesa por haber acompañado hasta el cadalso, en calidad de confesor, al rey Luix XVI, nació en Edgeworthstown, Irlanda, en 1745 y murió el 22 de mayo de Mittau, Rusia, en 1807.
Henry Edgeworth de FirmontEl nombre antiguo de la familia irlandesa en cuyo seno nació este sacerdote era Essex. Su padre, convertido recientemente del protestantismo, pasó a Toulouse, Francia, cuando Henry contaba catorce años. Siguió la carrera eclesiástica en París, cursando teología en la Sorbona. Ordenado de sacerdote, su celo le llevó a agregarse a las misiones extranjeras, plan del que sólo desistió al ser escogido para confesor de Isabel, hermana del rey. Introducido en palacio, fue para la familia real un amigo desinteresado. Los obispos de su patria le ofrecieron una mitra, que su modestia le hizo declinar. En cambio, cuando el arzobispo de París, al estallar la Revolución, teniendo que abandonar su diócesis, le delegó todos sus poderes y le nombró su vicario general en tan críticas circunstancias, aceptó el ofrecimiento. Al saber que el infortunado rey detenido en las cárceles de Temple, la víspera de su muerte deseaba recibir por su mano los auxilios de la religión, no titubeó un momento en ir a prestárselos, aunque escribió a uno de sus amigos (21 de diciembre de 1792): "También yo me preparo a morir, pues estoy cierto que el furor popular no me dejará sobrevivir a esta horrible escena." Malesherbes fue comisionado por el prisionero para obtener del gobierno el permiso de tener a su lado al hasta entonces oculto abate no juramentado. El ministro de Justicia, a quien se indicó su paradero, le hizo presentarse en las Tullerías para dirigirle estas palabras: "Luis Capeto quiere veros, ¿queréis pasar al Temple?" "Es deber mío -respondió Edgeworth- acceder a la voluntad de mi soberano". Fue entonces conducido por el ministro donde se hallaba Luis XVI, rodeado de sus carceleros, quienes obedecieron esta vez el deseo de su rey y lo dejaron solo con su confesor. Acababan de leerle la fatal sentencia y no había sido tan grande la emoción que sufrió al oírla como la que experimentó al recibir a su fiel amigo.
Por su parte, el abate, echado a los pies del rey, cortada la voz por el dolor, no pudo pronunciar palabra, hasta que su penitente, acabando de llorar, le dijo que el único negocio importante era entonces prepararse para la partida, car que son totutes les autres auprès de celle-là? Terminada la confesión, Luis XVI trató con el abate de su testamento y acogió complacido la idea de éste de pedir autorización de celebrar en la cárcel la misa y comulgar el sentenciado, como se hizo inmediatamente antes de su partida para el suplicio. Sin rogárselo el rey, quiso Edgeworth acompañarlo hasta el pie del patíbulo. Allí, justo antes de morir, el monarca le exhortó con la conocida frase: Fils de saint Louis, montez au ciel, que otros atribuyen a Lecretehle. Tras la muerte del monarca, la vida de Edgeworth quedó en inminente peligro en territorio francés, pero no salió de París hasta enterarse de la muerte de Isabel, a quien había prometido no abandonar. Huido después a Inglaterra, fue, a petición de Luis XVIII, perpetuo compañero de la familia real francesa, hasta su muerte, ocasionada por los desvelos tomados para alivio de los soldados franceses en los hospitales de Rusia. Luis XVIII compuso su epitafio. Dejó unas Mémoires, que recogió C. Sneyd Edgeworth y se tradujeron al francés (París, 1815), lo mismo que sus Lettres, dirigidas a varios amigos desde 1777.