Historia
EDMUND DE CANTERBURY (c. 1175-1240)

Royal MS 2 A xxi, f. 221.
En 1233 llegaron las noticias de su designación por Gregorio IX al arzobispado de Canterbury. El capítulo ya había hecho tres elecciones que el papa declinó confirmar, siendo el nombre de Edmund una solución de compromiso de Gregorio, tal vez a causa de su trabajo en favor de la cruzada, siendo consagrado el 2 de abril de 1234. Antes de su consagración se alió con el partido nacional, cuyo propósito era hacer al reino independiente, manteniendo la Gran Cédula y excluyendo a los extranjeros de los oficios civiles y eclesiásticos, amonestando en nombre de sus colegas obispos a Enrique III en Westminster el 2 de febrero de 1234 a que tuviera en cuenta el aviso de su padre, el rey Juan. Una semana después de su consagración se presentó de nuevo ante el rey con los barones y obispos, amenazando esta vez al soberano con la excomunión si rechazaba destituir a sus consejeros, particularmente a Peter des Roches, obispo de Winchester. Esta amenaza surtió efecto. Los favoritos reprochables fueron depuestos, siendo el arzobispo enviado a Gales para negociar la paz con el príncipe Llewellyn.
En 1237 para destruir la autoridad de Edmund, Enrique indujo al papa a enviar al cardenal Otto como legado a Inglaterra. Por numerosas disputas con obispos y monjes, por no hablar de la ruptura con el rey y la excomunión de Simon de Montfort y su esposa, Edmund ya estaba en una posición difícil. Como campeón de la Iglesia nacional contra las pretensiones de Roma, ahora estaba enfrentado al papa. En diciembre de 1237 partió para Roma, esperando enrolar al papa en las reformas eclesiásticas. De esta inútil misión regresó a Inglaterra en agosto de 1238, sin margen de maniobra. Si excomulgaba a sus monjes, apelarían a Roma y no harían caso de su entredicho. Finalmente, se sometió a las demandas papales y a principios de 1240, esperando ganar su causa contra sus monjes, pagó a los legados del papa una quinta parte de sus ganancias, que eran un impuesto para la guerra del papa contra el emperador Federico II. Otros prelados ingleses siguieron su ejemplo. Entonces llegó la exigencia de que trescientos beneficios ingleses debían ser asignados a cargos romanos. Este ataque a los derechos de la Iglesia nacional fue más de lo que Edmund pudo soportar. En el verano de 1240, quebrantado en espíritu, se retiró a la abadía de Pontigny, Francia, que había sido el refugio de sus predecesores, Thomas y Stephen Langton. Unos pocos meses después murió en el priorato de Soisy. Menos de un año después de su muerte se registraban milagros en su tumba, siendo canonizado en 1247.
Edmund es una de las figuras más atractivas de la historia medieval. Su vida fue de negación de sí mismo y entrega a otros. Desde la juventud practicó el ascetismo y durante toda su vida vistió de saco, ceñido con planchas de metal. Tras dormir unas pocas horas sin quitarse la ropa, pasaba el resto de la noche en oración y meditación. Además de sus Constituciones, editadas en 1236, escribió Speculum ecclesiæ (Londres, 1521; traducción inglesa, 1527; reimpresa en M. de la Bigne, Bibliotheca veterum patrum, v, París, 1609).