Historia
EDUARDO EL CONFESOR (c. 1003-1066)
- Primera etapa e intentos baldíos de acceder al trono
- Entronización y primeras medidas
- Carácter y actitud
- Amenazas e influencias extranjeras
- Relaciones eclesiásticas
- Enfrentamiento y reconciliación con Godwine
- Guerras en Gales y en el norte
- Últimos años y muerte

Musée de la Tapisserie de Bayeux, Bayeux, Francia
Primera etapa e intentos baldíos de acceder al trono.
Era hijo del rey Æthelred (979-1016) por su matrimonio con Emma, hija de Ricardo el Temerario, duque de los normandos, y sobrino de Eduardo el Mártir. Fue presentado por sus padres ante el altar del monasterio de Ely, donde se dice que pasó sus primeros años y aprendió a cantar Salmos con los niños de la escuela del monasterio. Cuando Swend fue reconocido como rey, en 1013, Emma huyó a Normandía a la corte de su hermano, Ricardo el Bueno, y poco después Æthelred envió a Eduardo y su hermano menor Alfredo a unirse a ella bajo el cuidado de Ælfhun, obispo de Londres. A la muerte de Swend, en febrero de 1014, Eduardo y su madre fueron enviados a Inglaterra por Æthelred en compañía de los embajadores que tenían que determinar si los 'consejeros' le recibirían como rey. Cuando Æthelred fue restaurado a su reino dejó que Eduardo y su hermano fueran educados en la corte normanda, donde fueron tratados con el honor debido a su linaje. Hacia finales del reinado de Canuto, el duque Roberto afirmó su derecho al trono y Eduardo zarpó con el duque de Fécamp para invadir Inglaterra; el viento arrastró la flota normanda a Jersey y la empresa quedó abandonada. La afirmación de Guillermo de Jumièges de que Canuto poco después ofreció la mitad de su reino a los æthelings puede ser desechada. En 1036, cuando Canuto ya había muerto y Harold gobernaba sobre la parte septentrional de Inglaterra, mientras Hardicanuto o Canuto el Fuerte, aunque todavía en Dinamarca, reinaba probablemente como virrey sobre Wessex, los æthelings hicieron un intento para reforzar su pretensión. Se dice que Eduardo zarpó con 40 naves, atracando en Southampton y siendo derrotado por una fuerza inglesa con grandes pérdidas. Probablemente zarpó en compañía de su hermano y se quedó en Winchester, donde vivía su madre, mientras que Alfredo intentó llegar a Londres. Cuando llegaron las noticias de la derrota y muerte de su hermano, Emma le ayudó a salir del reino. Regresó a Inglaterra en 1041, probablemente por invitación de su hermanastro Hardicanuto, el único rey, que no tenía hijos, y que, aunque joven, era de débil salud. Varios normandos y franceses de alto linaje le acompañaron, siendo el principal entre ellos su sobrino Ralph, hijo de su hermana Godgifu y de Drogo de Mantes. El rey le recibió con honores, residiendo en la corte, aunque el relato de que Hardicanuto le invitó a compartir el trono con él difícilmente es creíble.
Entronización y primeras medidas.
Cuando Hardicanuto murió en junio de 1042, Eduardo estaba en Normandía. No obstante, fue elegido rey en Londres, incluso antes de que su antecesor fuera enterrado. Esta elección no era considerada final y fue realizada por los londinenses con la concurrencia de los 'consejeros'. Hubo negociaciones entre Eduardo y el conde Godwine, el noble más poderoso del reino, quien quería impedirle que trajera una fuerza normanda, continuando las negociaciones Guillermo, el duque normando, aunque no es necesario creer que Eduardo debiera su corona a la interferencia del duque y al temor de los ingleses a su poder. Godwine y otros condes y ciertos obispos le trajeron de Normandía y a su llegada a Inglaterra se celebró una reunión de los 'consejeros' en Gillingham. Aunque hubo oposición a su candidatura probablemente por una facción danesa, que defendía la opción de Swend Estrithson, sobrino de Canuto, el peso que suponía el deseo de que el linaje de los reyes nativos fuera restaurado al trono determinó la elección de Eduardo, quien recibió la corona y fue entronizado en Christ Church, Canterbury, marchando después a Winchester, donde era costumbre que el rey jurara y se celebrara una gran asamblea cada Pascua. Allí el 3 de abril de 1043 fue solemnemente coronado por Eadsige, arzobispo de Canterbury, asistido por Alfric obispo de York y otros obispos, exhortándole Eadsige en cuanto a lo bueno para él y su pueblo. La oposición a su elección y el posterior castigo de los dirigentes de la facción danesa se convirtieron en la base de una fábula, que representaba a los ingleses alzándose contra los daneses a la muerte de Hardicanuto y expulsándolos del reino por la fuerza. En Winchester Eduardo recibió a los embajadores del rey alemán Enrique, posterior emperador Enrique III, su cuñado, quien les envió para congratularle, llevarle presentes y hacer alianza con él. Enrique, rey de los franceses, también procuró su alianza, y Magnus de Noruega, que se proponía ser señor de Dinamarca, se dice que le había tomado por 'padre', comprometiéndose mediante juramento, a la vez que los grandes vasallos de esos reyes también le rendían homenaje. En cuanto a Magnus y los nobles de otros reinos es posible que el biógrafo haya exagerado, aunque en ese momento el rey noruego bien pudo hacer esfuerzos para procurar la amistad de Inglaterra. En noviembre siguiente Eduardo, por consejo de los tres principales condes del reino, requisó los grandes tesoros de su madre, Emma, y poco después privó a Stigand, su capellán y consejero, de su obispado. La razón para tal comportamiento fue que Emma 'había hecho por él menos de lo que él hizo antes de ser rey y también desde entonces'; desde su matrimonio con Canuto ella se había entregado a su suerte y al destino de la dinastía danesa, negándose probablemente a ayudar a la facción de Eduardo e incluso apoyando la causa de Swend. Su caída fue seguida por el destierro de varios daneses prominentes. De los tres condes, Godwine, conde de Wessex, Leofric de Mercia y Siward de Northumbria, que virtualmente se repartieron Inglaterra entre ellos, Godwine era el más capaz y poderoso. El rey se unió a él como instrumento principal para ponerle en el trono y el 23 de enero de 1045 se casó con su hija Eadgyth.
Carácter y actitud.
A Eduardo se le describe de mediana estatura y semblante regio; su cabello y barba eran de blancura nívea, su rostro era relleno y sonrosado y su piel blanca; indudablemente era albino. Sus maneras eran afables y agraciadas y aunque se comportaba majestuosamente en público, solía ser sociable con sus cortesanos en privado, si bien nunca de manera indigna. Aunque a veces estallaba en ira, se abstenía de usar palabras abusivas. En contraste con la costumbre generalizada era moderado en el comer y beber y aunque en las festividades vestía los ricos ropajes que su esposa le hacía, no se cuidaba de ello, pues estaba libre de la vanidad personal. Era caritativo, compasivo y devoto, comportándose decorosamente en el servicio divino, lo que era inusual entre los reyes, y apenas hablaba a menos que alguien le hiciera una pregunta. Que deseaba el bien de su pueblo está fuera de duda, pero es igualmente cierto que se tomó poco trabajo en conseguirlo. Sus virtudes habrían adornado el claustro, pero sus fallos difícilmente el trono. Las quejas de su pueblo cuando estuvo bajo el duro dominio de los extraños y la santidad con la que fue investido tras su muerte han extendido un velo sobre sus defectos; pero ciertamente fue indolente y negligente en cuanto a sus deberes regios. La división del reino en grandes condados le impidió el ejercicio del poder real, dejando él voluntariamente las tareas de gobierno a otros. En cada periodo de su reinado estuvo bajo la influencia y control de los hombres que habían obtenido el poder casi independientemente de él o de sus favoritos personales. Esos favoritos los escogió con pocos miramientos en cuanto a sus merecimientos, siendo casi todos extranjeros; por su larga residencia en Normandía prefería más a los normandos que a los ingleses. Además de los que llegaron con él en el reinado de Hardicanuto, muchos otros llegaron poco después de que fuera hecho rey. Cuando estuvo en Winchester, en el tiempo de su coronación, envió presentes a los nobles franceses (normandos) y a algunos les otorgó pensiones anuales. Salvo en lo que respecta a las promociones eclesiásticas, la influencia del conde Godwine parece haber sido lo suficientemente fuerte para impedir que los extranjeros ocuparan en la corte el lugar de favoritos, pero al poco tiempo el rey los promovió a cargos en el Estado así como en la Iglesia. La corte era el escenario de intrigas perpetuas y aunque era indolente, Eduardo parece haber tomado parte en las maniobras. Aparte de participar en ellas, hizo poco salvo en asuntos eclesiásticos. Favoreció el monasticismo, siendo generoso con los monasterios tanto dentro como fuera. Los eclesiásticos extranjeros siempre tenían asegurado algo si venían a su país, como hicieron a veces, postulando y recibiendo promociones si se quedaban. Los obispados estaban a disposición del rey y Eduardo no señaló a los mejores hombres para ocuparlos. En esta materia, como en todas las demás, fue guiado por la parcialidad hacia sus favoritos o por las intrigas de la corte. La primera intriga de tal clase fue llevada a cabo por Godwine, que en 1044, con el concurso del rey, ordenó la designación de un arzobispo-coadjutor de Canterbury, para procurar la posición de su adherente Eadsige. Aunque Eduardo no fue probablemente culpable personalmente de simonía, no se esforzó para impedirla en otros y este mal, que tanto daño hizo a la Iglesia y contra el cual se luchó tanto en otras tierras, fue vergonzosamente prevaleciente durante su reinado, siendo impulsado por quienes eran de su mayor confianza. Su supuesta negativa a permitirse privilegios maritales, que la subrayan sus admiradores monásticos, no es afirmada ni por los escritores de la 'Crónica', ni por Florence, ni por el biógrafo contemporáneo del rey. La menciona Guillermo de Jumièges, siendo creída generalmente en el siglo XII. La concurrencia de la reina la afirma Æthelred (Ailred) de Rivieux), que proporciona muchos detalles imaginarios. Algunas expresiones en Vita Eadwardi hacen probable que Eduardo, que debía tener 40 años cuando se casó, viviera antes con su bella y joven esposa, aunque lo hizo 'tori ejus consocia', más como un padre que como un marido. Es posible que no fuera idóneo físicamente para la vida matrimonial. Una característica destacada en él parece haber sido un cierto infantilismo, que se aprecia en un relato de caza, a la cual era adicto, cuando un campesino derribó las cercas que obligaban a los venados a caer en las trampas. El rey se puso furioso y gritó: 'Por Dios y su madre que te haré lo mismo si puedo.'

Durante los primeros seis o siete años de su reinado, si bien estaba bajo la influencia de Godwine, mostró algunas señales de actividad. Una invasión escandinava amenazaba, pues tan pronto como Magnum hubo tomado posesión de Dinamarca, demandó a Eduardo el trono de Inglaterra en virtud de un acuerdo con Hardicanuto. Se preparó una flota para detener la esperada invasión y el rey tomó parte personal en los preparativos. Sin embargo, Magnus entabló guerra con Swend y, aunque tuvo la victoria, murió en 1047, antes de poder llevar a cabo sus planes en Inglaterra. Hacia ese tiempo dos noruegos llevaron a cabo una incursión en las costas meridionales, embarcándose Eduardo con sus condes y persiguiendo a los piratas. Las naves de los vikingos se refugiaron en Flandes y cuando, en 1049, el emperador Enrique pidió ayuda a Eduardo contra su rebelde vasallo el conde Balduino, el rey reunió su flota en Sandwich y se preparó para enfrentarse al común enemigo. Mientras estaba allí se reconcilió con Swegen el hijo de Godwine, seductor de la abadesa de Leominster, que había dejado el reino, llevando la vida de un corsario, prometiéndole incluso devolverle todo lo que había perdido. Harold, hermano de Swegen, y su primo Beorn, que se habían beneficiado de su desgracia, persuadieron al rey para que cambiara sus planes y le negara su solicitud. En venganza Swegen mató a Beorn, teniendo que escapar, aunque al año siguiente pudo regresar. Mientras tanto, la facción extranjera iba ganando fuerza rápidamente; estaba encabezada por Roberto, que había lleagdo a Inglaterra como abad de Jumièges y en 1044 obtuvo el obispado de Londres. Había sido uno de los amigos del rey durante su estancia en Normandía y pronto ganó tal influencia sobre él que se dice que si hubiera dicho que 'si un cuervo negro era blanco, el rey habría creído a sus palabras más que a sus propios ojos', usando esa influencia para indisponer a Eduardo contra Godwine. Otro normando, llamado Ulf, uno de los oficiales o capellanes de Eduardo, recibió el vasto obispado de Dorchester del rey en 1049, siendo escandalosamente inepto para tal cargo.
Relaciones eclesiásticas.
Un resultado de la preparación extranjera de Eduardo y la promoción de eclesiásticos extranjeros, fue el incremento de relaciones entre la Iglesia inglesa y la cristiandad latina. En 1049 Eduardo envió representantes a un concilio convocado por León IX en Reims, para que pudieran informarle y al año siguiente envió embajadores a Roma con otro propósito. Antes de llegar al trono había hecho un voto de peregrinación a Roma, perturbando su conciencia el no haberlo cumplido. Se dice que consultó a los 'consejeros' sobre el asunto, quienes declararon que no debía dejar el reino, aconsejándole que solicitara al papa la absolución. Envió a Ealred y a otro obispo al concilio de Roma, diciéndose que León le otorgó la absolución a condición de que diera a los pobres el dinero que le habría costado el viaje y que edificara o restaurara un monasterio en honor de San Pedro. Llevaría a cabo el mandato del papa al construir la catedral. El mismo año Ulf asistió a otro concilio papal en Vercelli, para procurar la confirmación de su designación, lo que era inusual hacer para un obispo inglés. La total ineptitud del hombre al que Eduardo había promocionado fue evidente para todos, 'rompiendo ellos prácticamente su báculo porque no pudo efectuar su ritual', pero logró su obispado por una gran suma de dinero. La rivalidad entre Godwine, con sus adherentes, y la facción extranjera llegó a su apogeo a la muerte del arzobispo Eadsige en octubre de 1050. Alfric, pariente de Godwine, que fue canónicamente elegido para el arzobispado, y cuyas pretensiones eran respaldadas por el conde, fue rechazado por el rey en favor de Roberto de Jumièges, que recibió la sede al año siguiente. Eduardo se congratuló al nombrar a Spearhafoc, abad de Abingdon, un habilidoso orfebre, para suceder a Roberto en el obispado de Londres, pues hizo una espléndida corona para el rey, circunstancia que sugiere un motivo corrupto para su promoción. Eduardo dio su abadía a un obispo noruego, que era pariente suyo, induciendo a los monjes, aunque contra su voluntad, a recibirlo, al prometer que en la siguiente vacante su derecho de elección quedaría garantizado, promesa que no cumplió. Cuando Robero regresó de Roma con su pallium, Spearhafoc le pidió que le consagrara, presentándose con el mandato escrito y sellado del rey para que realizara el rito; Roberto se negó a obedecer, declarando que el papa le había prohibido hacerlo, lo que hace probable que el nombramiento fuera simoníaco. Sin embargo, Eduardo dio a Spearhafoc 'plena licencia' para ocupar su obispado sin consagrar. El mismo año que Eduardo hizo esos nombramientos eclesiásticos (1051) detuvo la recaudación de un impuesto para el mantenimiento de la flota, dispersando a los marinos. La remisión de este impuesto fue una medida muy popular, siendo resultado, según una leyenda, de que el rey vio al diablo sentado sobre el tesoro que el impuesto había producido. Probablemente está relacionada con el declive de la influencia sobre Eduardo del conde Godwine, que a duras penas habría aprobado esa medida.

ilustración de Cassell's Illustrated History of England
En el otoño de ese año los hombres de Dover incurrieron en el desagrado del rey al resistir los ultrajes cometidos por uno de sus visitadores extranjeros, Eustace, conde de Boulogne, segundo marido de su hermana Godgifu. Eustace se quejó a Eduardo y éste mandó a Godwine, en cuyo condado estaba Dover, marchar sobre la ciudad y hostigarla. Godwine se negó a obedecer esa orden y el arzobispo Roberto aprovechó la ocasión para indisponer al rey contra él, recordándole que el conde era culpable del cruel asesinato de su hermano Alfredo. Una segunda causa de guerra surgió de los abusos cometidos por la guarnición de un castillo construido por uno de los seguidores franceses de Eduardo en Herefordshire, el condado de Swegen, hijo de Godwine. Eduardo convocó a los 'consejeros' y los condes Leofric y Siward desplegaron sus fuerzas del lado del rey contra las de Godwine y sus hijos. El rey, que estaba en Gloucester, tuvo mucho temor, pero adquirió confianza cuando se vio ampliamente respaldado, negándose a las demandas de Godwine. Leofric impidió la guerra civil, la sentencia contra Swegen se renovó y Godwine y Harold fueron citados a Londres. Demandaron un salvoconducto y rehenes, pero cuando se les negó el conde y su familia huyeron del país, siendo declarados prófugos. Del arzobispo Roberto se dice que propuso el divorcio entre el rey y la reina y aunque no insistió en ello, persuadió a Eduardo, que atendía su consejo, para que se apoderara de las posesiones de la reina y la mandara a un convento. La facción extranjera tenía ahora una influencia indisputable sobre el rey; Spearhafoc fue privado de su obispado en Londres y uno de los oficiales normandos de Eduardo, llamado Guillermo, fue consagrado para la sede. Guillermo, duque de Normandía, llegó a Inglaterra con un gran número de seguidores para visitar a su primo y Eduardo le recibió honorablemente, dándole muchos presentes. Es probable que durante esta visita Eduardo prometiera hacer lo que pudiera para promover la sucesión del duque al trono inglés. En 1052 Godwine hizo un intento de reconciliarse con el rey, siendo su causa defendida por los embajadores del rey francés y del conde de Flandes, pero sus enemigos impidieron que Eduardo les atendiera. Al final determinó volver por la fuerza. Harold asoló la costa de Somerset con algunos navíos irlandeses y Godwine, tras hacer un intento infructuoso para efectuar un ataque con barcos que había reunido en Flandes, se unió a su hijo, atracó en Southwark y fue bienvenido por la mayoría de los londinenses. Eduardo no supo de la invasión del conde hasta que la flota alcanzó Sandwich. Al recibir las nuevas convocó a sus fuerzas, se apresuró a ir a Londres con un ejército y ocupó la orilla septentrional del río. Allí recibió la demanda de que el conde y su casa debían ser restaurados. Se negó durante un tiempo y los hombres del conde se airaron hasta el extremo de que con dificultad pudieron ser detenidos de echar mano de la violencia. Stigand, obispo de Winchester desde 1047, medió entre las dos partes, devolviéndose a los rehenes y determinándose someter la cuestión ante una asamblea que se celebraría al día siguiente, 15 de septiembre. Tan pronto como este acuerdo llegó a sus oídos, todos los extranjeros, eclesiásticos y laicos, huyeron apresuradamente, escapando Roberto y Ulf de Inglaterra en un navío. La asamblea se celebró en Londres y allí el conde se arrodilló ante el rey y le imploró por la cruz que llevaba en su corona que le permitiera purificarse mediante juramento de los cargos contra él. La causa del conde era popular, siendo declarado inocente, devolviéndosele a él y a su familia todo lo que tenían antes de ser proscritos, siendo declarados culpables el arzobispo Roberto y todos los normandos que le habían acusado injustamente y dado maligno consejo. Eduardo, que se encontró abandonado de sus favoritos extranjeros y con mucho menos poder en la asamblea que el conde, se sometió a las peticiones de sus adversarios, reconciliándose con él y con sus hijos. A la reconciliación siguió rápidamente el regreso y restauración de la reina. En cuanto a los asuntos de gobierno concernía, Eduardo estaba ahora bajo el poder de Godwine y de su facción, mostrándose su poder en la designación de Stigand para el arzobispado de Canterbury, que recibió desafiando a la ley eclesiástica durante la vida de Roberto. A la muerte de Godwine, que murió súbitamente en el transcurso de una fiesta con el rey por exceso de bebida, en abril de 1053, Eduardo nombró a su hijo mayor, Harold, para sucederle como conde de los sajones occidentales y desde ese momento dejó el gobierno en sus manos. Al mismo tiempo no se privó de la compañía de sus favoritos normandos, pues la sentencia de condena proclamada en la restauración de Godwine sólo afectaba a los extranjeros que habían abusado de su poder, permaneciendo un gran número de normandos en Inglaterra durante el resto de su reinado y teniendo oficios en la corte. Sin embargo, con la excepción del sobrino del rey, Ralph, al que le fue permitido retener su condado, y de Guillermo, obispo de Londres, que era personalmente popular, ningún cargo importante de la Iglesia o el Estado tras 1052 fue ocupado por normandos.
Guerras en Gales y en el norte.
Sea cualquiera que sea la verdad sobre la promesa de Eduardo al duque Guillermo con respecto a la sucesión, él, bien por su propia voluntad o por consejo de los 'consejeros', llamó a su sobrino Eduardo, el ætheling, en 1054, para que viniera de Hungría a fin de hacerle su heredero. El ætheling llegó a Inglaterra en 1057, pero fue impedido de ver a su tío, no se sabe por quién, y murió poco después. Ningún inglés fue más amado por Eduardo que Tostig, hermano de Harold. Este hombre rudo y violento ganó gran influencia sobre el débil rey, que, a pesar de su santidad, era despiadado y cruel cuando cualquiera le ofendía, debiendo por tanto estar contento de haber encontrado un consejero y compañero tan inescrupuloso como él cuando su pasión explotaba y de una voluntad más fuerte que la suya. Tostig fue también más querido por la reina que sus otros hermanos y los planes de Harold para incrementar su propio poder nombrándole gobernante del condado de Northumberland, a la muerte de Siward en 1055, fueron aceptables en la corte. Un intento añadido de elevar el poder de la casa de Godwine fue el destierro de Elfgar, conde de los anglos orientales, que fue acusado de traición contra el rey y el pueblo. Elfgar, que era casi o totalmente inocente, fue incitado a la rebelión y en alianza con Gruffyd, de Gales del norte, hizo guerra a Inglaterra, causando mucho daño. Sin embargo, no mucho después, Eduardo le devolvió todas sus posesiones y Gruffyd se sometió al rey inglés, reconociendo su superioridad. Las guerras de Harold en Gales y su conquista del país apenas preocuparon al rey personalmente. El 3 de mayo de 1060 Eduardo estuvo presente en la consagración de la iglesia colegiata fundada por Harold en Waltham. La guerra galesa acabó en 1063 y en agosto Harold se presentó ante el rey con la cabeza de Gruffydd, que había sido asesinado por su propio pueblo, y con la quilla de su navío. Eduardo otorgó Gales a dos parientes de Gruffydd, recibiendo su sumisión. Estaba cazando con Tostig en el bosque cerca de Wilton, en octubre de 1065, cuando Harold le trajo nuevas de la insurrección del norte. La designación de Tostig al condado de Northumberland había sido desastrosa, pues pasó la mayor parte de su tiempo con el rey en el sur de Inglaterra y entregó el gobierno de su vasto condado a un valido. Sus súbditos estaban irritados al comprobar que su territorio quedaba reducido a la posición de una 'mera dependencia'. La violencia y traición de Tostig les airaron y su ausencia encendió la revuelta. Los insurgentes celebraron una asamblea en York, escogiendo un conde, Morkere, el hijo menor de Elfgar, que durante los últimos años de su vida había sido conde de Mercia, sucediéndole su hijo mayor Eadwine. Aunque la revuelta del norte contra Tostig aminoró el poder de la casa de Godwine, no significó el freno a los planes de Harold, que para ese tiempo había formado alianza con Eadwine y Morkere, casándose con su hermana. Se presentó ante el rey con la noticia de que los seguidores de Tostig habían sido asesinados y que Morkere y el ejército del norte había avanzado hacia el sur hasta Northampton. Eduardo al principio creyó que no había motivo de preocupación y envió simplemente a Harold a los insurgentes con el mandato de que depusieran las armas y procuraran justicia en una asamblea legal. Respondieron con la exigencia del destierro de Tostig y el reconocimiento de Morkere como conde, condiciones sobre las que volverían a ser leales. Tras otros dos intentos de pacificación mediante negociación, el rey se dio cuenta de la seriedad de la revuelta. Dejó la caza y celebró una asamblea en Britford, cerca de Salisbury. Allí Tostig acusó a Harold ante el rey de incitar la revuelta contra él, declarándose Harold inocente de la acusación. Eduardo actuó al convocar a las fuerzas nacionales y aplastar la revuelta por la espada, a lo que los nobles, con Harold a la cabeza, se opusieron fuertemente y al no poder disuadirle se retiraron y le dejaron indefenso. Harold se reunió con los insurgentes en Oxford el 28 de octubre y se plegó a todas sus demandas. Tres días después, Eduardo, incapaz de proteger a su favorito, le abrumó con presentes y se separó de él con gran lamento, saliendo Tostig y su familia de Inglaterra. La mortificación y la tristeza enfermaron a Eduardo, de lo que nunca se recuperó, invocando a Dios contra quienes le habían fallado en su necesidad y frustrado sus esperanzas de aplastar a los insurgentes.

ilustración de Cassell's Illustrated History of England
Desde 1051 Eduardo había llevado a cabo la tarea de reconstruir el monasterio de Thorney fuera de la puerta occidental de Londres, en cumplimiento del mandato que le diera el papa. Los edificios monásticos fueron terminados en 1061 y durante los últimos años de su vida impulsó el levantamiento de la iglesia, que edificó al oeste de la antigua, para que los monjes pudieran seguir realizando el servicio sin interrupción. Un diezmo de todas sus posesiones lo dedicó a esta obra. Su iglesia fue el primer ejemplo en Inglaterra de la variedad normanda de arquitectura románica, siendo en el siglo XII el modelo que otros intentaron imitar. Fue consagrada el día de los Inocentes, 28 de diciembre de 1065. Eduardo estaba demasiado enfermo para estar presente en la grandiosa ceremonia, ocupando su lugar la reina. Él yacía en su lecho de muerte en su palacio y cuando supo que todo se había hecho debidamente su estado empeoró, estando el día 3 de enero tan débil que no podía hablar inteligiblemente. El día 5 recuperó el habla y se dirigió a los que estaban alrededor de su cama: La reina, que calentaba sus pies en su regazo, el arzobispo Stigand, Harold, Roberto y algunos amigos personales. Anunció que un tiempo malo se acercaba al país. Todos le escucharon con temor menos Stigand, que susurró al oído de Harold que la enfermedad y la edad le habían privado de su inteligencia. Se despidió de la reina mandándola que cuidara del conde, su hermano, nombrándolo su sucesor. Entonces le pidió que fuera benevolente con los extranjeros que habían dejado sus propios países para ser sus súbditos y que les sirviera fielmente. Después dio las instrucciones sobre su funeral. Recibió los últimos sacramentos y murió. Fue enterrado al día siguiente en la recién consagrada iglesia de San Pedro en Westminster, probablemente por el abad Eadwine. Su tumba se convirtió pronto en escenario de peregrinación y de supuestos milagros. Al ser el último rey inglés de la antigua línea real fue recordado con sentimientos de afecto, que hallaron expresión en actos de devoción y leyendas sobre su santidad. Entre ellas, una de las más famosas, fue su visión de que los Siete Durmientes de Éfeso se habían vuelto de su lado izquierdo. Otra de mayor importancia histórica, para probar que practicó la costumbre de la investidura episcopal, se reservó para la vida de Wulfstan obispo de Worcester. Se dice que sanó a muchos, especialmente a los que sufrían de úlceras, tocándolos. William de Malmesbury declara que los que le conocieron mientras vivió en Normandía dijeron que realizó algunos milagros de esta clase antes de llegar al trono y que por tanto era un error afirmar, como hacían algunos, que tenía este poder no por su santidad sino por su linaje. A finales del siglo XII se creía generalmente que los reyes de Inglaterra tenían el don de sanidad en virtud de su unción y hasta la primera parte del siglo XVIII el poder de curar el 'mal del rey' lo poseían todos los sucesores de Enrique, como un 'milagro hereditario.' Por supuesto, no hubo intento en la política normanda de frenar la devoción popular por un rey que era pariente de Guillermo el Conquistador y cuyo legítimo sucesor éste afirmaba ser. Los monjes de Westminster declararon que el cuerpo de su patrón no se había corrompido, siendo su tumba abierta en 1102 por Gilbert Crispin, el abad, y Gundulf, obispo de Rochester, quienes, se dice, corroboraron la afirmación. En 1140 el biógrafo de Eduardo, Osbert u Osbern, de Clare, prior de Westminster, procuró su canonización por Inocencio II, mas el plan de Osbert fracasó. Pero Eduardo fue canonizado por Alejandro III en 1161. El cuerpo del nuevo santo fue trasladado por Thomas, arzobispo de Canterbury, en presencia de Enrique II, el 13 de octubre de 1163, y el suceso todavía se conmemora en el calendario de la Iglesia inglesa. En la coronación de Enrique III, en 1236, la espada del Confesor fue llevada ante el rey por el conde de Chester. Esta espada, que fue llamada 'custein' o 'curtana', formó parte de las insignias y la actual 'espada del estado' es su contraparte. Enrique tuvo al Confesor, con quien tenía un cierto parecido moral, en especial reverencia e hizo que su hijo menor, Eduardo I, fuera llamado como él. Además, para darle honor, reconstruyó la abadía de Westminster y el 13 de octubre de 1269 trasladó con gran esplendor las reliquias, que fueron puestas en una tumba de gran magnificencia. La tumba fue expoliada en el reinado de Enrique VIII, pero el cuerpo del rey quedó intacto. La reina María restauró la tumba y el cuerpo del Confesor fue por tercera vez trasladado el 20 de marzo de 1557.