Egberto o Ecgberht nació de noble linaje en Northumbria en 639 y murió en
Iona el día de
Pascua, 24 de abril de 729, nada más celebrar
misa. Poco después de 632 fue a Irlanda, estando entre sus compañeros Æthelhun, hermano de Æthelwine, posterior
obispo de Lindsey, y el más famoso
Ceadda. Jóvenes visitaban Irlanda ya fuera para estudiar o para cultivar la vida monástica. Egberto fue uno de los que 'visitaban las celdas de los maestros', siendo alojado sin costo y recibiendo instrucción gratuita de los hospitalarios isleños. Pero en 664 una terrible peste asoló Bretaña e Irlanda y Egberto y Æthelwine quedaron envueltos en el caos cuando viajaban al monasterio de Rathmelsigi, una casa situada por algunos en Connaught e identificada por otros con Mellifont, cerca de Drogheda, aunque en ambos casos con insuficiente evidencia. Temiendo que la
muerte era inminente, Egberto, como relata
Beda por el testimonio de un viejo
sacerdote que escuchó la historia de Egberto mismo, oró que pudiera tener tiempo para arrepentirse, prometiendo solemnemente que si se recuperaba nunca regresaría a Bretaña, recitaría el salterio entero cada día y
ayunaría un día y una noche cada semana. Su compañero murió, pero Egberto se recuperó y se hizo sacerdote y monje. Durante el resto de su larga vida mantuvo sus
votos y obtuvo gran reputación por su humildad, bondad, continencia, sencillez y justicia. Añadió a sus antiguo votos uno nuevo, que comería una vez al día en
Cuaresma, los cuarenta días antes de
Navidad y los cuarenta días posteriores a Pentecostés, con una limitada cantidad de pan y leche desnatada. Fue excepcionalmente conocedor de las
Escrituras. Los estudiantes y monjes de Inglaterra buscaban su consejo. Uno de ellos, Higbald, posterior
abad de Lindsey, relata cómo Egberto le dijo que conocía a un hombre en Irlanda que en la noche de la muerte de Ceadda (2 de marzo de 672) vio en visión el espíritu de
Cedd, su hermano, descendiendo del cielo con una hueste de ángeles para acoger a su hermano en el reino celestial. Beda sospechaba que Egberto mismo había tenido esta visión, pero no estaba seguro. No obstante, posteriormente ya no hubo duda de que Egberto fue testigo de este milagro. Doce años después Egberto reprendió valientemente al rudo Ecgfrith, rey de Northumbria, que, como parte de su política contra los vecinos celtas, tributarios de su reino, emprendió una guerra no provocada con los amistosos irlandeses. La muerte de Ecgfrith al año siguiente en la guerra con los pictos se consideró un castigo por su desprecio al consejo de Egberto. Su voto de no volver a Bretaña lo cumplió, poro tenía un irresistible impulso de
predicar a los
paganos germanos más allá del mar, especialmente a los frisones y a los antiguos sajones. Si este ambicioso plan fallaba, al menos podría visitar el pórtico de los apóstoles en Roma. Escogió a sus compañeros y su navío, pero en el último momento un monje llamado Melrose, que formaba parte del grupo, fue avisado por su antiguo abad, Boisil, en un sueño para que dijera a Egberto que desistiera y visitara los monasterios de
Columba. Egberto dudó hasta que el mensaje se repitió en una segunda y más clara visión. Una tormenta encalló a su navío en la costa y finalmente desistió de su viaje misionero. Pero animó a otros a ir adonde él no pudo. Wihtberth, inglés,
anacoreta en Irlanda, acometió la misión frisia en 690. Trabajó dos años sin resultado y regresó desanimado. Pero en 692 Egberto encontró en
Willibrord y sus doce compañeros unos misioneros más prósperos. Sin embargo, no fue hasta unos años después que Egberto cumplió el mandato. Todavía vivía entre los escoceses cuando hacia 705 fue consultado por Eanmund, el noble de Northumbria a quien cruelmente el rey Osred había metido en un monasterio. A petición del monje, Egberto consagró un
altar para el monasterio de San Pedro. También pidió a Eanmund a construir una
capilla en una colina cubierta de espinos, refugio de bandidos. Eanmund cumplió su solicitud. Tal vez Utan el escocés, de los más celosos discípulos de Eanmund, procedía de Egberto. Es destacable que el narrador de esta relato habla de Egberto como obispo, mientras que Beda siempre lo describe como
presbítero. Pero
Alcuino dos veces describe a Egberto como obispo, tal como Æthelwulf hace. A pesar de la santidad de la vida de Egberto y su
ortodoxia en todos los puntos de controversia entre Roma y las
iglesias celtas, Beda ignora u olvida que tuvo en algún sentido el carácter de obispo.
Finalmente en 716, Egberto fue a su misión en Iona. La Pascua y la tonsura celta ya habían perdido fuerza incluso en el centro del cristianismo celta. Adamnan se había convertido desde 686 en defensor de las costumbres romanas y tras el sínodo de Tara en 692 todos los escoceses septentrionales, salvo unos pocos monasterios de Columba, seguían a Roma. Fue hacia este tiempo que Egberto ansió su conversión, si bien difícilmente podía él mismo haber sido de la facción celta incluso antes de eso. Pero a la muerte de Adamnan el cisma estalló en Iona. Cuando Egberto llegó en 716 encontró dos abades rivales, si bien no hay duda de que la facción más numerosa estaba con el abad Dunchand del lado romano. Las tradiciones del lugar tendían poderosamente a los usos locales. La elocuencia y seriedad de Egberto hizo que los monjes dejaran sus antiguos caminos. Los investigadores irlandeses e ingleses fijan en 716 la fecha del abandono de la Pascua celta en Iona. En 717 murió Dunchand y Faelchu, el abad rival, vio su causa fortalecida por los monjes de Columba fugitivos expulsados ese año de los dominios de Nectan, rey de los pictos. Egberto todavía perseveró. En 718 impuso en Iona la tonsura romana. Pero la batalla fue ardua y la victoria gradual. Egberto nunca dejó Iona, encontrando allí su obra al someter los últimos vestigios del cisma. Su influencia se extendió sobre la mayor parte de la tierra de los escoceses. Fue reverenciado como santo ya en los tiempos de Alcuino.