Historia

EGEDE, HANS (1686-1758)

Hans Egede nació en Trondenäs, una localidad en la isla de Senjen, Noruega, el 31 de enero de 1686 y murió en Stubbekjöbing en la isla de Falster, Dinamarca, el 5 de noviembre de 1758.

Hans Egede
Hans Egede
Primeros años.
Tras completar sus estudios en la universidad de Copenhague se hizo cargo, cuando tenía 21 años, de la parroquia luterana de Vaagen, una de las islas Lofoden, y poco después se casó con Gertrude Rask. De su cuñado, un ballenero de Bergen, aprendió que la parte sudoccidental de Groenlandia estaba habitada por paganos y su interés en ellos se incrementó por la lectura de las crónicas en antiguo norse.

Establecimientos en Groenlandia.
Durante el siglo X los paganos septentrionales habían emigrado desde Islandia a Groenlandia y habían hecho retroceder a los aborígenes, que eran llamados skrällingen; pero hacia el año 1000 el cristianismo parece haber echado raíces entre los colonos. Hacia 1348 sin embargo, la "Peste negra" asoló Europa, cortando la comunicación con el reino y los aborígenes aprovecharon la oportunidad para destruir un establecimiento tras otro. Durante unos 60 años la Iglesia sobrevivió pero el año 1410 marca la cesación de todo informe auténtico sobre la colonia y la iglesia. En los siglos XVI y XVII los reyes de Dinamarca y Noruega enviaron una serie de expediciones para recuperar la provincia, que fracasaron, pero el entusiasmo despertado en el corazón de Egede y su esperanza en una meta más elevada se centraron en ganar la victoria.

Interés en la misión en Groenlandia.
A pesar de la oposición tanto de extraños como de cercanos, quedó más y más convencido de que estaba llamado para ir a esas gentes, pero los obispos de Bergen y Trondhjem, ante quienes expuso sus "propuestas para la conversión e iluminación de los groenlandeses", le crearon dificultades e incluso el colegio misionero fundado en Copenhague en 1714 le mostró escasa simpatía. En 1717 dimitió de su labor pastoral y se fue, en el otoño del año siguiente, a Bergen con su esposa y cuatro hijos. Allí no sólo intentó interesar a algunos amigos en su plan de misión a Groenlandia en relación con una empresa comercial, sino que también adquirió algún conocimiento mecánico y técnico. En la primavera de 1719, cuando se hizo la paz a la conclusión de la guerra septentrional, Egede fue a Copenhague para ver al rey Federico en persona. Éste accedió a su plan, pero su ayuda no fue efectiva, percibiendo Egede que él mismo debía asumir toda la responsabilidad. Tras repetidas decepciones encontró unos pocos amigos en Bergen y otras partes, que formaron con él la "Sociedad Groenlandia" y contribuyeron con un fondo que les permitió comprar el barco "Esperanza." Poco después (1721) el colegio misionero le notificó que el rey sancionaba la expedición y designaba a Egede misionero y dirigente con un salario.

Logros como misionero.
El 3 de mayo de 1721 el grupo de 46 personas, incluyendo la familia de Egede, dejó Bergen; el 12 de junio vislumbraron Statenhuk, la punta meridional de Groenlandia y el 3 de julio, tras mucho peligro, alcanzaron un refugio seguro y un lugar prometedor para su colonia en la costa occidental. Los nativos, que se acercaron en multitud y pronto desaparecieron tímidamente, eran esquimales, siendo descendientes de aquellos que habían destruido las anteriores colonias islandeses. Eran ignorantes y tenían pocas ideas religiosas, mientras que su lengua, sin ninguna relación con ninguna lengua europea, presentaba un serio obstáculo para la empresa misionera. Con la ayuda de sus hijos, que rápidamente se hicieron amigos de los aborígenes, Egede gradualmente dominó su lengua, en la que pronto tradujo el catecismo de Lutero. Fue infatigable en visitar los lugares y entre privaciones y peligros se convirtió en un groenlandés entre los groenlandeses, ganando el corazón incluso de los inamistosos angekoks (adivinos). En su primera colonia de Godthaab ("Buena esperanza") puso especial atención a los niños y aunque fue, tal vez, demasiado escrupuloso hacia los adultos y estableció condiciones demasiado estrictas sobre ellos, bautizó a niños y niñas, lo que hizo que sus padres dieran también la bienvenida a la predicación del evangelio. Un principal obstáculo fueron sus propios paisanos, quienes se quejaban por su suerte y ocasionaron graves escándalos a los nativos a causa de su mala conducta, particularmente una vez que el gobierno hubo transportado a un número de maleantes tras su llegada. Por otro lado, se sintió animado por el constante crecimiento en el deseo de los nativos para aceptar el cristianismo. En 1723 recibió la ayuda de su primer colega, Albert Topp, quien había sido nombrado para establecer una segunda colonia, uniéndose pronto otros dos, así como por su hijo Paul y un poco después por su joven hijo Niels, mientras que unos pocos años más tarde se añadió un ayudante nativo.

Apoyo real retirado y restaurado.
En 1727 la compañía Bergen-Groenlandia quedó disuelta por su fracaso comercial y tras la muerte de Federico IV un segundo golpe cayó sobre Egede cuando, en 1731, el rey mandó que la colonia fuera enteramente abandonada al ser financieramente inviable. Sin embargo, si Egede y otros preferían quedarse, se les dejaría un año de provisiones para ellos. Egede, que ya había echado raíces, se comprometió con los groenlandeses, quienes no querían dejarlo ir, y se quedó con unas pocas almas valientes que enfrentaron la privación y el peligro. En esta crisis el conde Zinzendorf, que estaba entonces en Copenhague, prevaleció sobre Christian VI para que renovara su apoyo a Egede y le diera testimonio público de reconocimiento, además de otorgarle una generosa subvención y respaldar sus planes para continuar la misión (4 de abril de 1733). Una epidemia de viruela asoló el país hasta junio de 1734. Las víctimas ascendieron a 3.000, mientras que en la colonia de Godthaab, que contaba con más de 200 familias, todos los groenlandeses murieron a excepción de un niño y una niña. Egede permaneció firme en medio de la prueba. Su fiel esposa sucumbió a sus esfuerzos casi sobrehumanos y él mismo, quebrantado en cuerpo y alma, determinó encomendar la asolada tierra a la fuerza más robusta de su hijo Paul y promover la obra de su vida a partir de entonces desde un lugar más tranquilo.

En 1736 regresó a Copenhague; fue director de una escuela de preparación para misioneros a Groenlandia y en 1740 superintendente de la obra misionera allí. En 1747 se retiró a Stubbekjöbing y a partir de entonces no tuvo relación oficial con su obra misionera en Groenlandia, aunque su interés continuó y su hijo Paul fue un destacado erudito en groenlandés y el traductor del Nuevo Testamento a esa lengua.