Historia
EGERTON, FRANCIS HENRY (1756-1829)

Fue un buen erudito, amante de la literatura y las antigüedades y patrono del saber, pero fue igualmente un hombre de gran excentricidad. Vivió durante muchos de sus últimos años en París, en una mansión que llamó Hôtel Egerton, en Rue St. Honoré. Su casa estaba llena de perros y gatos, a los que vestía como hombres y mujeres, llevándolos en su carruaje y alimentándolos a su mesa. En sus últimos días llenó su jardín de conejos y con palomas y perdices a las que cortaba las alas para disfrutar del 'deporte' de matar unos pocos ejemplares para su mesa.
Sus obras literarias las imprimió para circulación privada. De algunas de ellas es evidente que consideraba su alcurnia con gran orgullo, mientras que otras muestran que vivió en infeliz discordia con sus contemporáneos. Permaneció soltero y cuando murió sus restos fueron trasladados a Inglaterra, siendo enterrado en Little Gaddesden, Hetfordshire. Con él murieron todos sus títulos. En su testamento, fechado el 25 de febrero de 1825, legó 8.000 libras para la mejor obra sobre 'la bondad de Dios manifestada en la creación.' Este dinero lo administró el presidente de la Royal Society entre ocho personas: Thomas Chalmers, John Kidd, William Whewell, Charles Bell, Peter Mark Roget, William Buckland, William Kirby y William Prout, autores de los ocho ensayos, conocidos desde entonces como Tratados Bridegwater. Su valiosa colección de manuscritos y autógrafos los donó al Museo Británico, con una suma de 12.000 libras. Los 'Manuscritos Egerton', como son llamados, tratan principalmente sobre la historia y literatura de Francia e Italia.