Historia
EGIDIO DE VITERBO († 1532)
Egidio de Viterbo, general de la orden de los eremitas agustinos a la que perteneció Lutero, murió siendo cardenal en Roma en 1532.
De su obra Scechina e Libellus (c. 1529) en el que comenta las causas del Saco de Roma es el texto siguiente:

'[Durante veinte años] enseñé por casi toda Italia el Apocalipsis de san Juan, que trata del destino de la Iglesia, y repetidamente declaré que quienes me escuchaban serían testigos de una gran agitación y destrucción dentro de la iglesia, y que un día contemplarían su enmienda... Concededme el poder de hablar, y a mi destreza el poder de persuadir, y a los Padres... [de este] concilio, el arrancar los vicios, encender las virtudes y atrapar a las zorras que en estos tiempos juran destruir la viña del Señor... Aunque venzamos a la espada y regresemos de nuevo al abrigo de la devoción en los altares y en los templos de Dios, [el infiel] crecerá cada día más fuerte, subyugará a todos a su poder y, como perverso vengador de nuestra impiedad, tomará posesión del mundo entero... Aunque en este concilio... pongamos límites a nuestras costumbres, aunque pongamos freno a nuestros voraces deseos por las cosas humanas, origen de todos los males, con el fin de rendirnos al amor de las cosas divinas, la Cristiandad está acabada... ¿Cuándo ha sido la vida más afeminada?... ¿Cuándo la licencia para pecar más vergonzosa?... ¿Cuándo los signos, portentos y progidios de un cielo amenazador y de una tierra aterrorizada han sido más numerosos y horribles?'
'Debes tan sólo entender cuán ruines son los días que corren y cuán enojado está el Cielo por la morralla que se admite para el elevado oficio del sacerdocio (indolentes, sin formación, desordenados e inmorales, simples jóvenes, banqueros, mercaderes, soldados, por no hablar de los usureros y de los alcahuetes)... El ejército del Emperador, despedazando esta bárbara inmundicia, ha derribado y quemado todo lo que había en este vertedero; ha triunfado sobre la soberbia, la riqueza y el poder. El impío dice que «si Dios cuida de las cosas sagradas, ¿por qué ha permitido esto?»; y yo le respondo que Dios no sólo lo permite sino que Él mismo lo lleva a cabo.'
Bibliografía:
T. Kolde, Die deutsche Augustiner-Congregation, Gotha, 1879.