Historia
EICHHORN, JOHANN GOTTFRIED (1752-1827)

En 1788 fue a Gotinga como profesor ordinario de filosofía y allí ejerció, hasta poco antes de su muerte, una actividad diversificada, combinada con raras facultades de laboriosidad y trabajo infatigable. Sus numerosas clases abarcaban no sólo las ciencias bíblicas, sino también la historia y vida literaria de los tiempos antiguos y modernos. Al mismo tiempo incorporó el material de sus clases en obras ampliadas publicadas en rápida sucesión (comp. Hauck-Herzog, RE, v. 235 para una lista de sus obras históricas). Sin embargo, la principal parte de su actividad la dirigió a la ciencia bíblica. De sus adicionales escritos teológicos se pueden mencionar Commentarius in Apocalypsin Joannis (2 volúmenes, Gotinga, 1791); Einleitung in die apokryphischen Schriften des Alten Testaments (Leipzig, 1795); Einleitung in das Neue Testament (2 volúmenes, Leipzig, 1804-12), conteniendo detalladas investigaciones referentes al origen de los evangelios; Die hebräischen Propheten (3 volúmenes, Gotinga, 1816-19) y una traducción métrica del libro de Job (Leipzig, 1800; 2ª edición, 1824). Sus clases en la Sociedad de Ciencias de Gotinga fueron también destacables. Tras la muerte de Heyne (1812) editó Göttinger gelehrten Anseigen, para el cual escribió muchas notas literarias.
El veredicto sobre Eichhorn y sus obras fue menos favorable no mucho después de su muerte; sus escritos históricos, que realmente eran meros esquemas, fueron hallados faltos de investigación completa y minuciosa escrupulosidad. Más duramente todavía fueron censuradas sus obras teológicas, porque le faltaba un conocimiento seguro de las características de tal o cual composición, no estando su investigación suficientemente libre de prejuicios. Lo mismo se puede decir de su exégesis, en la que pasó por alto el elemento psicológico y explicó frecuentemente el profundo contenido de los registros bíblicos por medio de la denominada elucidación "natural". Sin embargo, su mérito permanece porque no sólo vindicó la Biblia contra el ridículo de sus enemigos, sino que despertó el amor por los escritos bíblicos, especialmente el Antiguo Testamento, y el celo por examinarlos cuidadosamente.