Historia

EKKEHARD DE AURA († c. 1125)

Ekkehard de Aura (Ekkehardus Uraugensis) nació en el siglo XI y murió el 25 de febrero de algún año después de 1125.

Enrique V recibe las insignias imperiales de su padre; Crónica de Ekkehard
Enrique V recibe las insignias imperiales de su padre;
Crónica de Ekkehard
Parece que fue monje del monasterio de Bamberg en Michelsberg y en 1113 recibió la bendición como abad de Aura, que había sido fundado según la regla de Hirschau, de Otto de Bamberg, quien posteriormente sería el apóstol de los pomeranios. Previamente había vivido en el monasterio de Corvey, había visitado Jerusalén como peregrino en 1101 y había asistido al concilio de Letrán de abril de 1102. Acompañó a Otto de Bamberg en su visita al papa en 1106 y estuvo presente en el concilio de Guastalla. Parece que dejó su monasterio en 1116 y asistió al concilio de Letrán celebrado en marzo. Ekkehard fue el autor de una crónica universal, que posteriormente revisó cuatro veces. La obra original se extiende hasta el año 1099 y está basada en una obra similar que se originó en Würzburgo, aunque él la amplió de otros autores, tales como Einhard, Widukindo, Liutprando y Richer, así como de la tradición oral y su propio conocimiento. Posteriormente la extendió hasta 1106, cuando la revisó dos veces, la última vez sobre la base de la crónica de Sigebert de Gembloux y la continuó sucesivamente hasta 1114 y 1125. Su obra, que no es una mera compilación, es la más completa de todas las crónicas medievales, aunque fue sobrepasado en profundidad y clarividencia por Otto de Freising.

El siguiente pasaje de la obra de Ekkehard describe la cruzada popular:

'Los francos occidentales habían sido convencidos para abandonar sus granjas. En cuanto a los galos, habían sido severamente afligidos por varios años de sedición civil, hambre y muerte [...] Algunos del pueblo común y otras personas de otras naciones, a los que el papa no había apelado directamente, reconocieron haber sido llamados a la Tierra Prometida por ciertos profetas aparecidos recientemente entre ellos, por signos de los cielos y por revelaciones, mientras otros reconocían que habían sido incitados a tomar tales votos [de cruzada] por todo tipo de contrariedades; ciertamente muchos de ellos viajaban cargando con esposas, hijos y todos sus bienes domésticos.'
(Reprod. ingl. en J. Riley-Smith, The First Crusaders, 1095-1131, Ci1P, Cambridge, 1997, p. 16.)