Historia
ELIPANDO (c. 718 - c. 800)
Elìpando nació hacia el año 718 y murió hacia el 800. Fue uno de los dirigentes adopcionistas del siglo VIII, cuando los obispos españoles usaron una terminología que provocó la crítica y desaprobación, primero en Asturias, luego en los vecinos reinos francos y finalmente en Roma. Un tal Migetio, predicando en la parte de España en poder de los musulmanes, había dado una grosera exposición de la doctrina de la Trinidad, ensañando que había tres personas corporales y una triple manifestación en la historia del único Dios. Elipando escribió una carta en contra, vindicando la doctrina ortodoxa de la inmanencia de la Trinidad, pero estableciendo al mismo tiempo una brusca distinción entre la segunda persona de la Trinidad y la naturaleza humana de Cristo. La persona del Hijo no se hizo carne, en el tiempo, de la simiente de David, sino que fue engendrada por el Padre antes de todos los siglos; incluso después de la encarnación, la segunda persona no es la corporal, de la cual Cristo dice: 'Mi Padre es mayor que yo', sino de la que dice: 'Yo y el Padre somos uno'. Elipando no tuvo la intención de hacer violencia a la enseñanza ortodoxa por esta distinción; pero si se forzaba la expresión, la naturaleza humana parecía una persona diferente a la persona del Verbo, desapareciendo la unidad personal de Cristo. Elipando se defendió en cartas, en las que decía que Cristo era solo según la divinidad verdadera y realmente (proprius) Hijo de Dios y según su humanidad, hijo adoptado. La oposición a esta idea la expusieron Beato, un sacerdote, y el monje Heterio de Liébana. Elipando escribió enojado al abad asturiano Fidelis, atacando amargamente a sus oponentes, quienes vieron la carta cuando se encontraron con Fidelis en noviembre de 785, con ocasión de la toma de hábitos por la reina Adosinda. En réplica, ellos escribieron un tratado, discursivo y mal arreglado, pero sólido en sus citas patrísticas, subrayando la unidad de la personalidad de Cristo. El conflicto se complicó por las circunstancias políticas y los esfuerzos de Asturias para obtener la independencia del más poderoso obispo español. Las quejas llegaron a Roma, donde Adriano I se pronunció contra Elipando y su ayudante, Ascario, acusándolos de nestorianismo.
De la carta de Elipando a Fidel de Asturias es el siguiente pasaje:
'Quien no confesare que Jesucristo es Hijo adoptivo en cuanto a la humanidad, es hereje, y debe ser exterminado. Arrancad el mal de vuestra tierra. No me consultan (Beato y Heterio), sino que quieren enseñar, porque son siervos del Anticristo. Envíote, carísimo Fidel, esta carta del obispo Ascárico para que conozcas cuán grande es en los siervos de Cristo la humildad, cuán grande es la soberbia de los discípulos del Anticristo. Mira cómo Ascárico, aconsejado por verdadera modestia, no quiso enseñarme, sino preguntarme. Pero ésos, llevándome la contraria, como si yo fuese un ignorante, no han querido preguntarme, sino instruirme. Y sabe Dios que, aunque hubiesen escrito con insolencia, rendiríame yo a su parecer si dijesen la verdad, recordando que está escrito: Si iuniori revelatum fuerit, senior taceat... ¿Cuándo se ha oído que los de Liébana vinieran a enseñar a los toledanos? Bien sabe tolo el pueblo que esta sede ha florecido en santidad de doctrina desde la predicación de la fe y que nunca ha emanado de aquí cisma alguno. ¿Y ahora tú solo, oveja roñosa (esto lo decía por Beato), pretendes sernos maestro? No he querido que este mal llegue a oídos de nuestros hermanos hasta que sea arrancado de raíz en la tierra donde brotó. Ignominia sería para mí que se supiese esta afrenta en la diócesis de Toledo, y que, después de haber juzgado nosotros y corregido, con el favor de Dios, la herejía de Migecio en cuanto a la celebración de la Pascua y otros errores, haya quien nos tache y arguya de herejes. Pero si obras con tibieza y no enmiendas presto este daño, harélo saber a los demás obispos, y su reprensión será para ti ignominiosa. Endereza tú la juventud de nuestro hermano Heterio, que está con la leche en los labios y no se deja guiar por buenos maestros, sino por impíos y cismáticos, como Félix y Beato, llamado así por antífrasis. Bonoso y Beato están condenados por el mismo yerro. Aquél creyó a Jesús hijo adoptivo de la Madre, no engendrado del Padre antes de todos los siglos y encarnado. Este le cree engendrado del Padre y no temporalmente adoptivo. ¿Con amén le compararé sino con Fausto el Maniqueo? Fausto concíenaba a los patriarcas y profetas; éste condena a todos los doctores antiguos y modernos. Ruégote que, encendido en el celo de fe, arranques de en medio de vosotros tal error para que desaparezca de los fines de Asturias la herejía beatiana, de igual suerte que la herejía migeciana fue erradicada de la tierra bética. Pero como he oído que apareció entre vosotros un precursor del Anticristo anunciando su venida, ruégote que le preguntes dónde, cuándo o de qué manera ha nacido el mentiroso espíritu de profecía que le hace hablar y nos trae solícitos y desasosegados.'