Historia

ELIZABETH ALBERTINE (1618-1680)

Elizabeth Albertine nació en Heidelberg el 26 de diciembre de 1618 y murió en Herford, Westfalia, el 11 de febrero de 1680.

Elizabeth Albertine
Elizabeth Albertine
Era hija de Federico V, elector del Palatinado y rey de Bohemia, y de Elizabeth Stuart, hija de Jacobo I de Inglaterra. Tras la caída de su padre, sus primeros años los pasó en Berlín, bajo el cuidado de su abuela Juliana, hija de Guillermo de Orange, quien dio a sus pensamientos una dirección piadosa y elevada. Cuando tenía nueve o diez años fue a La Haya, donde sus padres mantenían una tranquila corte rodeada por un selecto círculo de hombres nobles y educados. Aquí Elizabeth aprendió lenguas clásicas y modernas, arquitectura y mostró inclinaciones especiales hacia los estudios filosóficos. Pronto decidió permanecer soltera y dedicar su vida al estudio. Las muchas desgracias que soportó su familia pueden haber confirmado su decisión. En 1639 entabló correspondencia con Anna María von Schürmann, una mujer entendida, llamada la Minerva de Holanda. Poco más tarde conoció a Descartes, quien, a su solicitud, fue su profesor de filosofía y moral y en 1644 le dedicó sus Principia. En 1649 Descartes atendió la invitación de la reina Cristina de Suecia, pero continuó manteniendo correspondencia con Elizabeth hasta que murió al año siguiente. En ese tiempo Elizabeth regresó a Heidelberg con su hermano Karl Ludwig, quien ahora era el elector, pero sus problemas conyugales la indujeron a dejar Heidelberg. Durante una visita a una tía en Krossen conoció a Cocceius, quien posteriormente entablaría correspondencia con ella y le dedicaría su exposición del Cantar de los cantares. A través de ella fue encaminada al estudio de la Biblia. En 1667 se convirtió en abadesa de la institución de Herford donde se distinguió por su fidelidad en la realización de sus deberes, por su modestia y filantropía y especialmente por su bondadosa hospitalidad a todos los que estaban oprimidos a causa de la conciencia. En 1670 recibió a los seguidores de Jean de Labadie, por cuya actividad se sintió atraída y cuando la congregación salió en 1672, retuvo un pequeño grupo de almas gemelas bajo su protección. Los labadistas fueron seguidos en 1676 por los cuáqueros. En 1677 Penn llegó junto con Barclay y permaneció tres días, celebrando reuniones que hicieron una profunda impresión en la condesa. Su amistad con Penn duró hasta su muerte en 1680 y él celebró su memoria en la segunda edición de su libro No Cross, No crown (1682), alabando su piedad y virtud, su sencillez, su cuidado, su justicia, humildad y amor caritativo. Leibniz la visitó en 1678.