Historia

ELLER, ELIAS (1690-1750)

Elias Eller, impostor y fundador de los sionitas o secta de Ronsdorf, nació de humilde cuna en el ducado de Berg en 1690 y murió en Ronsdorf en 1750. Muy habilidoso trabajador en una fábrica de tejidos de Elberfeld, se hizo entusiasta propagador de ideas milenaristas y con platónicos discursos sobre el amor más puro se cautivó a la viuda Bolckhaus, en cuya casa trabajaba, contrayendo con ella matrimonio. Al crecer su influjo con los obreros, se hicieron frecuentes en su casa las reuniones en que con regalos de bebida y comida mezclaba los ideales de una nueva religión, en la que todo debía ser fraternidad y demostraciones de amor. A estas reuniones asistía una joven, Anna van Buchel, hija de un panadero de la ciudad, con quien intimó Eller, y a quien comunicó todos su planes y cuanto se le alcanzaba del Apocalipsis para fundar sus opiniones milenaristas, sugestionándola para que, como no tardó en suceder, se imaginase ser la escogida del cielo para una nueva revelación. Toda la secta creyó tener en su seno una profetisa y tras morir la esposa de Eller, contrajo éste, sin tardanza, matrimonio con Anna, logrando aparecer a los ojos de la comunidad como guardador de la honra del objeto de los carismas divinos. Con la creciente reputación de ambos, anunciaron el próximo nacimiento del nuevo Mesías que reinaría mil años sobre la tierra, y aunque Anna dio a luz una niña, ambos cónyuges continuaron engañando a sus seguidores, para quienes era ligera la libertad de la nueva ley, que fue propagada por Alemania, Suiza, Holanda y países del norte.

Su doctrina, que por expresa promesa debían sus partidarios conservar oculta, se contenía en su libro llamado Hirtentasche. Sus principales dogmas eran: que en Eller se encontraba la plenitud de la divinidad; que los patriarcas del Antiguo Testamento lo habían prefigurado; que su esposa, conocida con el nombre de Madre de Sion, era la escogida de Dios para dar un nuevo evangelio al mundo, y que sus hijos eran inmediatamente concebidos por la sola virtud de Dios. El misterio en que se envolvía la nueva revelación, y, sobre todo, los síntomas de desenfreno de costumbres que acompañaban la secta, ocasionaron al fundador molestas acusaciones de que una vez libre, maldiciendo a la ciudad de Elberfeld, se retiró a Ronsdorf, lugar solitario, adonde pronto le siguieron sus adeptos, constituyendo una nueva ciudad, la Nueva Sion, para ellos, donde la cómoda casa de Eller y Anna era reverenciada como arca del nuevo pacto, ejerciendo él la suprema y absoluta autoridad. No bastó para desengañar a sus partidarios la muerte, al año de su nacimiento, de un hijo que tuvo de la Madre de Sion, ni el nacimiento de otra hija en vez del verdadero Redentor prometido, sino que se hizo ya caso omiso de la circunstancia del sexo, ni aun la muerte vulgar repentina de la misma profetisa. Algo que hizo vacilar la buena estrella de Eller fue la duda que sus desórdenes despertaron contra sus revelaciones en el pastor Schleiermacher encargado de meterlas en el ánimo del pueblo. Wülffing contrarrestó la acción de éste sosteniendo el fanatismo hasta la muerte de Eller, con lo que acabó la secta.