Emma, llamada Ælfgifu, reina de Inglaterra, murió el 6 de marzo de 1052. Era hija de Ricardo
el Temerario, duque de los normandos, y de Gunnor, siendo legitimada por el posterior matrimonio del duque con su madre, diciéndose que fue mujer de talento y belleza y siendo llamada 'la gema de los normandos.' Se casó con el rey Æthelred en 1002. Este
matrimonio preparó el camino para la futura conquista de Inglaterra por los normandos, siendo invocado para dar al conquistador cierto derecho a la corona. Emma llegó a Inglaterra en
Cuaresma y adoptó el nombre de Ælfgifu, por el cual es generalmente nombrada en los documentos de autenticación, aunque también se le cita como Emma y otras veces por ambos nombres. Winchester y otras ciudades y jurisdicciones, o más bien los beneficios de ellas, le fueron asignadas como su 'dote matinal.' Entre ellas estaba Exeter, donde fue nombrado como su alguacil un francés, o normando, llamado Hugh, que entregó la ciudad a los daneses. Su matrimonio con Æthelred no fue feliz, diciéndose que el rey le fue infiel. Ella le dio dos hijos,
Eduardo, llamado
el Confesor, y Alfredo. Cuando Swen conquistó Inglaterra en 1013 ella se refugió con su hermano, el duque Ricardo
el Bueno. En su huida la ayudó Ælfsige,
abad de Peterborough, dejando a sus dos hijos en Inglaterra, pero uniéndose con ellos en Normandía. Tras la
muerte de Swen regresó probablemente a Inglaterra con su marido, que murió el 23 de abril de 1016. Se dice que ella defendió Londres cuando fue sitiada por
Canuto en mayo de ese año. En julio de 1017 se casó con él, tras recibir su asentimiento a la condición de que el reino lo heredaría un hijo de ambos. Se dice que el desdén que sintió por su marido inglés, lo extendió a los hijos que había tenido con él; Emma estaba muy unida a Canuto y evidentemente deseaba que su matrimonio inglés se olvidara tan pronto como fuera posible. De hecho, su biógrafo, cuando habla de su matrimonio con Canuto, llega al extremo de llamarla 'virgen.' Igual que su marido danés dio mucho donativos a los monasterios y enriqueció especialmente la
catedral de Winchester. Ella y su hijo menor Hardicanuto, o Canuto
el Fuerte, estuvieron presentes en el traslado del
arzobispo Ælfheah en 1023, diciéndose, bajo dudosa credibilidad, que se unió a su hermano Ricardo para mediar entre su marido y Malcolm de Escocia. Cuando Canuto murió en 1035 ella y el conde Godwine procuraron el reino para su hijo Hardicanuto, que estaba entonces en Dinamarca. Harold, uno de los hijos de Canuto de una unión anterior, se les opuso, haciéndose con todos los tesoros de Emma en Winchester. El reino se dividió, siendo Harold rey del norte del Támesis y Hardicanuto reconocido en Wessex, gobernando Emma y el conde Godwine mientras él estuvo ausente. La guardia de Canuto fue fiel a su viuda. Cuando uno o ambos de los hijos que ella tuvo con Æthelred intentaron recuperar el reino en 1036, Emma parece que favoreció su empresa. Alfredo estaba de camino a Winchester para verla cuando fue cercado por sus enemigos y al saber ella de su suerte envió a Eduardo, que estaba con ella, de vuelta a Normandía. La insensata
leyenda que la acusa de complicidad en el asesinato de Alfredo y de un intento de envenenar a Eduardo no es digna de discutirse. El autor de
Encomium Emmæ, que escribió para la gratificación de la reina, y que por tanto ignora su primer matrimonio totalmente y habla de los æthelings como si fueran hijos suyos y de Canuto, dice que Harold, para tenerlos bajo su poder, les escribió una carta en nombre de su madre, pidiéndoles que uno de ellos viniera secretamente y le diera consejo. Que el hijo favorito de Emma, Hardicanuto, era nominalmente rey en Wessex, que Godwine había estado en favor de su candidatura y que ella ejerció como regente suyo, no son hechos que nieguen que Emma estuviera deseosa del éxito de los æthelings.
Su poder declinaba rápidamente, pues el pueblo estaba impaciente por la prolongada ausencia de Hardicanuto, viendo la causa de su enemigo Harold aumentar diariamente; el conde Godwine ya estaba probablemente inclinado a ponerse de su lado y sea que el relato de la falsa carta sea cierto o no, la carta tal como la tenemos probablemente no señala más que la verdad en cuanto al declive de la autoridad de Emma. En el curso del año siguiente Wessex aceptó a Harold como rey y renunció a Hardicanuto, siendo Emma desterrada antes del invierno 'sin ninguna misericordia', palabras que pueden significar que no se le dio tiempo a tomar sus bienes. Buscó refugio en la corte de Balduino V, conde de Flandes, hijo de una de sus sobrinas, una hija de Ricardo el Bueno, y marido de Adela, que había sido prometida a su sobrino Ricardo III. Balduino recibió a Emma con hospitalidad y la mantuvo en Brujas. Emma envió mensajeros a su hijo Eduardo pidiéndole que la ayudara, pero según el relato, éste, aunque la visitó, le dijo que no podía hacer nada. Una vez que Eduardo regresó a Normandía, Emma apeló a Hardicanuto, que en 1039 invocó su derecho al trono inglés, zarpando con unos pocos barcos a Flandes y permaneciendo con ella durante el invierno. En junio de 1040, tras la muerte de Harold, Emma regresó a Inglaterra con Hardicanuto, ejerciendo una considerable influencia durante su corto reinado. Uno de los primeros actos de Eduardo tras ser rey fue despojarla de su riqueza. En noviembre de 1043 cabalgó desde Gloucester donde había celebrado un consejo, en compañía de los condes Godwine, Leofric y Siward, presentándose súbitamente en Winchester y haciéndose con todos sus tesoros 'porque ella había hecho menos por él, que él hizo tanto antes como después de ser rey.' Cualquiera que fuere la causa exacta de esta acción, demuestra que las relaciones entre ella y Eduardo no eran tales como para que fuera probable que ella le pidiera ayuda antes de que enviara a Hardicanuto. Al ser aprobado el embargo de sus bienes por los tres grandes condes, no es improbable que, fiel a sus viejos sentimientos en favor del linaje danés, tuviera aceptación entre los partidarios de Swen de Dinamarca. Se le dejó lo suficiente para su mantenimiento, mandándosele que viviera quietamente en Winchester, donde el antiguo palacio se llamaba todavía su casa en tiempo de Guillermo el Conquistador Tras su caída ya no tomó parte en asuntos públicos, aunque, como en 1044, testificó en referencia a los estatutos de sus hijos sobre la iglesia de Winchetser, teniendo lugar una cierta reconciliación entre ellos. La leyenda de que fue acusada de falta de castidad y de que se justificó mediante la ordalía del hierro candente, no tiene fundamento. Fue enterrada junto a su marido Canuto en la catedral de Winchester.