Historia
ENRIQUE IV (1553-1610)
- Príncipe de Béarn
- Rey de Navarra
- Pretendiente heredero al trono
- Enrique IV
- Logros de su reinado
- Evaluación

Enrique de Borbón-Navarra era hijo de Antonio de Borbón, duque de Vendôme, y de Juana d'Albret, reina de Navarra desde 1555. Enrique, por parte de su padre, pertenecía a la línea de descendencia legítima de los Capetos de Francia. Sin embargo, era muy improbable que pudiera ascender un día al trono de Francia, ya que Catalina de Médicis ya había dado a luz tres hijos al rey Enrique II y pronto le daría el cuarto. El príncipe Enrique pasó la mayor parte de sus primeros años en Béarn. Desde 1561 a 1567 vivió con sus primos segundos, los hijos del rey de Francia, entre quienes estaba su futura esposa Margarita.
La crisis religiosa entre católicos y protestantes (hugonotes) estaba por llegar a su apogeo, desembocando en un largo periodo de guerra civil. Antonio de Borbón se alineó momentáneamente con los protestantes, pero cambió de lado y fue mortalmente herido en una batalla contra ellos. La madre de Enrique, Juana d'Albret, mantuvo y proclamó firmemente su calvinismo en 1560. Enrique acababa de cumplir trece años cuando su madre lo llevó de nuevo a Béarn. En un momento crucial en su desarrollo, fue criado en los estrictos principios del protestantismo. Hacia el mismo tiempo comenzó su educación militar. En el otoño de 1567 sirvió como jefe nominal de una expedición punitiva dirigida contra los nobles católicos rebeldes de la baja Navarra, que acabó en una fácil victoria.
En 1568 su madre lo puso al cuidado de Luis I de Borbón, príncipe de Condé, cuñado de ella, quien era el dirigente de las fuerzas protestantes. Éstos fueron sorprendidos y derrotados cerca de Jarnac el 13 de marzo de 1569 por el duque de Anjou, futuro Enrique III, perdiendo Condé la vida. Juana puso a Enrique bajo el nuevo dirigente de los protestantes, Gaspard de Coligny, quien dio al joven príncipe su educación militar. Enrique destacó en la batalla de Arnay-le-Ducel el 26 de junio de 1570, cuando dirigió la primera carga de la caballería hugonote. La larga campaña en las asoladas provincias, extendiéndose desde Poitou hasta el corazón de Borgoña, fraguó en él al soldado que sería a lo largo de toda su vida, haciéndole recapacitar sobre el desastre que había sobrevenido al reino.


La paz se alcanzó en agosto de 1570, siendo otorgado un generoso edicto a los protestantes. Muchas personas, incluyendo a Catalina de Médicis, esperaban que la guerra civil había llegado a su fin. Para fortalecer la paz se arregló el matrimonio entre Enrique y Margarita de Valois, de la casa real francesa. Mientras tanto, por la muerte de su madre en junio de 1572, el príncipe Enrique se había convertido en rey de Navarra y señor soberano de Béarn. El 18 de agosto de 1572 se casó con Margarita en París, pero el 24 de agosto sucedió la Matanza de San Bartolomé, en la que miles de protestantes franceses fueron masacrados por las fuerzas católicas. Al matrimonio se le denominó "nupcias escarlatas" por el baño de sangre. Ante la orden de su cuñado Carlos IX para que abjurara de la fe protestante, Enrique se sometió. Evidentemente su conversión al catolicismo era dudosamente sincera, por lo que estuvo durante tres años y medio en las cortes de Carlos IX y Enrique III. Cuidando su impaciencia, mantuvo escondida su fuerte personalidad de sus custodios. Sin embargo, en febrero de 1576 pudo escapar de la corte francesa, tras lo que se retractó y se unió a las fuerzas combinadas de rebeldes católicos y protestantes contra Enrique III. Una vez libre mostró su agudo intelecto y sagacidad política en su papel de protector de las iglesias protestantes. Su sentido común se manifestó cuando la guerra estalló de nuevo a finales de 1576. Los hugonotes estaban mal preparados y Enrique, sopesando la situación, pudo persuadir a sus correligionarios para que dejaran la lucha y aceptaran el Tratado de Bergerac el 17 de septiembre de 1577, a pesar de los sacrificios que les imponía.
Pretendiente heredero al trono.
A la muerte en 1584 de Francisco, duque de Anjou y hermano de Enrique III, Enrique de Borbón se convirtió en el pretendiente al trono de Francia. Sin embargo, la Santa Liga se oponía al no estar dispuesta a aceptar un rey protestante, excomulgándolo el papa y declarando vacío su derecho a la corona. Dirigida por Enrique, duque de Guisa, y sus hermanos, la Liga se proclamó defensora de la fe ancestral de Francia, pero su creciente dependencia del apoyo de España se convirtió rápidamente en una serie amenaza para la independencia francesa. A Enrique III le faltaba la fuerza para detener la abrumadora influencia de la Liga.

tras derrotar a los protestantes, por John Millar Watt

Enrique IV.
Ahora Enrique era rey de Francia, pero necesitó nueve años de luchas contra la Santa Liga para asegurar su reinado. Mucha de la nobleza católica que había sido leal a Enrique III le abandonó, quedando su ejército diezmado. Tuvo que retirarse de los alrededores de París, que siguió siendo un bastión de la Liga. Enrique ganó las batallas en Arques en 1589 e Ivry en 1590, poniendo sitio infructuosamente a París en 1590 y a Rouen en 1591-92. Pudo capturar Chartres y Noyon a la Liga, pero la guerra se hacía interminable y el rey llegó a la conclusión de que había que terminarla a cualquier costo. Tras larga vacilación se convirtió al catolicismo en julio de 1593. Aunque muchos no quedaron convencidos de su sinceridad, la conversión de Enrique removía todos los pretextos legales, por lo que ciudades importantes, especialmente Orleáns y Lyón, se sometieron a él. El 22 de marzo de 1594 finalmente París le dio la bienvenida. "París bien vale una misa" es la frase que se le atribuye al escuchar el Te Deum en Nôtre Dame.

Logros de su reinado.
Enrique IV había unido el reino y conseguido la paz dentro y fuera. Ahora se propuso poner orden y traer la prosperidad a Francia. La rapidez con la que recuperó el orden sorprendió a sus contemporáneos y el efecto de su política personal en ese logro no puede ignorarse. Esta política se afianzaba en la amplia experiencia que había adquirido durante la conquista del reino; familiarizado con todas las clases sociales de Francia, sabía lo que cada uno necesitaba (se dice que quiso que cada jornalero tuviera un pollo para comer cada domingo) y usó su personalidad y persuasivas maneras para ganarse la obediencia.
Fueron los ricos comerciantes y los oficiales de la corona quienes contribuyeron principalmente al éxito de Enrique en la adquisición de su reino, por lo que él procuro su rehabilitación y progreso económico. Aunque consiguió suprimir ciertos oficios gubernamentales inútiles, consolidó muchos otros concediéndoles el "derecho anual" o paulette (1604), por el que el titular de un oficio podía hacerlo hereditario mediante el pago anual de una sexta parte del precio que originalmente le había costado. Esta práctica le crearía serios problemas a los sucesores de Enrique, pero su efecto inmediato fue restaurar un ingreso adecuado para el gobierno, que hábilmente utilizó para reconstruir la economía francesa. Al principio Enrique controló los parlamentos mediante la moderación del canciller Pomponne de Bellièvre, pero gradualmente afirmó su autoridad personal más y más, apoyándose en Maximilien de Béthune, duque de Sully. Entre otros capaces consejeros, Enrique tuvo a Nicolas Brulart de Sillery, Nicolas de Neufville y Pierre Jeannin.
El gobierno de Enrique eliminó la formidable deuda nacional y acumuló una reserva de 18 millones de libras. Para reavivar la economía acometió proyectos para desarrollar la agricultura, fundando colonias de holandeses y flamencos para secar los pantanos de Saintonge. Introdujo la industria de la seda en Francia y estimuló la manufactura de ropa, cristalería y tapices, bienes de lujo que anteriormente eran importados de Holanda e Italia. Bajo la dirección de Sully se construyeron nuevas vías y canales para que el comercio fluyera. Se firmaron nuevos tratados con el sultán otomano Ahmed I (1604) y comerciales con Inglaterra (1606), España y Holanda. Se le dio apoyo a la exploración de Samuel Champlain en Canadá. El ejército francés fue reorganizado, elevándose el sueldo, formándose una escuela de cadetes, reconstituyéndose el servicio de artillería y fortificándose las fortalezas en las fronteras. Aunque Enrique no tuvo el gusto artístico de los reyes de la casa de Valois, embelleció París, terminó las Tullerías y construyó la gran galería del Louvre, el Puente Nuevo, el Hôtel-de-Ville y el Palacio Real.

María de Médicis, por Rubens. Louvre, París

Primer rey Borbón de Francia, Enrique IV trajo la unidad y prosperidad al país tras las desastrosas guerras de religión. Aunque no fue un gran estratega, su valor y gallardía le hicieron un gran dirigente militar. Y aunque nunca fue un eficiente administrador, su perspicacia política, su disposición para obtener la colaboración de ministros bien escogidos y su entendimiento de su pueblo le convirtieron en un gobernante eficaz.
Enrique IV murió víctima del fanatismo que quiso erradicar. Su posicionamiento religioso con el tiempo se aprecia en su frase: "Los que siguen su conciencia son de mi religión y yo soy de la religión de quienes son valientes y buenos." Malentendido a veces durante su vida, su trágico final pareció abrir finalmente los ojos de su pueblo, que le otorgó el título de Enrique el Grande. Enrique es una de las figuras más populares de Francia por sus tendencias amorosas y sus logros políticos. Sus amoríos fueron numerosos, los más famosos con Gabrielle d'Estrées, Henriette de Balsac d'Entragues y Charlotte des Essarts, mostrando el poco dominio de sí mismo que tenía y las consecuencias añadidas que tuvieron sus debilidades. El apasionamiento con Gabrielle d'Estrées motivó el aplazamiento de su divorcio de Margarita de Valois y su matrimonio con María de Médicis, que los intereses de Francia reclamaban con urgencia; sus relaciones con Henriette de Balsac d'Entragues produjeron una peligrosa conspiración, la del mariscal Birón, que apenas pudo terminar con ellas; su encaprichamiento por la princesa de Condé tuvo por consecuencia una guerra inconveniente. Esos numerosos lances amorosos le ganaron el apelativo de le vert galant (el verde galán).