Historia

ERASMO, DESIDERIO (1469-1536)

Desiderio Erasmo (Erasmo de Rotterdam) nació en Rotterdam el 27 de octubre de 1469 y murió en Basilea el 12 de julio de 1536.

Desiderio Erasmo, óleo de Hans Holbein el Joven
Desiderio Erasmo, óleo de Hans Holbein el Joven
Primeros años.
La información sobre su familia y primeros años de su vida procede de escasos relatos escritos o sugeridos por él mismo ya a avanzada edad y de muchas, aunque vagas, referencias en sus escritos a todos los periodos de su vida. Parece haber buenas razones para creer que el tono de lástima propia que penetra todos esos relatos, lo asumió con propósitos que se pueden adivinar, pero de los que no hay certeza. Sin duda nació de una pareja que no estaba casada, siendo bien cuidado por sus padres hasta que murieron prematuramente, recibiendo luego la mejor educación disponible para un joven de su día, en una serie de escuelas monásticas o semi-monásticas. Toda esta primera educación la creó a la luz de la experiencia posterior para que pareciera una larga conspiración a fin de obligarle a la vida monástica, pero no hay evidencia de ello y la crítica reciente ha sugerido motivos sobrados para que diera a la historia de su vida ese tono. Fue admitido al sacerdocio, tomando los votos monásticos a la edad de veinticinco años, pero no hay registros de que haya ejercido funciones sacerdotales, siendo el monasticismo uno de los principales objetos de su ataque en su prolongada contienda contra los males de la Iglesia.

Estudios y viajes.
Casi inmediatamente después de su consagración, se le abrió el camino para estudiar en la universidad de París, que era entonces la sede principal del último saber escolástico, aunque sintiendo ya la influencia del avivamiento de la cultura clásica que venía de Italia. Desde ese momento en adelante, Erasmo llevará la vida de un erudito independiente, tanto de su país como de lazos académicos, de lealtad religiosa o de cualquier cosa que pudiera interferir en el libre desarrollo de su inteligencia y la libertad de su expresión literaria. Los principales centros de su actividad fueron París, Lovaina, Inglaterra y Basilea, aunque no se puede decir que se identificara con ninguno de ellos.

Erasmo y More visitan a los hijos de Enrique VII en Greenwich
Erasmo y More visitan a los hijos de Enrique VII en Greenwich
Su residencia en Inglaterra fue fructífera, al hacer amistades duraderas con los dirigentes del pensamiento inglés en los revueltos días de Enrique VIII, como John Colet, Thomas More, Thomas Linacre y William Grocyn. Tuvo en Cambridge una posición honorable como profesor de teología Lady Margaret, no pudiendo explicarse por qué no se quedó en Inglaterra permanentemente como profesor, sino por su aversión a la vida rutinaria. Se le ofrecieron muchas posiciones de honor y provecho en el mundo académico, pero las rechazó todas por uno u otro pretexto, prefiriendo lo incierto, y la remuneración de la actividad literaria independiente. En Italia pasó tres años (1506-09), parte del tiempo en relación con la editorial de Aldo Manucio en Venecia, pero con menos asociación activa con eruditos italianos de lo que cabría esperar. La residencia en Lovaina expuso a Erasmo a la crítica mezquina de hombres más cercanos a él por parentesco y lazos políticos, pero hostiles a todos los principios de progreso literario y religioso a los que él había dedicado su vida. Por esta falta de simpatía, que él siempre concibió como persecución, buscó refugio en la atmósfera más cálida de Basilea, donde bajo la protección de la hospitalidad suiza pudo expresarse con libertad y donde estuvo siempre rodeado de fieles amigos. Aquí se asoció durante muchos años con el gran publicista Froben, viniendo multitud de admiradores de todas partes de Europa.

Fundamentos de su actividad literaria.
La producción literaria de Erasmo comenzó relativamente tarde en su vida. No fue hasta que logró un dominio estilístico del latín, que acometió expresarse en todos los temas contemporáneos de la literatura y la religión. Su revuelta contra las formas de la Iglesia no procedía de cuestionamientos sobre la verdad de la doctrina tradicional, ni de la hostilidad hacia la organización de la Iglesia. Más bien, él se sentía llamado a usar su saber para purificar la doctrina y liberalizar las instituciones del cristianismo. Comenzó como un erudito, intentando liberar los métodos del escolasticismo de la rigidez y formalismo de las tradiciones medievales, pero no se dio por satisfecho con eso. Se veía a sí mismo, por encima de todo, como un predicador de justicia. En un pasaje de su Elogio de la locura satiriza de esta manera a los teólogos de su tiempo:

'No he encontrado a nadie que sea menos agradecido que ellos por mis beneficios, aunque los colme de ellos. [...] Los rodeo de un ejército de definiciones magistrales, conclusiones, corolarios, proposiciones explícitas e implícitas. [...] Innumerables son sus sutiles bagatelas acerca de las instancias, nociones, relaciones, formalidades, quides, ecces, imaginaciones todas que sólo el ojo de Linceo podría percibir. [... ] El trazado de un laberinto es menos complicado que los tortuosos rodeos de los realistas, nominalistas, tomistas, albertistas, occamistas, scotistas y de tantas escuelas de los que no nombro sino las principales. La erudición de todas es tan complicada que los apóstoles mismos tendrían necesidad de recibir a otro Espíritu Santo para disputar de tales materias con esos teólogos de una nueva especie.'
La convicción de toda su vida fue que lo que necesitaba Europa era un sólido saber aplicado, francamente y sin temor, a la administración de los asuntos públicos en la Iglesia y el Estado. Es esta convicción la que da unidad y consistencia a una vida, que a primera vista parece estar llena de contradicciones fatales. Erasmo era un marcado individualista, manteniéndose alejado de toda obligación enredosa; sin embargo, fue en un sentido, verdaderamente singular, el centro del movimiento literario de su tiempo. En su correspondencia se puso en contacto con más de quinientos hombres de la más alta importancia en el mundo de la política y el pensamiento y su consejo sobre toda clase de cuestiones fue solicitado frecuentemente, aunque no siempre seguido.

El siguiente texto es de su obra Elogio de la locura (1509):

'Deben considerar los cardenales que son sucesores de los apóstoles, ... que no son señores, sino criados de aquellos bienes espirituales de los que tendrán que rendir cuenta exacta... ¿Qué necesidad tienen de opulencia alguna, si ocupan el lugar de los apóstoles, que eran hombres pobres?
Creen cumplir con Cristo si hacen su papel de pastores lanzando bendiciones y anatemas con todo tipo de rituales, de ceremoniales y de aparatos casi teatrales, y mostrando todos sus títulos de Beatitud, Reverencia y Santidad. Para ellos... enseñar a las gentes es un trabajo demasiado duro; interpretar las sagradas escrituras, propio de escolásticos; y rezar, una pérdida de tiempo. Derramar lágrimas lo consideran propio de débiles y de mujeres; tener necesidades, una vileza; y ser derrotado, una desgracia, algo poco apropiado para quien apenas permite al mayor de los reyes que le bese la punta de sus sagrados pies.'
Alegoría sobre el monasticismo, 1521, xilografía a fibra de Hans Sebald
Alegoría sobre el monasticismo, 1521, xilografía a fibra de Hans Sebald
Obras varias.
Naturalmente, Erasmo ha sido más conocido por sus escritos críticos y satíricos, tales como Elogio de la locura (París, 1509) y muchos de los Coloquios, que aparecieron a intervalos desde 1500 en adelante. Apelan a una audiencia más amplia y tratan con asuntos de amplio interés humano. Sin embargo, su autor los valora como insignificancias de su producción intelectual, un juego de sus horas de ocio. Sus escritos más serios comienzan con el Enchiridion Millitis Christiani (1503). En este pequeño volumen, Erasmo bosqueja las ideas de la vida cristiana normal, que pasaría elaborándolas el resto de su vida. La nota clave de todo es su sinceridad. El mal principal de su día, dice, es el formalismo, el respeto por las tradiciones, la estimación por lo que otros creen esencial, pero nunca un pensamiento de lo que la verdadera enseñanza de Cristo puede ser. El remedio es para cada hombre preguntarse a sí mismo en cada punto: ¿Qué es lo esencial? y hacerlo sin temor. Las formas no son malas en sí mismas. Lo son solo cuando esconden o apagan el espíritu, siendo entonces temibles. En su examen de los peligros especiales del formalismo, Erasmo tiene en cuenta al monasticismo, la adoración de los santos, la guerra, el espíritu de clase, los vicios de la 'sociedad', en una forma que le ganaría la reputación de satírico, pero la principal impresión del Enchiridion es la de un sermón. Una composición compañera del Enchiridion es Institutio Principis Christiani (Basilea, 1516), escrita como consejo para el joven rey Carlos de España, posterior Carlos V. En la misma, Erasmo aplica los mismos principios generales de honor y sinceridad a las funciones especiales del príncipe, a quien presenta plenamente como siervo del pueblo. Mientras estuvo en Inglaterra, Erasmo comenzó el examen sistemático de los manuscritos del Nuevo Testamento, para preparar una nueva edición y traducción latina. Esta edición fue publicada por Froben de Basilea en 1516, siendo la base de la mayoría de los estudios científicos de la Biblia durante el periodo de la Reforma. Fue el primer intento, por parte de un competente y liberal erudito, para determinar lo que los escritores del Nuevo Testamento habían dicho verdaderamente. Erasmo dedicó su obra al papa León X, como patrón del saber, a quien debió agradar tal aplicación de la erudición a la religión, contemplando la obra como su principal servicio a la causa de un cristianismo sólido. Inmediatamente después comenzó la publicación de su Paráfrasis del Nuevo Testamento, una presentación popular de los contenidos de varios libros. Como todos los libros de Erasmo, estos fueron en latín, siendo inmediatamente traducidos a las lenguas comunes de Europa, proceso que recibió la aprobación de Erasmo mismo. De su prefacio al Nuevo Testamento es el texto siguiente:
'Discrepo notablemente de aquellos que no desean que las Escrituras, trasladadas a la lengua vulgar, sean leídas por los ignorantes, como si Cristo enseñase complicadas doctrinas o la fuerza de la religión cristiana consistiese en la ignorancia que los hombres tienen de ella... Desearía que hasta la mujer mas humilde leyese los evangelios y las Epístolas, y que [las Escrituras] fuesen traducidas a todas las lenguas, para que pudiesen ser leídas y comprendidas no sólo por los irlandeses y los escoceses, sino también por los turcos y los sarracenos... Quisiera que, como consecuencia de ello, el granjero cantase algunos fragmentos de las mismas durante el arado y que el tejedor tararease algunas de sus partes al ritmo de su lanzadera.'
Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam
Actitud hacia la Reforma.
El estallido del movimiento luterano, al año siguiente de la publicación del Nuevo Testamento, provocó varias pruebas severas en el carácter personal y erudito de Erasmo. El debate era tan profundo entre la sociedad europea y la Iglesia católica, que nadie podía eludir ponerse de un lado u otro. Erasmo, en el pináculo de su fama literaria, fue llamado inevitablemente por ambos lados, pero posicionarse en cualquier tema que él no hubiera definido libremente estaba alejado de su naturaleza y hábito. En todas sus críticas a las locuras y abusos clericales, siempre había cuidadosamente delineado que su protesta no atacaba a las instituciones eclesiásticas mismas y que no tenía enemistad hacia las personas de los eclesiásticos. El mundo se había reído con sus sátiras, pero solo unos pocos obstinados reaccionarios habían interferido seriamente sus actividades. Estaba en su derecho a creer que su obra le había encarecido ante las mejores mentes y los poderes dominantes en el mundo religioso. No hay duda que Erasmo simpatizaba con los principales puntos de la crítica de Lutero a la Iglesia. Hacia Lutero mismo había expresado el mayor respeto, hablando éste de él con admiración por su saber superior. A Lutero le habría gustado tener su cooperación en una obra que parecía ser el resultado de la suya propia. Cuando Erasmo vaciló o rechazó posicionarse de su lado, esto le pareció al recto Lutero una evasión de la responsabilidad, explicable solo por cobardía o falta de firmeza de propósito, siendo este el juicio general entre los protestantes sobre Erasmo. Por otro lado, la Iglesia católica quiso igualmente tener de su lado al hombre que tantas veces había declarado su lealtad a los principios que intentaba mantener, por lo que sus medias tintas levantaron la sospecha de deslealtad por ese lado. Juicios posteriores sobre él han mostrado que su actitud hacia la Reforma fue consistente con sus prácticas previas. Los males que había combatido, tal como había sido el deseo de tantos hombres sensibles, eran el formalismo o eran males de una clase que solo podían curarse por una larga y lenta regeneración en la vida moral y espiritual de Europa. Erradicar lo absurdo, restaurar el saber a sus derechos, insistir en una sólida piedad y todos esos males desaparecerían, tal era el programa de la 'reforma erasmiana'. Nadie podía cuestionar su solidez y sinceridad. Su falla fatal fue que no supo ofrecer ningún método tangible de aplicación de esos principios al sistema eclesiástico existente. Esa clase de reforma había sido intentada hacía tiempo, habiendo impaciencia por los retrasos añadidos. Cuando Erasmo fue acusado, justamente, de 'haber puesto el huevo que Lutero incubó', admitió la mitad de la acusación, pero dijo que esperaba otra clase de pájaro.

Martín Lutero
Martín Lutero
Relaciones con Lutero.
En su correspondencia Lutero expresó en términos inequívocos su admiración por todo lo que Erasmo había hecho en favor del cristianismo sólido y razonable, exhortándole a poner su sello sobre su obra y echando su suerte con el movimiento que se había puesto en marcha. Erasmo replicó con muchas expresiones de estimación, pero declinó comprometerse con ninguna facción. Su argumento fue que hacerlo dañaría su posición como dirigente en el movimiento para la erudición pura, que entendía era el propósito de su vida. Solo mediante una posición de independencia, podía esperar ser influyente en la reforma de la religión. El valor constructivo de la obra de Lutero radicaba principalmente en la provisión de una nueva base doctrinal, para los hasta entonces dispersos intentos de reforma. Al reavivar el medio olvidado principio de la teología agustiniana, Lutero proporcionó el impulso necesario para el interés personal en la religión, que es la esencia del protestantismo. Esto fue precisamente lo que Erasmo no aprobó. Tenía pavor a cualquier cambio en la doctrina de la Iglesia y creía que había espacio suficiente, dentro de las fórmulas existentes, para la clase de reforma que él estimaba. Dos veces en el curso de la gran discusión, se permitió entrar en el campo de la controversia doctrinal, una esfera ajena a su naturaleza y práctica previa. Uno de los temas formalmente tratados por él fue el del libre albedrío, el punto crucial en el sistema agustiniano. En su De libero arbitrio Diatribe sive collatio (1524), analiza con gran inteligencia y en buen tono la exageración luterana, según le parecía a él, de las limitaciones obvias de la libertad humana. Como era su costumbre, expone ambos lados del argumento y muestra de cada uno sus elementos de verdad. Su posición era prácticamente la que la Iglesia había sostenido al tratar el problema del pecado: que el hombre estaba atado al pecado, pero que después de todo tenía derecho a la misericordia perdonadora de Dios, si la buscaba a través de los medios ofrecidos por la Iglesia misma. Era un semipelagianismo fácil y humano en su práctica, pero que abría el camino a las mismas laxitudes que él y los reformadores combatían. La Diatriba, aunque era inteligente, no podía guiar a los hombres a ninguna acción definida, siendo éste precisamente su mérito para los erasmistas y su debilidad para los luteranos.

El siguiente pasaje procede de su obra De libero arbitrio Diatribe sive collatio:

'Quedémonos con la solución del medio: existen buenas obras, aunque imperfectas, de las que el hombre puede valerse sin caer en la soberbia; existe cierto mérito, pero es preciso reconocer que la conquista de todo logro se debe a Dios. Quien haciendo examen de conciencia sepa reconocer cuántas debilidades, vicios y delitos hay en la vida de los mortales, estará presto a renunciar a cualquier pretensión de arrogancia. Pero por justo que sea hacerlo, no llegaremos a decir que el hombre no es más que un cúmulo de pecados, puesto que Cristo nos habla de un nuevo nacimiento y Pablo de una nueva criatura.
Pero, ¿por qué guardar espacio al libre albedrío? Para poder acusar justamente a las maldades que se ocultan voluntariamente de la gracia divina, para evitar a Dios toda calumniosa acusación de crueldad o de injusticia, para alejar de nosotros la desesperación o la presunción, para que todos nos empeñemos en tenerlo.
Estas son las razones que han llevado a los grandes autores a admitir la existencia del libre albedrío. Pero esa facultad sería ineficaz de no contar con la ayuda incesante de la gracia de Dios, lo que precisamente nos ahorra toda forma de orgullo.
Y me podríais preguntar, ¿cuál es la utilidad del libre albedrío, si nada puede hacer por sí mismo? Y yo responderé con otra pregunta: ¿de qué serviría el hombre si Dios lo modelase como el alfarero la arcilla, o si Dios lo manejase como si de una piedrecilla se tratara?'
Retrato de Erasmo, tabla de Quentin Metsys.Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma
Retrato de Erasmo, tabla de Quentin Metsys.
Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma
Doctrina de la eucaristía.
Al ser la respuesta popular cada vez más amplia a los llamamientos de Lutero, los desórdenes sociales que Erasmo temía comenzaron a aparecer. La Guerra del Campesinado, los disturbios anabaptistas en Alemania y en los Países Bajos, la iconoclastia y el radicalismo por todas partes, parecían confirmar las peores predicciones. Si este era el resultado de la Reforma, él solo podía estar agradecido de haberse quedado fuera de ella. Por otro lado, estaba siendo cada vez más acusado de haber comenzado toda la 'tragedia'. En Suiza fue criticado especialmente por su asociación con hombres que eran más que sospechosos de doctrinas racionalistas extremas. En este lado, la cuestión crucial era naturalmente la doctrina de los sacramentos y el quid de la misma era la observancia de la eucaristía. Parcialmente para eliminar sospechas y parcialmente en respuesta a las demandas para que escribiera algo en defensa de la doctrina católica, publicó en 1530 una nueva edición del tratado ortodoxo de Algero contra la herejía de Berengario de Tours en el siglo XI. Añadió una dedicatoria en la que afirma positivamente su creencia en la realidad del cuerpo de Cristo tras la consagración en la eucaristía, pero admite que la forma precisa en la que este misterio debería ser expresado es un asunto sobre el cual han emitido diversas opiniones hombres buenos. Sin embargo, para la masa de cristianos era suficiente que la Iglesia prescribiera la doctrina y el uso para incorporarlo, mientras que los refinamientos de la especulación se dejaban a los filósofos. Aquí y allá, en muchas declaraciones vehementes sobre este asunto, Erasmo establece el principio, bastante indigno de su genio y posición de influencia, de que un hombre puede tener dos opiniones sobre temas religiosos, una para sí mismo y sus íntimos y otra para el público. Los anti-sacramentarios, encabezados por Ecolampadio de Basilea, le citaban, como Erasmo dice, como sostenedor de sus mismas ideas al respecto. Él lo negó enardecidamente, pero en su negación delató que en conversación privada había ido tan lejos como para admitir una idea racional de la eucaristía, hasta donde podía ponerlo en palabras. Naturalmente aquí, como en el caso del libre albedrío, no pudo obtener la aprobación de la Iglesia a la que trataba de aplacar.

Grabado satírico de una obra de Erasmo
Grabado satírico de una obra de Erasmo
Últimos años.
Por lo tanto, en sus últimos años las actividades reformatorias de Erasmo tuvieron como resultado alejarlo de las dos facciones enfrentadas. Esos años finales fueron de sabor amargo, por controversias con hombres con quienes había tenido muchos lazos de simpatía. Notable entre las tales fue su diatriba con Ulrich von Hutten, un brillante pero errático genio, que se había entregado de corazón a la causa luterana, declarando que Erasmo, si tuviera una chispa de honestidad, debería hacer lo mismo. En su réplica, Spongia adversus aspergines Hutteni (1523), despliega, mejor que en ninguna parte, su habilidad para retorcer palabras y frases para adaptarlas al propósito del momento. Acusa a Hutten de haber malinterpretado sus declaraciones sobre la Reforma y reitera su determinación de no tomar partido en la división. Cuando la ciudad de Basilea se hizo definitiva y oficialmente 'reformada' en 1529, Erasmo dejó su residencia en ella y se afincó en la ciudad imperial de Friburgo-im-Breisgau. Pareciera que le era más fácil mantener su neutralidad bajo condiciones católicas que bajo protestantes. Su actividad literaria continuó sin mucha reducción, principalmente en la línea de la composición religiosa y didáctica. La obra más importante de este último periodo es Ecclesiastes o Predicador del evangelio, (Basilea, 1535), en la que expone que la función de predicar es el oficio más importante del sacerdote cristiano, un énfasis que muestra cuán esencialmente protestante era su pensamiento cristiano. La misma impresión se recibe de su pequeño tratado de 1533 Preparación para la muerte, en el que subraya la importancia de una buena vida como esencial condición para una buena muerte. Por alguna razón desconocida, Erasmo se sintió atraído una vez más por el más feliz de sus hogares, Basilea, volviendo en 1535 tras una ausencia de seis años. Aquí, en medio del grupo de eruditos protestantes que habían sido sus verdaderos amigos y, hasta donde se sabe, sin relaciones de ninguna clase con la Iglesia católica, murió. Mientras vivió, nunca fue llamado para explicar sus opiniones por ninguna autoridad oficial de dicha Iglesia. Los ataques contra él procedieron de personas privadas, teniendo entre sus protectores a hombres de la más alta posición. Tras su muerte, en el celo de la reacción católica, sus escritos fueron colocados en un lugar distinguido del Índice de libros prohibidos y su nombre ha sonado generalmente mal en oídos católicos. Sin embargo, la inmensa popularidad de sus libros se ha manifestado por el gran número de ediciones y traducciones que se han hecho desde el siglo XVI hasta ahora y en el vivo interés que ha despertado su elusiva pero fascinante personalidad.