Historia
ERNESTI, JOHANN AUGUST (1707-1781)

Su padre fue predicador y superintendente en Sajonia electoral. En 1727 comenzó el estudio de matemáticas, filosofía y teología en Wittenberg. Tras dos años fue tutor en Leipzig, en la casa de Stieglitz, consejero de guerra y alcalde, cuya influencia sobre su futura carrera sería decisiva. En 1731 fue nombrado vice-principal y en 1734 principal de la escuela de Santo Tomás, al mismo tiempo que enseñaba con gran éxito sobre los clásicos latinos en la universidad. En 1742 fue designado profesor extraordinario de la literatura y en 1756 recibió la importante cátedra de profesor de elocuencia. Su oratoria, distinguida por su versátil latín, le hizo ganar el título de "Cicerón de los alemanes." En 1759 fue trasladado a la facultad teológica. Fue un excelente maestro y se convirtió en la personalidad dominante en la universidad y la ciudad. Su naturaleza era receptiva; percibió los defectos en los métodos de instrucción, pero le faltó rigurosidad, mientras que su interés en el asunto y las bellezas de la forma le hicieron subestimar el valor de la crítica penetrante.
Como teólogo.
La importancia de Ernesti como teólogo es inteligible a partir de su desarrollo personal y las condiciones de su tiempo. Tras el cambio de confesión por parte del soberano y la corte, la Iglesia luterana de Sajonia se organizó en una forma más independiente y su vida eclesiástica procuró basarse en las confesiones de la Reforma. Pero, debido al pietismo y a la crítica del racionalismo, el método escolástico en teología tenía que dar paso al histórico. Ernesti estaba gobernado por el nuevo espíritu. Como filólogo bien preparado percibió los defectos de una exégesis dogmática y la insuficiencia de un método meramente empírico de la crítica bíblica. Por otro lado, estaba profundamente penetrado por un amor a la Iglesia cuyos fundamentos confesionales estimó indestructibles, al menos en la atenuada dogmática de su tiempo. De esta manera mantuvo, por un lado, que la Biblia debe ser explicada como cualquier otro libro, pero por otro lado, como dogmático, estaba aferrado a la tradición. No era consciente de intentar armonizar dos principios irreconciliables en su pensamiento científico y eclesiástico y sólo porque como teólogo de la Iglesia fue capaz de satisfacer las demandas de la crítica filológica mediante sus claras fórmulas, sin infringir a la autoridad eclesiástica, su obra denota un punto crucial en el desarrollo de la ciencia. Por su feliz inconsistencia logró un indisputable lugar en la historia crítica de la teología.

En general Ernesti luchó para ser un teólogo bíblico que basa su fe sobre la interpretación gramatical de la Escritura. Prestó grandes servicios al mostrar que la interpretación filológica bíblica como tal puede reclamar una posición independiente en teología. Mediante sus profundos estudios de la Biblia evitó el racionalismo, el pietismo y la ortodoxia muerta. Pero evitó cualquier innovación que pudiera interferir en alguna manera con las tradiciones de la vida eclesiástica. Para incrementar su influencia sobre la teología de su tiempo fundó Theologische Bibliothek, que apareció en dos series (1760-69 y 1773-79), escribiendo él mismo la mayor parte de las contribuciones. Sus ediciones de Cicerón, Homero, Jenofonte, Tácito y otros autores clásicos fueron famosas y sus Opuscula oratoria (Leipzig, 1762), Opuscula philologico-critica, (1764) e Initia doctrina solidioris (1736) fueron muy leídas. Sus sermones tienen un sello académico; su lenguaje es pesado, pensando en latín, aunque escriba en alemán.