Historia
ERNESTO I EL PIADOSO (1601-1675)

Sus leyes no se elaboraron en el espíritu de las ideas modernas sobre la libertad individual; prohibían los matrimonios secretos, intentaban regular el atuendo y se extendían sobre la cocina, las cuadras y las bodegas. No obstante, sus regulaciones promovieron la agricultura, el comercio, el saber y el arte. Su palacio de Friedenstein en Gotha fue reconstruido y sus colecciones le deben su origen a él; la biblioteca fue una de las más grandes de Alemania. Se construyeron iglesias y por su Schulmethodus de 1642 Ernesto se convirtió en el padre de la actual escuela. Era un dicho popular que sus campesinos estaban mejor instruidos que los habitantes de las ciudades y los nobles. A su muerte, se dijo, no había analfabetos en su tierra. Hizo del gimnasium en Gotha una escuela modelo que atrajo alumnos no sólo de todas las tierras alemanas, sino de Suecia, Rusia, Polonia y Hungría. De manera semejante respaldó la universidad en Jena, incrementando sus fondos y regulando sus estudios, con énfasis en el aspecto religioso. Por esos mismos esfuerzos en asuntos eclesiásticos obtuvo el apodo de "Ernesto el Orante". La Biblia era su libro de cabecera y luchó incesantemente para hacer que su pueblo siguiera el modelo luterano estricto. La instrucción religiosa, consistente de ejercicios catequéticos sin historia bíblica, se mantuvo incluso hasta años después.
Los esfuerzos en favor del protestantismo no se limitaron a su propia tierra. Intercedió ante el emperador por sus correligionarios austríacos y quiso establecerlos en Gotha. Se convirtió en el benefactor de la Iglesia evangélica luterana de los alemanes en Moscú y entró en relaciones amistosas con el zar. Incluso envió una embajada para introducir el luteranismo en Abisinia, aunque no logró su propósito. El gobierno de su familia fue en miniatura el gobierno de su tierra. La disciplina más estricta prevaleció en su corte. Su vida era sencilla y laboriosa, regulada por los ejercicios religiosos. Normas se añadían a normas. Ningún detalle se pasaba por alto que pudiera promover el desarrollo físico y espiritual de sus hijos, llevando su educación religiosa al extremo. No obstante, sus hijos salieron adelante y Ernesto murió con el sobrenombre de "padre y salvador de su pueblo." Oliver Cromwell le contó entre los más sagaces de los príncipes; en él se incorporó "la idea del príncipe patriarcal protestante y del gobernante cristiano del Estado y la Iglesia, que cuidaba verdaderamente de ambos."