Historia
ERNULFO DE ROCHESTER (1040-1124)
Ernulfo tuvo alta reputación como autoridad en derecho canónico, siendo consultado en varios puntos por el obispo Walkelin de Winchester, al que dedicó Tommelus sive Epistola de Incestis Coniugiis. La fecha de este tratado es entre 1089 (al mencionar a Lanfranco ya muerto) y 1098 (cuando Walkelin murió). Está impreso en Spicilegium de Luc d'Achery, que lo fecha incorrectamente en 1115, y en la Patrologiæ Cursus Compl. de Migne. Otra carta, escrita principalmente sobre la controversia sacramental, a Lamberto, abad de St. Bertin (Epistola solutiones quasdam continens ad varias Lamberti abbatis Bertiniani quæstiones, præcipue de corpore et sanguine Domini), pertenece probablemente al mismo periodo de la vida de Ernulfo. Fue compuesto en o después de 1095. Un bello manuscrito, escrito en la primera parte del siglo XII, que formó parte de la biblioteca de la abadía de St. Albans, está ahora en Oxford y contiene la obra en asociación inmediata con los análogos tratados del arzobispo Guitmund de Aversa, de Lanfranco y de Anselmo. Del testimonio del afecto que se le tuvo a Ernulfo en Canterbury dan prueba dos poemas que le dirigió Raginald, monje de St. Augustine.
En 1107, por influencia de Anselmo, Ernulfo fue promovido a la importante abadía de Peterborough, donde su mandato fue recordado no sólo por su incansable actividad sino también por su piedad personal y mansedumbre. Su popularidad se aprecia en el incremento del número de monjes. En Peterborough, como en Canterbury, construyó numerosas adiciones, aunque fueron destruidas por el fuego; cuando estaba planeando un nuevo edificio fue llamado a la sede de Rochetser, por promoción de su obispo, Ralph, a la de Canterbury en 1114. El rey Enrique, se afirma en Peterborough Chroncile, iba de camino al continente cuando se detuvo en Burne (Eastbourne) por el clima. Mientras esperaba allí mandó que el abad de Peterborough viniera deprisa y al llegar le pidió que aceptara el obispado de Rochester. La petición procedía del arzobispo Ralph, siendo apoyada por los prelados y barones presentes, pero Ernulfo se resistió. El rey ordenó al arzobispo que le llevara a Canterbury y que allí le bendijera como obispo 'quisiera o no quisiera'; de este modo Ernulfo se vio obligado a someterse el 19 de septiembre de 1114. Los monjes de Peterborough se quedaron desolados, pues era un hombre bueno y manso, que hizo mucho bien al monasterio, tanto dentro como fuera.
La declaración de que Florence de Worcester y Simeón de Durham fechan la elección de Ernulfo como obispo el 15 de agosto yace en una mala lectura del texto. Fue investido en Canterbury el 28 de septiembre, instalado en Rochester el 10 de octubre y consagrado en Canterbury en compañía de Geoffrey, obispo de Hereford, el 26 de diciembre. De su carrera episcopal poco se sabe más allá de su asistencia a consagraciones de otros obispos. La confianza que tenía entre los monjes de Canterbury se aprecia por la apelación que le hicieron en 1123 para que apoyara su protesta contra la designación de cualquiera menos un monje para ser su arzobispo.
Además de las dos cartas ya mencionadas, Ernulfo fue autor de una gran colección de documentos sobre la iglesia de Rochester, leyes inglesas (de Etelberto en adelante), decretos papales y otros materiales de la historia inglesa y eclesiástica. Esta famosa obra, conocida como Textus Roffensis, está preservada en la catedral. Wharton imprimió extractos en Anglia Sacra y Wilkins en Leges Anglo-Saxonicæ, siendo la obra completa publicada por Thomas Hearne en 1720.