Franz Ludwig von Erthal nació en Lohr sobre el Main el 16 de septiembre de 1730 y murió en Würzburgo el 16 de febrero de 1795.
Franz Ludwig von ErthalPerteneció a una antigua familia franca noble y desde temprana edad fue destinado para la carrera eclesiástica. Estudió teología y leyes en Würzburgo y Maguncia, ampliando su conocimiento legal en la cancillería papal y en Viena. En 1779 fue nombrado obispo de Würzburgo y pocas semanas después obispo de Bamberg. La política tradicional de Würzburgo, las consideraciones confesionales y el temor a los peligrosos prusianos le indujeron a unirse a las filas de la facción imperial. Sus relaciones con el Vaticano fueron apropiadas, pero era inclinado a mantener su propia soberanía contra el emperador y la curia. Como hijo de su tiempo gobernó de acuerdo con la máxima del despotismo ilustrado: "Todo para el pueblo, pero todo mediante el gobernante"; no obstante no fue un tirano, sino que gobernó como un patriarca benevolente, supervisando todo, ordenando todas las cosas como un cabeza de familia sólo para sus hijos. Bajo su gobierno las prisiones se vaciaron, las finanzas y el servicio civil quedaron regulados y las leyes para los pobres se elaboraron de acuerdo con el principio moderno de que sólo los incapacitados serían ayudados y la mendicidad debía cesar. Se abolieron las loterías, siendo las escuelas -primarias, intermedias y superiores- promovidas con celo y conocimiento. Su inclinación natural hacia lo práctico y útil se aprecia en la administración de su oficio episcopal, aleteando en sus cartas pastorales y aún más en sus "sermones para el pueblo." Esos sermones apenas tratan de doctrina o contienen frías discusiones filosóficas, pero hablan con seriedad y énfasis de la vida cristiana en un lenguaje de alguna manera tosco y pesado, pero de simplicidad que gana el corazón. Aunque no están vacíos de alusiones a los efectos de la misa, en conjunto son verdaderamente evangélicos, no faltando relatos legendarios emotivos y sin polémicas confesionales. Visitó sus diócesis, que constituían una especie de teocracia, como un simple sacerdote, predicando en las localidades más modestas, examinando al clero vigorosamente con justicia y admitiendo al mismo sólo a los alumnos más dignos de su seminario. El frágil, activo y ascético hombre no deseaba placeres y permaneció solo al frente de su oficio, que sólo le trajo deberes y preocupaciones. Es difícil encontrar entre los católicos alemanes de relevancia una personalidad más noble, un sacerdote más digno y un cristiano más sincero.