Historia
ESPERAINDEO († c. 852)
Esperaindeo, abad, famoso por su ilustración en las historias de los mozárabes en España, murió hacia 852. Enseñaba ciencias eclesiásticas en los momentos que empezó la persecución de los musulmanes contra los cristianos por ellos subyugados. Fue maestro de Eulogio y por este dato se calcula que hubo de nacer en la segunda mitad del siglo VIII y que tuvo que morir en edad avanzada, según el título que le da el mismo Eulogio: Senex et magister noster, Memor. Sanct., 1, 2, c. 8). Por Eulogio y Álvaro Pablo, que también era discípulo suyo, se sabe que era muy versado en las Escrituras, elocuente y animoso en el trabajo por conservar los restos de la civilización hispanolatina. Escribió las actas de los primeros mártires mozárabes, Adulfo y Juan, enardeciendo a los que habían de sucederles. No se detuvo ante el peligro de su vida, escribiendo un Apologético contra Mahoma, conocido sólo por un fragmento que conservó Eulogio en su Mem. Sanct., (i. 1). Allí anatematiza todos los errores y sensualidad de Mahoma, a quien llena de los más denigrantes epítetos, haciendo oír verdades que eran castigadas con la muerte en aquellos oprimidos cristianos de Córdoba. A instancias de Álvaro Pablo escribió también un tratado teológico dogmático para refutar los errores de algunos cristianos, que en medio de aquella confusión creada por la conquista musulmana, dogmatizaban negando la divinidad del Verbo. Flórez creyó perdido este documento, pero hallado más tarde en el monasterio de Sahagún, se publicó por vez primera como complemento a las obras de Eulogio en el tomo ii de la Collectio PP. Toletanorum, y luego también en Migne, P. L. tomo 115. Consta de dos capítulos; en el primero, Eperaindeo defiende en general la doctrina de la Trinidad y en el segundo resuelve la dificultad que contra la divinidad de Jesucristo resulta de la afirmación (Pero de aquel día o de aquella hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.[…]Marcos 13:32) de que el Hijo no conoce el día del juicio. Este tratado iba dirigido a Álvaro, con una carta en que le suplicaba humildemente que lo corrigiese a su gusto. Probablemente otros escritos suyos se hayan perdido.