Historia
ETHELDREDA (c. 630-679)

Escapando a duras penas de su marido, cruzó el Humber con dos compañeras y continuó su viaje por Lincolnshire hasta que llegó al pantanoso refugio de Ely. Según un relato posterior la huida de Etheldreda estuvo marcada por sucesos milagrosos, algunos de los cuales quedaron grabados en las esculturas de las lámparas de la catedral de la que ella fue fundadora. Una vez que llegó a la isla, se sintió libre para cumplir su acariciado deseo de fundar una casa monástica, lo que efectuó en 673. Según Thomas de Ely, aunque Beda guarda silencio al respecto, fue construida según el modelo de Coldingham y Whitby para ambos sexos. El lugar escogido fue el sitio de una iglesia, la única en la isla, que una desconfiable leyenda de Ely atribuye a Agustín y que había sido recientemente destruida por Penda de Mercia. Con la ayuda material de su primo, el rey Aldulf, Etheldreda pudo construir la iglesia y monasterio, contando con el consejo espiritual de su capellán, Huna. Su antiguo preceptor religioso, Wilfrid, la estableció como abadesa del nuevo monasterio, para el que, en su siguiente visita a Roma, obtuvo privilegios e inmunidades del papa Benedicto III. Sin embargo, antes de regresar Wilfrid con esos signos del favor papal, Etheldreda murió, siendo sucedida como abadesa por su hermana Sexburga, antigua reina de Kent, que previamente había tomado el velo en el monasterio de Ely. Beda relata algunos particulares del ascetismo de Etheldreda, que era muy estricto, junto con detalles de su última enfermedad, información que obtuvo de su médico, Cynifrid. Durante los seis años que fue abadesa nunca vistió lino sino sólo lana. Raramente tomaba un baño caliente, salvo en las vísperas de las grandes festividades y en esas ocasiones era la última en hacerlo, habiendo lavado previamente a las otras monjas personalmente o por medio de sus ayudantes. Raramente comía más de una vez al día, salvo en las grandes solemnidades o bajo gran necesidad, siendo su norma constante, a menos que la enfermedad se lo impidiera, quedarse en la iglesia orando desde los maitines hasta el amanecer. Su muerte fue a causa de una de las recurrentes pestes, la cual según Beda predijo Etheldreda, indicando el número exacto de los que morirían en su convento. Uno de los síntomas de su última enfermedad fue una hinchazón bajo la mandíbula. Cuando Cynifrid llegó para sajarla, recordándole su anterior vida como princesa, ella declaró su satisfacción por la naturaleza de su enfermedad, que consideraba una penitencia enviada por la misericordia divina para expiar su vanidad juvenil en el atuendo. 'Una vez' dijo 'llevé vanos collares alrededor de mi cuello y ahora, en lugar de oro y perlas, Dios en su bondad me ha cargado con esta roja hinchazón.' Fue enterrada en Ely en un ataúd de madera como era su deseo. En 695 su hermana y sucesora Sexburga determinó trasladar el cadáver de Etheldreda y colocarlo en un ataúd de piedra. A este ataúd fueron trasladados con gran pompa los restos de Etheldreda, que Beda, por la autoridad de Cynifrid, afirma que estaban intactos, reteniendo incluso la marca de la incisión que el médico le hizo en el cuello, convirtiéndose en el medio de muchos milagros. La actual catedral de Ely se erigió posteriormente sobre su tumba. Lo que el doctor Bright justamente denomina 'su insana aversión a la vida matrimonial como tal' le procuró a Etheldreda un lugar elevado en los anales del santoral. Beda mismo compuso un himno en alabanza de sus eminentes virtudes:
Nostra quoque egregia jam tempora virgo beavit:
Ædilthryda nitet nostra quoque egregia.
(Hist. Eccl. iv. 20)