Historia
ETHELWOLD (c. 925-984)

Ethelwold fue consagrado obispo de Winchester por Dunstan el domingo, víspera de San Andrés, 29 de noviembre, poniéndose inmediatamente a difundir el importado monasticismo. Se propuso restaurar las iglesias que habían decaído durante las guerras danesas y especialmente las de Danelaw, supliéndolas de monjes sometidos a la estricta regla benedictina. Para ello era necesario expulsar al clero secular que ocupaba los establecimientos monásticos u obligarles a vivir como monjes. Tanto Dunstan, su antiguo compañero y en los últimos años su abad, como Oswald, simpatizaron con este movimiento del que él era el alma, aunque ninguno de ellos imitó su modo de llevarlo a cabo. Dunstan no tomó parte destacada y Oswald fue discreto y moderado. Ethelwold actuó con algo de dureza. No obstante, este movimiento fue la salvación de la iglesia espiritual, moral e intelectualmente, y lo que haya de malo recae en Ethelwold, pero los buenos resultados también son atribuibles a él. Halló el capítulo de su iglesia catedral compuesto de clérigos seculares, cuyas vidas no eran mejores que las de sus vecinos laicos; eran ricos y orgullosos, viviendo lujosamente y en glotonería, algunos de ellos con viudas y otros, que se habían divorciado de ellas con las que ilegalmente se habían casado, con otras mujeres. La celebración de la misa era desatendida. Inmediatamente pidió ayuda al rey, enviando mientras tanto a Abingdon monjes que ocuparan el lugar de los clérigos. Cuando llegaron, los clérigos se negaron a dejar su antigua casa. Sin embargo, Eadgar le apoyó y envió a Wulfstan, uno de sus principales oficiales, para imponer sus órdenes. Ethelwold se presentó ante el capítulo con Wulfstan a su lado y en nombre del rey les ordenó que o dejaban el sitio a los monjes o tomaban el hábito monástico. Solo tres consintieron en hacerse monjes, el resto fueron obligados a salir. En el mismo año, 964, también echó a los clérigos de New Munster, de Chertsey en Surrey y de Milton en Dorsetshire. En cada caso actuó con la autoridad del rey, nombrando Eadgar a quienes él recomendaba como abades de las nuevas congregaciones monásticas que formó para tomar el lugar de los clérigos expulsados. No parece, como Oswald en Worcester, que haya ejercido paciencia alguna o medios suaves de persuasión; su único remedio era la fuerza. Hubo un intento de envenenarlo en una cena en su salón en Winchester, pero se salvó, escapando de la acción del veneno, según se creía, por su fe. Una carta de Juan XXIII a Eadgar, si es genuina, como probablemente lo es, demuestra que el papa sancionó la política de Ethelwold. Obtuvo el permiso del rey para una restauración general de los monasterios que habían sido arruinados por los daneses y extendió su obra al centro de Inglaterra. Tras obtener Ely del rey, expulsó a los clérigos, fundando una comunidad de monjes, ordenando que la iglesia fuera reconstruida y los edificios monásticos levantados. El cuerpo de Etheldreda fue trasladado a esta nueva iglesia, que fue dedicada por Dunstan el 2 de febrero de 974. Tanto él como el rey hicieron un gran número de donaciones a la abadía. Mientras tanto, puso en marcha la restauración de Medeshamstede o Peterborough, que había sido completamente destruida por los daneses. Restauró la iglesia y puso monjes en ella. En 972 trajo al rey un viejo documento que había encontrado en las ruinas, liberando a la casa de la jurisdicción real y episcopal y de todas las cargas seculares, otorgando Eadgar una concesión a ese efecto. En medio de su obra pensó en retirarse a una ermita, poniendo sus ojos en Thorney en Cambridgeshire. Allí levantó una casa de doce monjes, sobre los cuales presidió como abad, trasladando las reliquias de muchos santos, entre ellas el cuerpo de Benedict Biscop. También restauró el antiguo convento de monjas en Winchester. Además de fundar esas comunidades monásticas estuvo ocupado, como principal consejero del rey en esos asuntos, en todo lo que Eadgard hizo para promover la difusión del nuevo monasticismo. Constantemente visitaba diferentes monasterios, exhortando a la obediencia y castigando la negligencia con azotes, 'terrible como un león' con los rebeldes y 'gentil como una paloma' con los mansos. Aunque se sabe poco de su conducta durante la batalla entre los seculares y los regulares que ocurrió tras la muerte de Eadgar, ciertamente aprobó la resistencia armada presentada por algunos de los defensores de los monasterios ante los ataques de sus enemigos. Apoyó la política de Dunstan para mantener el derecho de Eduardo el Mártir a la corona, asistiendo a la coronación. Sus cuidados por el bienestar de monjes y monjas no cesaron, haciendo que fuera llamado 'Padre de los monjes'. Aunque fue un severo disciplinante, fue un bondadoso maestro. Tuvo muchos alumnos que le amaban, siendo varios de ellos abades y obispos, entre ellos Æthelgar, a quien hizo abad de New Minster, posterior arzobispo de Canterbury, y Eadulf, abad de Peterborough y posterior arzobispo de York, Enseñó a sus alumnos gramática y poesía, deleitándose en traducir libros latinos para ellos. Hacia los pobres fue siempre de corazón tierno y en una ocasión de hambruna no solo dio todo lo que tenía sino que ordenó que los vasos sagrados de su iglesia fueran convertidos en dinero para alivio de ellos. Su bondad hacia todos los que estaban en estrechez la conmemora el escritor de la Chronicle, refiriéndose a él como el 'obispo benevolente.' La nueva iglesia catedral que construyó en Winchester se terminó en 980, siendo dedicada por Dunstan, en presencia del rey Æthelred y muchos obispos y nobles el 20 de octubre. Mientras estaba siendo edificada trasladó en 971 las reliquias de Swithun a un nuevo santuario dentro de sus muros.
La salud de Ethelwold era débil, sufriendo mucho en sus intestinos y de tumores en sus piernas. Fue enterrado en Winchester, siendo su cuerpo trasladado doce años después a un nuevo santuario por su sucesor, el obispo Ælfheah. En el siglo XII los monjes de Abingdon afirmaban que tenían algunos de sus huesos. Un tratado sobre el círculo que le es atribuido y dedicado a Gerbert, posterior Silvestre II, está en la biblioteca Bodleian. En obediencia a un mandato de Eadgar tradujo Regularis concordia al inglés. Un manuscrito de esta traducción lo usó el abad Ælfric al hacer su compilación para los monjes de Ensham. Escribió una obra titulada Contra presbyteros fornicarios et eorum concubinas.