Historia

ETHELWOLD (c. 925-984)

Ethelwold, Æthelwold o Adelwold, obispo de Winchester, hijo de familia acomodada, ciudadana de Winchester, nació en el reinado de Eadward el Viejo y murió en Beddington, Surrey, el 1 de agosto de 984.

Mapa de las islas Británicas en el año 802
Mapa de las islas Británicas en el año 802
En su infancia fue instruido en el conocimiento religioso y cuando era todavía joven ingresó en la casa de Æthelstan, siendo uno de sus comitatus o seguidores. Permaneció como tal durante considerable tiempo, aprendiendo de los consejeros del rey, pues era un muchacho de agudo intelecto. De acuerdo a los deseos del rey recibió la tonsura de Ælfheah o 'Elfege el Calvo', obispo de Winchester, quien poco después le admitió al sacerdocio, juntamente con Dunstan, prediciendo que ambos llegarían a ser obispos y que Ethelwold le sucedería en su propia sede. Se quedó con Ælfheah durante algún tiempo, aprendiendo de él, por lo que hay razones para creer que el obispo intentaba una reforma monástica. Luego ingresó en el monasterio de Glastonbury, donde fue deán bajo Dunstan. Allí continuó sus estudios, aprendiendo gramática y poesía; además de leer obras teológicas era constante en las vigilias, oración y ayuno, exhortando a los internos a la austeridad, a la que era especialmente inclinado, ya que el deán monástico era un oficio disciplinar. Dejó un ejemplo de humildad y diligencia trabajando en el jardín del monasterio y recogiendo los frutos necesarios para el mantenimiento. Consciente de que el monasticismo inglés estaba muy por detrás de las grandes casas del norte de Francia y Flandes, quiso viajar para conocer la regla que allí se observaba. Eadgifu, la madre de Eadred, y Dunstan, principal consejero del rey, no querían que dejase el país. Eadred le negó el permiso para viajar y con el acuerdo de Dunstan le otorgó un pequeño monasterio que había estado en Abingdon, Berkshire, para que pudiera formar una congregación que viviera según la regla monástica, pues con la excepción de Glastonbury los monasterios ingleses eran arrendados por comunidades que no eran monásticas y muchas de ellas habían decaído. Tal era el caso de Abingdon. Ethelwold recibió la concesión probablemente hacia 954. Halló el lugar en un estado ruinoso; los edificios eran miserables y gran parte del terreno había ido a parar a manos del rey. Trajo ciertos clérigos de Glastonbury que estuvieron dispuestos a someterse a su disciplina, reuniendo de ese modo un grupo de monjes. El rey le dio toda la tierra que tenía en Abingdon y mucho dinero, levantando excelentes edificios, siendo los donativos de la madre del rey aún más grandes. Eadred tomó un vívido interés en la edificación del nuevo monasterio y una visita que hizo a Abingdon para dar órdenes al respecto, fue la ocasión de un destacado milagro. El rey iba acompañado de sus ayudantes ordinarios y de un gran séquito. El abad le pidió que cenara y el rey consintió alegremente, ordenando que se cerraran las puertas para que nadie pudiera rehuir la ocasión. De modo que él y sus acompañantes se sentaron todo el día a beber. Sin embargo, el barril de meloja del abad no menguó. Eadwig fue también un generoso benefactor de la nueva casa. Los donativos de clérigos a su iglesia fueron espléndidos, siendo principales entre ellos un cáliz de oro de considerable peso, tres cruces de oro y plata que fueron destruidas en las guerras de Stephan y un órgano. También la enriqueció con la obra de sus propias manos, pues igual que Dunstan fue un consumado artesano. Hizo dos campanas que fueron colgadas junto con las que hizo Dunstan para la iglesia y una máquina llamada la 'rueda dorada', recubierta de oro y llena de campanitas, que repiqueteaban en las festividades para despertar la devoción de los adoradores. Con la aprobación de los internos envió a Osgar, uno de los clérigos que le habían acompañado desde Glastonbury, para aprender la estricta regla benedictina en el reinado de Eadgar, haciendo que fuera observada en Abingdon, siendo la primera introducción de la misma en Inglaterra; pues si hubiera sido conocida y practicada bajo Dunstan, Ethelwold no habría necesitado enviar a nadie a Fleury para aprenderla. Dio directrices minuciosas en cuanto al alimento y la bebida de sus monjes, no siendo escasas ni profusas; echó su maldición sobre cualquiera de sus sucesores que las alterara y evidentemente hizo que se pusieran por escrito. En 963, por consejo de Dunstan, la sede de Winchester le fue conferida a Ethelwold. Antes de dejar Abingdon oró por el futuro de la casa.

Ethelwold fue consagrado obispo de Winchester por Dunstan el domingo, víspera de San Andrés, 29 de noviembre, poniéndose inmediatamente a difundir el importado monasticismo. Se propuso restaurar las iglesias que habían decaído durante las guerras danesas y especialmente las de Danelaw, supliéndolas de monjes sometidos a la estricta regla benedictina. Para ello era necesario expulsar al clero secular que ocupaba los establecimientos monásticos u obligarles a vivir como monjes. Tanto Dunstan, su antiguo compañero y en los últimos años su abad, como Oswald, simpatizaron con este movimiento del que él era el alma, aunque ninguno de ellos imitó su modo de llevarlo a cabo. Dunstan no tomó parte destacada y Oswald fue discreto y moderado. Ethelwold actuó con algo de dureza. No obstante, este movimiento fue la salvación de la iglesia espiritual, moral e intelectualmente, y lo que haya de malo recae en Ethelwold, pero los buenos resultados también son atribuibles a él. Halló el capítulo de su iglesia catedral compuesto de clérigos seculares, cuyas vidas no eran mejores que las de sus vecinos laicos; eran ricos y orgullosos, viviendo lujosamente y en glotonería, algunos de ellos con viudas y otros, que se habían divorciado de ellas con las que ilegalmente se habían casado, con otras mujeres. La celebración de la misa era desatendida. Inmediatamente pidió ayuda al rey, enviando mientras tanto a Abingdon monjes que ocuparan el lugar de los clérigos. Cuando llegaron, los clérigos se negaron a dejar su antigua casa. Sin embargo, Eadgar le apoyó y envió a Wulfstan, uno de sus principales oficiales, para imponer sus órdenes. Ethelwold se presentó ante el capítulo con Wulfstan a su lado y en nombre del rey les ordenó que o dejaban el sitio a los monjes o tomaban el hábito monástico. Solo tres consintieron en hacerse monjes, el resto fueron obligados a salir. En el mismo año, 964, también echó a los clérigos de New Munster, de Chertsey en Surrey y de Milton en Dorsetshire. En cada caso actuó con la autoridad del rey, nombrando Eadgar a quienes él recomendaba como abades de las nuevas congregaciones monásticas que formó para tomar el lugar de los clérigos expulsados. No parece, como Oswald en Worcester, que haya ejercido paciencia alguna o medios suaves de persuasión; su único remedio era la fuerza. Hubo un intento de envenenarlo en una cena en su salón en Winchester, pero se salvó, escapando de la acción del veneno, según se creía, por su fe. Una carta de Juan XXIII a Eadgar, si es genuina, como probablemente lo es, demuestra que el papa sancionó la política de Ethelwold. Obtuvo el permiso del rey para una restauración general de los monasterios que habían sido arruinados por los daneses y extendió su obra al centro de Inglaterra. Tras obtener Ely del rey, expulsó a los clérigos, fundando una comunidad de monjes, ordenando que la iglesia fuera reconstruida y los edificios monásticos levantados. El cuerpo de Etheldreda fue trasladado a esta nueva iglesia, que fue dedicada por Dunstan el 2 de febrero de 974. Tanto él como el rey hicieron un gran número de donaciones a la abadía. Mientras tanto, puso en marcha la restauración de Medeshamstede o Peterborough, que había sido completamente destruida por los daneses. Restauró la iglesia y puso monjes en ella. En 972 trajo al rey un viejo documento que había encontrado en las ruinas, liberando a la casa de la jurisdicción real y episcopal y de todas las cargas seculares, otorgando Eadgar una concesión a ese efecto. En medio de su obra pensó en retirarse a una ermita, poniendo sus ojos en Thorney en Cambridgeshire. Allí levantó una casa de doce monjes, sobre los cuales presidió como abad, trasladando las reliquias de muchos santos, entre ellas el cuerpo de Benedict Biscop. También restauró el antiguo convento de monjas en Winchester. Además de fundar esas comunidades monásticas estuvo ocupado, como principal consejero del rey en esos asuntos, en todo lo que Eadgard hizo para promover la difusión del nuevo monasticismo. Constantemente visitaba diferentes monasterios, exhortando a la obediencia y castigando la negligencia con azotes, 'terrible como un león' con los rebeldes y 'gentil como una paloma' con los mansos. Aunque se sabe poco de su conducta durante la batalla entre los seculares y los regulares que ocurrió tras la muerte de Eadgar, ciertamente aprobó la resistencia armada presentada por algunos de los defensores de los monasterios ante los ataques de sus enemigos. Apoyó la política de Dunstan para mantener el derecho de Eduardo el Mártir a la corona, asistiendo a la coronación. Sus cuidados por el bienestar de monjes y monjas no cesaron, haciendo que fuera llamado 'Padre de los monjes'. Aunque fue un severo disciplinante, fue un bondadoso maestro. Tuvo muchos alumnos que le amaban, siendo varios de ellos abades y obispos, entre ellos Æthelgar, a quien hizo abad de New Minster, posterior arzobispo de Canterbury, y Eadulf, abad de Peterborough y posterior arzobispo de York, Enseñó a sus alumnos gramática y poesía, deleitándose en traducir libros latinos para ellos. Hacia los pobres fue siempre de corazón tierno y en una ocasión de hambruna no solo dio todo lo que tenía sino que ordenó que los vasos sagrados de su iglesia fueran convertidos en dinero para alivio de ellos. Su bondad hacia todos los que estaban en estrechez la conmemora el escritor de la Chronicle, refiriéndose a él como el 'obispo benevolente.' La nueva iglesia catedral que construyó en Winchester se terminó en 980, siendo dedicada por Dunstan, en presencia del rey Æthelred y muchos obispos y nobles el 20 de octubre. Mientras estaba siendo edificada trasladó en 971 las reliquias de Swithun a un nuevo santuario dentro de sus muros.

La salud de Ethelwold era débil, sufriendo mucho en sus intestinos y de tumores en sus piernas. Fue enterrado en Winchester, siendo su cuerpo trasladado doce años después a un nuevo santuario por su sucesor, el obispo Ælfheah. En el siglo XII los monjes de Abingdon afirmaban que tenían algunos de sus huesos. Un tratado sobre el círculo que le es atribuido y dedicado a Gerbert, posterior Silvestre II, está en la biblioteca Bodleian. En obediencia a un mandato de Eadgar tradujo Regularis concordia al inglés. Un manuscrito de esta traducción lo usó el abad Ælfric al hacer su compilación para los monjes de Ensham. Escribió una obra titulada Contra presbyteros fornicarios et eorum concubinas.