Historia
EUDOXIO DE GERMANICIA (c. 300-370)
Hacia ese tiempo el obispo Leoncio de Antioquía murió y Eudoxio inmediatamente regresó al este y tomó su lugar, parece que con el consentimiento de Acacio, Ursacio y Valente, no después del comienzo de 358. Como obispo aceptó en un sínodo en Antioquía la "Fórmula de paz" de Sirmio, pero pronto se percibió que intentaba explicarla en términos arrianos. Según Atanasio (De synodis, xxxviii), Aecio enseñó a Eudoxio la "impiedad arriana" hacia ese tiempo, siendo cierto que el arrianismo de Eudoxio en los primeros días era menos radical y pronunciado, pero es posible que Aecio le influyera en tiempo anterior. Las tendencias arrianas extremas de Eudoxio provocaron la oposición de los homoiousianos, teniendo el poder esta facción durante un corto tiempo. El emperador Constancio entonces repudió a Eudoxio; parece que fue exiliado y se retiró a su país natal. Regresó y tomó parte en el sínodo de Seleucia en 359. Más tarde fue a Constantinopla, bajo la protección de Acacio, pero sólo tras largas negociaciones y tras su renuncia a las enseñanzas de Aecio pudo recuperar el favor del emperador. El 27 de enero de 360 fue entronizado como obispo de la capital. Aunque rompió con Eunomio y Aecio, permaneció la enemistad entre él y los homoiousianos y dirigió el curso de su teología y política eclesiástica. En tiempo de Valente esta tendencia recuperó la ascendencia. El sínodo de Lampacus en 364 obligó al emperador a escoger entre los homoiousianos y los homeanos de los dos últimos años de Constancio. Valente se declaró en favor de los homeanos, probablemente no sin la influencia de Eudoxio.
El resultado más duradero de la actividad de Eudoxio fue el arrianismo de los germanos; los godos no recibieron un arrianismo intransigente, sino que la forma homeana del mismo fue sancionada en el sínodo de Constantinopla en 360 y se convirtió en la religión de la corte bajo Valente. Para el concilio de 381 y los teólogos ortodoxos de ese tiempo, arrianos y eudoxianos fueron términos sinónimos. Eudoxio escribió un "Discurso sobre la encarnación" que se ha perdido; ciertos fragmentos, atribuidos a él, pueden también señalar a otros escritos.