Eugipio nació en Nórico hacia 455 o 460 y murió entre 533 o 543. Su vida permanece en la oscuridad y los hechos alegados por varios escritores han de ser rechazados. Bajo su nombre se ha preservado un extracto (
Thesaurus) de una parte de las obras de
Agustín que circuló en numerosos manuscritos durante la Edad Media y fue grandemente estimado, algunas cartas y una biografía de
Severino. Esta última es su obra más importante. Está escrita en un estilo sencillo, ausente de casi todo ornamento, siendo esta simplicidad e ingenuidad lo que le ha procurado reconocimiento universal a la obra. Los historiadores tienen razón especial para estimar esta biografía, ya que obtienen de un testigo ocular información importante sobre un período y parte del Imperio romano, que de otra manera sería desconocida. El tiempo es después de la invasión de Italia por
Atila y tras su
muerte, cuando las tribus germanas tales como los
godos entraron en Italia, robando y saqueando, asesinando y haciendo cautivos. Sólo ciertas fortalezas en la margen derecha del Danubio resistieron durante algún tiempo los ataques de los germanos, especialmente con ayuda de Severino, quien avisó a los romanos de la amenazante invasión y se ganó también el respeto de los germanos
arrianos y les indujo a retirarse. Pero la caída del dominio romano en Nórico no se pudo posponer. Poco después de la muerte de Severino (482) llegó el tiempo que él había predicho, cuando los últimos romanos emigraron de Nórico y regresaron a Italia. En 487 llevaron sus huesos con ellos, cumpliendo así su última voluntad. Los restos fueron finalmente depositados en 491 o 492 en Lucullanum, en una pequeña isla en la bahía de Nápoles, donde una mujer noble proporcionó un hermoso lugar de enterramiento. Allí se construyó un nuevo monasterio para los discípulos de Severino, del cual Eugipio fue el tercer
abad.
Durante los últimos años de la vida de Severino, Eugipio fue uno de sus discípulos. Él testificó de sus últimos hechos y escuchó sus últimas amonestaciones y predicciones. Escribió su biografía a comienzos del siglo sexto. Un laico distinguido, el autor de una biografía de un monje llamado Baso, había pedido a Eugipio material sobre la vida de Severino, con la intención de usarla como base para otra biografía. Eugipio puso por escrito sus propias recolecciones y las de sus hermanos más mayores, arreglándolas cronológicamente. Luego vaciló en confiarle a un laico su material y finalmente lo dio a Pascasio, un diácono, pidiéndole que escribiera una biografía de Severino y dando un relato de sus milagros y predicciones. Sin embargo, Pascasio no quiso porque no podía añadir habilidad erudita al registro de Eugipio. Un extraño, pensó, sólo puede estropear la presentación de un discípulo y testigo ocular. Por tanto no hubo cambios en el manuscrito. Eugipio no era entendido, especialmente en ciencias seculares, y sus juicios sobre asuntos teológicos no son profundos, relatando milagro tras milagro, sin el mínimo intento de explicarlos.