Historia
EUSEBIO DE VERCELLI († 370)
Eusebio de Vercelli fue obispo de esa localidad y uno de los más determinados oponentes del arrianismo en el reinado de Constancio. Murió el 1 de agosto del año 370. Era sardo de nacimiento, pero lo que la tradicional Vita relata sobre sus padres, bautismo por el papa Eusebio, ordenación por el papa Marcos y consagración por el papa Julio I, o es falso o indigno de confianza. Todo lo que se sabe es que fue lector en Roma, siendo enviado para ser obispo de una ciudad totalmente extraña para él, probablemente poco antes de 354. Fue el primer obispo de Vercelli, estando Novara, Ivrea y Tortona bajo su jurisdicción. Prácticamente nada se sabe de su administración antes de 354, a menos que la conclusión de Tillemont sobre las palabras de Ambrosio (Epist., lxiii) se acepten, de que la construcción de una casa semi-monástica en Vercelli, en la que Eusebio vivió con su clero, pertenezca a ese periodo. Ambrosio dice que Eusebio fue el primero en el oeste en combinar la vida clerical en la ciudad con la disciplina monástica. Tras el sínodo de Arlés (353), Liberio de Roma quiso que la débil concesión de sus legados fuera reparada por otro sínodo, siendo Eusebio miembro de la embajada encabezada por Lucífero de Cagliari, que hizo al emperador una petición al efecto. El nuevo sínodo se celebró en Milán, probablemente en la primavera de 355. Eusebio al principio se quedó fuera, pero cuando se presentó en compañía de los legados romanos había prácticamente concluido. Se le pidió que asintiera a la condenación de Atanasio, pero él pidió una discusión de la fe del concilio, declarándose dispuesto a confirmar cualquier acción que fuera precedida por una aceptación de los decretos de Nicea. Dionisio de Milán iba a suscribir tal documento cuando Valente le quitó la pluma y el papel de su mano y lo expulsó con su facción del palacio. El resultado para Eusebio fue el destierro, primero a Escitópolis en Tierra Santa, luego a Capadocia y finalmente a las inmediaciones de Alejandría. Tras la ascensión de Juliano, tomó parte en el sínodo de Alejandría de 362 y luego fue como enviado especial a la iglesia de Antioquía, donde no pudo evitar el cisma, al haber ya consagrado Lucífero a Paulino. No mucho después regresó a Italia, donde con Hilario de Poitiers tomó una decidida posición contra los pocos arrianos que encontró en el oeste, especialmente Auxencio, obispo de Milán. La leyenda que atribuye su muerte a la lapidación a manos de arrianos no es digna de confianza, aunque su epitafio lo denomina mártir.