Historia
EUTIQUES (c. 375-454)
Compromiso entre Alejandría y Antioquía, 433.
La historia comienza en el año 433 con la obligada unión por influencia de la corte entre las facciones de Alejandría y Antioquía, que sólo escondía la oposición entre sus enseñanzas cristológicas. Sin embargo, no quedó sin consecuencias, al ser fatal para los que rehusaron condenar a Nestorio, forzando la sumisión de hombres como Teodoreto y Andrés de Samosata. Obligó a Cirilo a posicionarse en defensa de fórmulas que habían sido desarrolladas por la escuela de Antioquía y por lo tanto no podían adaptarse como algunos celosos alejandrinos deseaban. Tendía a favorecer la aceptación de dos naturalezas en Cristo. Es verdad que en el este no había teología con la que esas fórmulas armonizaran completamente. Se corresponden con las tradiciones de occidente, donde era posible afirmar en el mismo espíritu la unidad de la persona y la dualidad de naturalezas en Cristo. En occidente la concepción de la personalidad única de Cristo estuvo, con simplicidad no filosófica, asociada al Cristo histórico, lo que impidió la afirmación de las dos naturalezas, con el propósito de subrayar tanto la humanidad como la divinidad, y la consecuente inteligibilidad de la persona de Jesús. En el este la palabra prosopon, la equivalente más cercana a la latina persona, no tuvo un sentido totalmente paralelo. En su sentido técnico fue empleada desde el triunfo de la doctrina nicena de la Trinidad como sinónimo de hypostasis, aunque también podía emplearse en el sentido original para denotar un fenómeno, una figura presentada ante los sentidos o la forma bajo la cual una o más hypostases son presentadas. Era pues muy útil una fórmula de compromiso. Ambas partes, sin embargo, aceptaron el compromiso como una victoria completa, esperando el patriarca de Alejandría algo más que el mero triunfo de la cristología alejandrina. Desde los días de Atanasio esa sede había adquirido una posición en el este que podía inspirar en un obispo ambicioso la pretensión de dominar a sus rivales en Antioquía y Constantinopla. Esta fue la ambición que tuvo Cirilo y no otra cosa explica su aceptación del compromiso. La paz, sin embargo, duró mientras Juan de Antioquía, Proclo de Constantinopla y el propio Cirilo vivieron, pero se hizo cada vez menos segura según las tendencias de ambos lados se manifestaban. Así fue especialmente por el lado de Cirilo. No fue ilógico que algunos de sus partidarios, incapaces de comprender sus sutiles distinciones, desplazaran su cristología al campo del monofisismo. Los procedimientos contra Nestorio mantuvieron tranquila a la facción opositora, aunque el teólogo más prominente de ese lado, Teodoreto, permaneció fiel a los principios fundamentales de la escuela de Antioquía. Al pasar el tiempo, aparecieron más celosos sostenedores de las ideas antioquenas entre los obispos de Asia Menor. En 435 Ibas, que había censurado la posición dogmática de Cirilo y al sínodo de Éfeso y apoyado a Teodoro de Mopsuestia, fue nombrado obispo de Edesa. En 441 o 442 Juan de Antioquía fue sucedido por Domno, un ardiente defensor de las tradiciones de esa sede, quien ocupó, contrariamente a los cánones, entre 443 y 447 el obispado de Tiro, con un hombre que había estado casado dos veces, Irenseo, un antiguo amigo de Nestorio y exiliado por esa razón hacia 435. Tras la muerte de Proclo (446), la sede de Constantinopla fue ocupada por Flaviano, quien de hecho había aceptado la unión pero todavía procedía de la facción antioquena. Cirilo murió en 444 y fue sucedido por Dióscuro, teólogo mucho menos importante, pero todavía menos escrupuloso en su batalla por la supremacía, dispuesto a aprovecharse del fanatismo monástico y oscuras intrigas para obtener el favor del pueblo y de la corte. El tiempo era propicio para sus propósitos. El débil emperador Teodosio (408-450), desde la caída de la influencia de su hermana Pulqueria hacia 440, estaba bajo su favorito Crisafio, quien estaba en estrechas relaciones con la facción alejandrina, especialmente con el anciano presbítero y archimandrita Eutiques, el principal miembro de esa tendencia. Eutiques tenía la reputación de hombre honorable y piadoso, pero no tenía suficiente preparación y no estaba familiarizado con las leyes del pensamiento. Como veterano monje y celoso enemigo del nestorianismo, tenía peso al ser una de las cabezas de la facción monástica o alejandrina. Por lo tanto fue un útil instrumento en manos de Dióscuro, cuyo agente principal fue en Constantinopla tras la muerte de Proclo.
El comienzo de la lucha.
El 17 de febrero de 448 el emperador renovó el edicto contra los nestorianos y decretó la destitución de Irenseo de Tiro, comenzando al mismo tiempo las intrigas contra el obispo Ibas en Edesa, en lo que Eutiques tuvo responsabilidad. Ambas partes sintieron que el conflicto decisivo se aproximaba. Domno no mostró signos de reconocer la destitución de Ibas y mantuvo una estrecha alianza con Teodoreto, quien acababa de arrojar el guante a la facción alejandrina con su Eranistes, siendo detenidos ciertos clérigos de Edesa que habían llegado a Antioquía con acusaciones contra su obispo. En el otro lado Dióscuro censuró arrogantemente a Domno, solicitando Eutiques la ayuda de León I, al afirmar que la herejía nestoriana estaba siendo reavivada. El caso de Ibas fue discutido por un sínodo en Antioquía en el verano de 448; a Teodoreto, que parece haber llegado a Antioquía para asistir al mismo, le fue ordenado por el emperador que regresara a su diócesis y se quedara allí. Posiblemente a finales del verano es cuando sucedió el infructuoso intento de Domno para desacreditar a Eutiques como hereje apolinarista. Probablemente por influencia de la corte, Irenseo fue reemplazado en septiembre por Focio, quien procedía del lado alejandrino. Los acusadores de Ibas, que había ido a Constantinopla, tuvieron mejor suerte allí que en Antioquía, obteniendo un decreto del emperador para que su caso fuera considerado de nuevo ante tres obispos, dos de los cuales al menos eran conocidos como antagonistas de Ibas. Todo parecía ir bien para Dióscuro, cuando una renovada acusación contra Eutiques provocó sus prisas en recoger el fruto antes de que estuviera maduro. Esa nueva acusación fue nominalmente traída por el obispo Eusebio de Dorileo, quien por lo que se sabe, parece que tenía poca simpatía por la facción antioquena, aunque no era un adherente estricto del otro lado. Para sus moderadas ideas podían parecer peligrosas algunas expresiones poco pensadas de Eutiques sobre un punto del dogma y es posible que el desdén personal ayudara a determinar esta actitud, pues Eutiques al menos afirmó después que Eusebio había sido desde hacía mucho tiempo su enemigo.
Por extraño que pueda parecer, se presentó ante un sínodo local convocado por Flaviano en Constantinopla en noviembre de 448, con una acusación contra Eutiques al que denominó hereje. Eusebio logró forzar al sínodo para que citara a Eutiques, pero éste respondió que no iba a dejar su monasterio, que se adhería a los decretos de Nicea y Éfeso, pero que declinaba ligarse a expresiones tomadas al azar de los Padres, prefriendo seguir la Escritura, que es una regla de fe más certera que ellos. Negó haber enseñado que el Verbo hubiera traído su cuerpo desde el cielo; reconoció 'una naturaleza de Dios hecho hombre' y que Cristo fue a la vez Dios y hombre perfecto, aunque su cuerpo no era homoousios al nuestro. El sínodo envió una citación entonces más formal a Eutiques, que ya había sido repetida dos veces antes, el 22 de noviembre, apareciendo finalmente escoltado por una guardia militar y un número de monjes. Su heterodoxia no tardó en manifestarse ante la asamblea. Se hicieron intentos para hallar un camino para eludir la dificultad, pareciendo durante un momento que se sometería, pero su fiel convicción la expresó en las palabras: 'Yo confieso que nuestro Señor nació de dos naturalezas antes de la unión'. El concilio halló en esta declaración apolinarismo y valentinianismo, destituyéndole de su sacerdocio y oficio monástico y excomulgándole. Esta condenación, por supuesto, no tocaba la cristología de Cirilo, pero muchos alejandrinos pensaban como Eutiques. El golpe fue duro para ellos y no hay duda de que fue la causa de la enérgica contraofensiva representada por el sínodo de Éfeso en 449. De los sucesos acaecidos se sabe solo que Eutiques intentó dejar a un lado la condenación y ganar para su lado a varios obispo prominentes, incluyendo a León I y Pedro Crisólogo de Rávena y probablemente a Dióscuro y otros en el este; también que hizo todo lo que pudo en su favor en la corte y que afirmó que las actas del sínodo de Constantinopla estaban falsificadas, induciendo al emperador a ordenar una investigación de su acusación. Flaviano, quien tuvo que satisfacer al emperador de su ortodoxia por una confesión especial de fe, también buscó ayuda en el exterior, tomando León I en Roma posición a su favor en un breve el 21 de mayo de 449.
El Latrocinio de Éfeso, 449.
El descontento de los alejandrinos fue tan decidido que indujeron al emperador a convocar un nuevo concilio ecuménico en Éfeso para el 1 de agosto del mismo año. Todo estaba preparado para un triunfo de Dióscuro, a quien el emperador designó para presidir el concilio, pero su triunfo se vio impedido por el papa León I, quien expuso, en una famosa carta a Flaviano (Tomus ad Flavianum) el 13 de junio enviada con otra por sus legados al concilio, la doctrina occidental de las dos naturalezas, en su variante esencial de la alejandrina, con una claridad que fue fatal para el mantenimiento permanente de ésta. El número de participantes en el Latrocinio no superó el de ciento treinta y ocho. Dos comisarios imperiales estuvieron presentes; Eusebio de Dorileo y Flavino de Constantinopla se encontraron entre la parte acusada por el emperador, mientras que Eutiques era citado casi como acusador. La primera sesión del sínodo, 8 al 18 de agosto, estuvo ocupada con la rehabilitación de Eutiques y la destitución de Eusebio y Flaviano. Entre ciertos hechos estuvieron las infructuosas demandas de los legados romanos para presidir y su fracaso en conseguir que la carta de León a Flaviano se leyera, sus repetidas protestas contra la invasión de los derechos de la sede romana y la manera en la que Dióscuro dirigió todo el asunto. La tumultuosa escena descrita por Gibbon, que ha dado su triste nombre al sínodo, descansa en relatos partidistas y no es segura en detalle. Los procedimientos de la segunda sesión (20-22 (?) de agosto) del que no sólo Eusebio y Flavino, sino también los legados romanos estuvieron ausentes, resultó en un número de destituciones, entre otras la de Ibas, Irenseo de Tiro, Teodoreto e incluso Domno de Antioquía, que fueron también excomulgados como nestorianos.
El concilio de Calcedonia, 451.
La decisión del sínodo fue recibida con aprobación en la corte, pero no así en el este. No obstante, Dióscuro tuvo de su lado, además de la corte, las simpatías de la mayoría de los obispos orientales, tomando el lugar de Flaviano en Constantinopla, Anatolio, un partidario alejandrino. La única esperanza para una revisión de la declaración estaba en el oeste, adonde Teodoreto y Flaviano se volvieron en busca de ayuda. Pero por el momento ni la ayuda de Roma estaba disponible. El sínodo en Roma del 15 de octubre de 449 rechazó los decretos de Éfeso, intentando León en vano por sus propias cartas y las del emperador occidental procurar de Teodosio II la convocatoria de un nuevo sínodo en Italia. La muerte de Teodosio al año siguiente produjo grandes cambios. El poder estaba ahora en manos de Pulqueria, quien ya estaba del lado de León. Anatolio celebró un sínodo el mismo otoño en Constantinopla que declaró su acuerdo con la epístola de León a Flaviano, que ya había alcanzado creciente aceptación en el este. No obstante, León no pudo conseguir que se celebrara un nuevo concilio en occidente, reuniéndose finalmente en Calcedonia del 8 de octubre al 1 de noviembre de 451, asistido por más de seiscientos obispos. La presidencia, en sentido parlamentario, fue ostentada por los comisarios imperiales, pero los legados papales, reconocidos por el concilio como representantes de la cabeza espiritual de la Iglesia, tomaron la dirección entre los eclesiásticos y lo presidieron cuando los comisarios imperiales estuvieron ausentes.
Dióscuro se había asegurado su triunfo en Éfeso principalmente por la fuerza de sus seguidores egipcios; el emperador procuró evitar una repetición de ese suceso ordenándole que viniera solo a Constantinopla. Tuvo una audiencia privada con el nuevo emperador, Marciano, marido de Pulqueria, en presencia de Anatolio y otros, que pretendían persuadirle a una acomodación, aunque sin éxito. Pronto se dio cuenta que su causa estaba perdida, no tardando mucho en producirse su caída. Apareció ante el concilio como una persona acusada, mientras que Teodoreto, a quien había desposeído en Éfeso, tomó su asiento con la plena protección del papa y el emperador. Al finalizar la primera sesión los comisarios declararon que Dióscuro y cinco de sus principales ayudantes en Éfeso debían ser desposeídos, lo cual tuvo lugar en la tercera sesión, aunque se eludió una acusación directa de herejía. Fue desterrado a Gangra en Paflagonia, donde murió en 454. Los otros cinco obispos fueron restaurados en la cuarta sesión. En cuanto a las cuestiones dogmáticas, que el concilio trató con cierta vacilación, Anatolio extrajo del respeto nominal al primer concilio de Efesio, de las dos epístolas de Cirilo (iv y xxxix) y de la carta de León a Flaviano, un borrador para una nueva definición. De esta manera fue aprobado por mayoría en la quinta sesión pronunciándose en sus expresiones sobre la cuestión de una persona con dos naturalezas; pero los legados romanos amenazaron con marcharse y convocar un nuevo concilio en Italia si la epístola de León no era seguida estrechamente. La mayoría no estaba inclinada a someterse hasta que una orden imperial les obligara a nombrar un nuevo comité para la definición, en el que los legados fueran miembros. El resultado de esta obra fue expuesto ante el concilio en la misma sesión y proclamado solemnemente el 25 de octubre. Desde el punto de vista dogmático era un triunfo del oeste sobre el este; la definición del concilio es solo inteligible a la luz de la cristología occidental. Tras una introducción afirmando los credos de Nicea y Constantinopla, que declara suficientes como credos generales, procede, con el propósito de evitar las perversiones nestoriana y monofisita sobre el misterio de la encarnación, a reconocer las epístolas de Cirilo y León como exposiciones ortodoxas del credo, dando luego una precisa definición de la unidad de la persona y las dos naturalezas en Cristo. No es difícil ver que los términos de esta definición y el reconocimiento de la epístola de León van más allá de la enseñanza de Cirilo, pero los miembros del concilio intentaron eludir objeciones persuadiéndose de su acuerdo con ambos y de los unos con los otros. La fórmula de Calcedonia era aceptable para mentes occidentales, con su firme defensa de la unidad de la persona del Cristo histórico sin peligro de oscurecer alguna de las dos naturalezas, la divina o la humana. Pero no era una solución real de la cuestión para el este y la acción del concilio, con todo su pacífico intento, fue el comienzo de una nueva lucha. Eutiques, el iniciador nominal de la controversia, no fue expresamente anatematizado en Calcedonia; fue considerado ya suficientemente condenado por Flaviano, León y el sínodo celebrado bajo Anatolio. Tras el concilio dos edictos imperiales del año 452 instruyeron la condenación eclesiástica de su facción meditante la imposición de castigos civiles. Eutiques fue desterrado y lo último que se sabe de él está en una carta de León del 15 de abril de 454, solicitando su traslado a un lugar más distante porque continuaba engañando a los ingenuos en su lugar original de destierro.